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‘Aceite de Aparicio’: la ciencia devuelve a la vida el remedio que curó a Don Quijote

I
Publicado el 28 de agosto de 2026 a las 05:30 a. m.Actualizado el 28 de agosto de 2026 a las 05:30 a. m.
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Resumen (TL;DR)
  • vm2002/Shutterstock
  • En el capítulo XLVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes narra cómo curan al hidalgo manchego tras el ataque de unos gatos. El método sanador consiste en la aplicación de “Aceite de Aparicio”, un remedio real y ampliamente usado en la España de la época para tratar heridas. Ese ungüento, que durante siglos cayó en el olvido, especialmente a partir de la llegada de la farmacología moderna, se ha convertido en objeto de un nuevo estudio.
  • “Quedó Don Quijote acribillado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le había dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y la misma Altisidora, con sus blanquísimas manos, le puso unas vendas por todo lo herido”.
  • El interés por comprender los fundamentos científicos de antiguos tratamientos ha llevado a revisar nuevamente esta receta tradicional. Para hacerlo, analizamos la composición original del aceite y la evidencia científica disponible sobre cada uno de sus ingredientes. El objetivo era determinar si las propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias y antimicrobianas que le atribuyó la medicina de su tiempo encuentran respaldo en el conocimiento actual.
  • Descifrar la receta en español antiguo
  • La primera y mayor dificultad consistió en traducir del español antiguo la receta, tomada del Formulario Universal o Guía práctica del Médico, del Cirujano y del Farmacéutico de Don Francisco Álvarez Algala, ya que el uso de algunas palabras era distante. El proceso supuso una actualización para interpretar arcaismos y realizar ajustes en la grafía, fonética y sintaxis.
  • Posteriormente se indagó en la preparación. La composición consistía en una mezcla de plantas medicinales, resinas y aceites usados históricamente para tratar heridas y prevenir infecciones. Según el Formulario Universal de Álvarez Algala, esta incluía aceite de oliva, romero, ruda, hierba de San Juan (también conocida como hipérico), mirra, trementina, resina de enebro y lombrices terrestres.
  • Si analizamos la literatura científica encontramos referencias a que este aceite contenía elementos antioxidantes y antiinflamatorios que mejoraban la respuesta celular y que, en ese entonces, se consideraba que curaban las heridas. Pero si bien algunos de estos principios activos favorecen la cicatrización y la reconstrucción de tejidos, otros no son tan efectivos y conllevan efectos adversos, a decir de la ciencia actual
  • El secreto de la preparación
  • En la antigüedad, los boticarios usaban como base el aceite de oliva, un soporte al que añadían otros ingredientes. Después de calentar todo, filtraban la composición, que era usada como un ungüento.
  • Como punto de partida, el aceite es un elemento que puede mantener las heridas húmedas y limpias. Si se le añade romero, resulta que tiene efectos antiinflamatorios, mientras que la ruda cuenta con propiedades antisépticas y antinflamatorias. Por su parte, el hipérico o hierba de San Juan favorece la cicatrización, por ser rica en antioxidantes y por su acción antiinflamatoria. Además, contribuye a la producción de colágenos y estimula los fibroblastos (fundamentales para mantener la estructura y elasticidad de la piel).
  • En cuento a la mirra, esta cuenta con propiedades antisépticas y es capaz de curar heridas y úlceras. Por lo que respecta a la resina de enebro, resulta crucial para la limpieza de heridas debido a sus efectos antiinflamatorios y acción antimicrobiana.
  • Sin embargo, la inclusión de la trementina resultaba un tanto desacertada. Si bien solía utilizarse como antiséptico, su uso también implica una alta toxicidad, ya que irrita la piel y las mucosas. Finalmente, el uso de lombrices terrestres estaba asociado con la actividad enzimática, que mejora la circulación y puede acelerar el cierre de heridas FALTA ENLACEC.
  • Una historia con intervención de la corona
  • Cuenta la leyenda que el origen del aceite se debe a Aparicio de Zubiria, un curandero morisco que nació en Lekeitio (Vizcaya) a comienzos del siglo XVI, y que murió en 1566. Al fallecer, su esposa, Isabel Pérez de Peromato, quiso vender la famosa receta. Negoció entonces con el Rey Felipe II y, a cambio de una pensión vitalicia no muy grande, reveló los componentes y preparación de la receta.
  • Gracias a los registros, hoy tenemos la certeza de que el “Aceite de Aparicio” sí era relativamente efectivo, especialmente si se compara con las pocas opciones médicas disponibles entre los siglos XVI y XVII.
  • Según lo analizado, sería posible el desarrollo de nuevos productos que integren los beneficios de los ingredientes más efectivos, descartando los elementos que pueden acarrear posibles efectos adversos.
  • Entre páginas antiguas y recetas olvidadas, pero con el rigor de la ciencia moderna, el “Aceite de Aparicio” vuelva a la modernidad. Su eco resuena en los laboratorios del presente, donde se buscan fármacos o curas para heridas y dolores como los que sufrió Don Quijote y que muchos pacientes siguen sintiendo en la actualidad.
  • Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

vm2002/Shutterstock

En el capítulo XLVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes narra cómo curan al hidalgo manchego tras el ataque de unos gatos. El método sanador consiste en la aplicación de “Aceite de Aparicio”, un remedio real y ampliamente usado en la España de la época para tratar heridas. Ese ungüento, que durante siglos cayó en el olvido, especialmente a partir de la llegada de la farmacología moderna, se ha convertido en objeto de un nuevo estudio.

“Quedó Don Quijote acribillado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le había dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y la misma Altisidora, con sus blanquísimas manos, le puso unas vendas por todo lo herido”.

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El interés por comprender los fundamentos científicos de antiguos tratamientos ha llevado a revisar nuevamente esta receta tradicional. Para hacerlo, analizamos la composición original del aceite y la evidencia científica disponible sobre cada uno de sus ingredientes. El objetivo era determinar si las propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias y antimicrobianas que le atribuyó la medicina de su tiempo encuentran respaldo en el conocimiento actual.

Descifrar la receta en español antiguo

La primera y mayor dificultad consistió en traducir del español antiguo la receta, tomada del Formulario Universal o Guía práctica del Médico, del Cirujano y del Farmacéutico de Don Francisco Álvarez Algala, ya que el uso de algunas palabras era distante. El proceso supuso una actualización para interpretar arcaismos y realizar ajustes en la grafía, fonética y sintaxis.

Posteriormente se indagó en la preparación. La composición consistía en una mezcla de plantas medicinales, resinas y aceites usados históricamente para tratar heridas y prevenir infecciones. Según el Formulario Universal de Álvarez Algala, esta incluía aceite de oliva, romero, ruda, hierba de San Juan (también conocida como hipérico), mirra, trementina, resina de enebro y lombrices terrestres.

Si analizamos la literatura científica encontramos referencias a que este aceite contenía elementos antioxidantes y antiinflamatorios que mejoraban la respuesta celular y que, en ese entonces, se consideraba que curaban las heridas. Pero si bien algunos de estos principios activos favorecen la cicatrización y la reconstrucción de tejidos, otros no son tan efectivos y conllevan efectos adversos, a decir de la ciencia actual

El secreto de la preparación

En la antigüedad, los boticarios usaban como base el aceite de oliva, un soporte al que añadían otros ingredientes. Después de calentar todo, filtraban la composición, que era usada como un ungüento.

Como punto de partida, el aceite es un elemento que puede mantener las heridas húmedas y limpias. Si se le añade romero, resulta que tiene efectos antiinflamatorios, mientras que la ruda cuenta con propiedades antisépticas y antinflamatorias. Por su parte, el hipérico o hierba de San Juan favorece la cicatrización, por ser rica en antioxidantes y por su acción antiinflamatoria. Además, contribuye a la producción de colágenos y estimula los fibroblastos (fundamentales para mantener la estructura y elasticidad de la piel).

En cuento a la mirra, esta cuenta con propiedades antisépticas y es capaz de curar heridas y úlceras. Por lo que respecta a la resina de enebro, resulta crucial para la limpieza de heridas debido a sus efectos antiinflamatorios y acción antimicrobiana.

Sin embargo, la inclusión de la trementina resultaba un tanto desacertada. Si bien solía utilizarse como antiséptico, su uso también implica una alta toxicidad, ya que irrita la piel y las mucosas. Finalmente, el uso de lombrices terrestres estaba asociado con la actividad enzimática, que mejora la circulación y puede acelerar el cierre de heridas FALTA ENLACEC.

Una historia con intervención de la corona

Cuenta la leyenda que el origen del aceite se debe a Aparicio de Zubiria, un curandero morisco que nació en Lekeitio (Vizcaya) a comienzos del siglo XVI, y que murió en 1566. Al fallecer, su esposa, Isabel Pérez de Peromato, quiso vender la famosa receta. Negoció entonces con el Rey Felipe II y, a cambio de una pensión vitalicia no muy grande, reveló los componentes y preparación de la receta.

Gracias a los registros, hoy tenemos la certeza de que el “Aceite de Aparicio” sí era relativamente efectivo, especialmente si se compara con las pocas opciones médicas disponibles entre los siglos XVI y XVII.

Según lo analizado, sería posible el desarrollo de nuevos productos que integren los beneficios de los ingredientes más efectivos, descartando los elementos que pueden acarrear posibles efectos adversos.

Entre páginas antiguas y recetas olvidadas, pero con el rigor de la ciencia moderna, el “Aceite de Aparicio” vuelva a la modernidad. Su eco resuena en los laboratorios del presente, donde se buscan fármacos o curas para heridas y dolores como los que sufrió Don Quijote y que muchos pacientes siguen sintiendo en la actualidad.

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Ignacio Briceño Balcázar, Profesor titular grupo de genética humana, Universidad de La Sabana. Puedes consultar la publicación original aquí.