Acuérdese de respirar por la nariz: su salud (física y mental) se lo agradecerá
- •Antonio Guillem/Shutterstock
- •Respirar es la tarea más automatizada que realizamos de forma cotidiana. Sucede sin pensarlo, miles de veces al día, desde el primer segundo de vida hasta el último. Sin embargo, la forma en la que inspiramos y expiramos el aire (por la nariz o por la boca) puede tener un impacto enorme en nuestra salud no solo a nivel físico, sino también mental y emocional. Y lo sorprendente es que muchas personas lo hacemos “mal” sin saberlo.
- •La respiración oral, es decir, respirar con la boca abierta, se ha vuelto cada vez más común en la sociedad moderna. Las congestiones nasales, las alergias, el estrés, los hábitos adquiridos o incluso el uso excesivo de pantallas (que altera nuestra postura) contribuyen a que muchas personas mantengan la boca abierta de forma casi constante. Pero lo que parece inofensivo puede provocar una cadena de efectos negativos en el organismo.
- •La nariz, esa barrera protectora
- •Para empezar, la nariz no está ahí por casualidad. Es un órgano altamente especializado diseñado para preparar el aire antes de que llegue a los pulmones. Filtra partículas, calienta el aire y lo humedece. Pero cuando respiramos por la boca, nos saltamos todo este proceso: el aire entra más frío, seco y cargado de impurezas, lo que puede irritar las vías respiratorias y aumentar la susceptibilidad a infecciones.
- •De hecho, diversos estudios han relacionado la respiración oral con una mayor frecuencia de resfriados, infecciones respiratorias y problemas inflamatorios. Al no pasar el aire por el sistema de filtrado de la nariz, el cuerpo queda más expuesto a virus y bacterias. Además, la respiración excesiva por la boca puede provocar sequedad, mal aliento y problemas en la salud bucal, como caries o alteraciones gingivales.
- •Respirar por la boca altera el sueño
- •Pero los problemas no terminan ahí. Se ha comprobado que la respiración oral también tiene un impacto directo en la calidad del sueño. Muchos de quienes la practican preferentemente tienden a roncar más, a tener un sueño menos profundo y a despertarse con sensación de cansancio, ya que su descanso no es reparador. Esto se debe a que la respiración nasal favorece un patrón más lento y eficiente, mientras que la bucal suele ser más superficial y desordenada.
- •En adultos, ese patrón se ha asociado con un mayor riesgo de apnea del sueño, una alteración en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. La apnea no solo afecta al descanso, sino que también está relacionada con problemas cardiovasculares, fatiga crónica y dificultades cognitivas.
- •Cambios en la fisionomía facial
- •Por otro lado, los niños que respiran por la boca tienden a desarrollar paladares más estrechos, mandíbulas menos definidas y alteraciones en la alineación dental. Incluso puede afectar al perfil facial a largo plazo.
- •No es solo es una cuestión estética: también hay implicaciones funcionales importantes. Se ha observado que algunos niños diagnosticados con trastornos de atención o hiperactividad presentan en realidad problemas respiratorios no detectados. La falta de oxigenación eficiente durante el sueño puede afectar al rendimiento cognitivo, la concentración y el comportamiento durante el día.
- •Un aspecto menos conocido es la relación entre la respiración oral y los problemas auditivos. Coger y exhalar aire con la boca dificulta la ventilación del oído medio y favorece la acumulación de líquido, aumentando el riesgo de otitis media recurrente.
- •Las múltiples ventajas de respirar por la nariz
- •Por contra, la respiración nasal ofrece abundantes beneficios. Uno de los más importantes es la producción de óxido nítrico en los senos paranasales. Esta molécula, poco conocida fuera del ámbito científico, tiene propiedades vasodilatadoras, antimicrobianas y reguladoras del sistema inmunológico. Al respirar por la nariz, el aire se enriquece con óxido nítrico, lo que mejora la oxigenación y ayuda a combatir patógenos.
- •Además, la respiración nasal favorece un ritmo más pausado y profundo, lo que activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de los estados de relajación. En otras palabras, respirar por la nariz no solo es mejor para el cuerpo, sino también para la mente: reduce el estrés, mejora la concentración y favorece un estado de calma.
- •Cómo cambiar de hábitos
- •Entonces, si respirar por la nariz es tan beneficioso, ¿por qué tanta gente no lo hace? En muchos casos, se trata de un hábito adquirido. Si alguien ha tenido congestión nasal frecuente en la infancia, es probable que haya desarrollado el patrón de respirar por la boca y lo haya mantenido en la edad adulta, incluso cuando ya no es necesario.
- •La buena noticia es que esta costumbre se puede reeducar. Existen técnicas sencillas para volver a la respiración nasal, como ejercicios de conciencia respiratoria, mejorar la higiene nasal o incluso trabajar la postura de la lengua (un logopeda nos podría ayudar).
- •En algunos casos, puede ser necesario consultar con el otorrino para tratar obstrucciones físicas, como desviaciones del tabique o hipertrofia de cornetes (estructuras situadas en el interior de las fosas nasales). E incluso, acudir a un odontopediatra o dentista especializado en ortopedia dentofacial para valorar si es necesario ampliar el maxilar, adelantar la mandíbula o realizar otras intervenciones que favorezcan una correcta respiración.
- •En el caso de los niños, es especialmente importante prestar mayor atención. Detectar a tiempo la respiración oral puede prevenir muchos problemas futuros, tanto físicos como cognitivos. Observar si duermen con la boca abierta, si roncan o si presentan fatiga durante el día puede ser clave.
- •Al final, algo tan simple como cerrar la boca y respirar por la nariz puede tener un impacto profundo en nuestra salud. No se trata de una moda ni de una tendencia, sino de volver a un patrón natural para el que nuestro cuerpo está diseñado.
- •Respirar bien no es solo sobrevivir. Es vivir mucho mejor.
- •Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Respirar es la tarea más automatizada que realizamos de forma cotidiana. Sucede sin pensarlo, miles de veces al día, desde el primer segundo de vida hasta el último. Sin embargo, la forma en la que inspiramos y expiramos el aire (por la nariz o por la boca) puede tener un impacto enorme en nuestra salud no solo a nivel físico, sino también mental y emocional. Y lo sorprendente es que muchas personas lo hacemos “mal” sin saberlo.
La respiración oral, es decir, respirar con la boca abierta, se ha vuelto cada vez más común en la sociedad moderna. Las congestiones nasales, las alergias, el estrés, los hábitos adquiridos o incluso el uso excesivo de pantallas (que altera nuestra postura) contribuyen a que muchas personas mantengan la boca abierta de forma casi constante. Pero lo que parece inofensivo puede provocar una cadena de efectos negativos en el organismo.
La nariz, esa barrera protectora
Para empezar, la nariz no está ahí por casualidad. Es un órgano altamente especializado diseñado para preparar el aire antes de que llegue a los pulmones. Filtra partículas, calienta el aire y lo humedece. Pero cuando respiramos por la boca, nos saltamos todo este proceso: el aire entra más frío, seco y cargado de impurezas, lo que puede irritar las vías respiratorias y aumentar la susceptibilidad a infecciones.
De hecho, diversos estudios han relacionado la respiración oral con una mayor frecuencia de resfriados, infecciones respiratorias y problemas inflamatorios. Al no pasar el aire por el sistema de filtrado de la nariz, el cuerpo queda más expuesto a virus y bacterias. Además, la respiración excesiva por la boca puede provocar sequedad, mal aliento y problemas en la salud bucal, como caries o alteraciones gingivales.
Respirar por la boca altera el sueño
Pero los problemas no terminan ahí. Se ha comprobado que la respiración oral también tiene un impacto directo en la calidad del sueño. Muchos de quienes la practican preferentemente tienden a roncar más, a tener un sueño menos profundo y a despertarse con sensación de cansancio, ya que su descanso no es reparador. Esto se debe a que la respiración nasal favorece un patrón más lento y eficiente, mientras que la bucal suele ser más superficial y desordenada.
En adultos, ese patrón se ha asociado con un mayor riesgo de apnea del sueño, una alteración en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. La apnea no solo afecta al descanso, sino que también está relacionada con problemas cardiovasculares, fatiga crónica y dificultades cognitivas.
Cambios en la fisionomía facial
Por otro lado, los niños que respiran por la boca tienden a desarrollar paladares más estrechos, mandíbulas menos definidas y alteraciones en la alineación dental. Incluso puede afectar al perfil facial a largo plazo.
No es solo es una cuestión estética: también hay implicaciones funcionales importantes. Se ha observado que algunos niños diagnosticados con trastornos de atención o hiperactividad presentan en realidad problemas respiratorios no detectados. La falta de oxigenación eficiente durante el sueño puede afectar al rendimiento cognitivo, la concentración y el comportamiento durante el día.
Un aspecto menos conocido es la relación entre la respiración oral y los problemas auditivos. Coger y exhalar aire con la boca dificulta la ventilación del oído medio y favorece la acumulación de líquido, aumentando el riesgo de otitis media recurrente.
Las múltiples ventajas de respirar por la nariz
Por contra, la respiración nasal ofrece abundantes beneficios. Uno de los más importantes es la producción de óxido nítrico en los senos paranasales. Esta molécula, poco conocida fuera del ámbito científico, tiene propiedades vasodilatadoras, antimicrobianas y reguladoras del sistema inmunológico. Al respirar por la nariz, el aire se enriquece con óxido nítrico, lo que mejora la oxigenación y ayuda a combatir patógenos.
Además, la respiración nasal favorece un ritmo más pausado y profundo, lo que activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de los estados de relajación. En otras palabras, respirar por la nariz no solo es mejor para el cuerpo, sino también para la mente: reduce el estrés, mejora la concentración y favorece un estado de calma.
Cómo cambiar de hábitos
Entonces, si respirar por la nariz es tan beneficioso, ¿por qué tanta gente no lo hace? En muchos casos, se trata de un hábito adquirido. Si alguien ha tenido congestión nasal frecuente en la infancia, es probable que haya desarrollado el patrón de respirar por la boca y lo haya mantenido en la edad adulta, incluso cuando ya no es necesario.
La buena noticia es que esta costumbre se puede reeducar. Existen técnicas sencillas para volver a la respiración nasal, como ejercicios de conciencia respiratoria, mejorar la higiene nasal o incluso trabajar la postura de la lengua (un logopeda nos podría ayudar).
En algunos casos, puede ser necesario consultar con el otorrino para tratar obstrucciones físicas, como desviaciones del tabique o hipertrofia de cornetes (estructuras situadas en el interior de las fosas nasales). E incluso, acudir a un odontopediatra o dentista especializado en ortopedia dentofacial para valorar si es necesario ampliar el maxilar, adelantar la mandíbula o realizar otras intervenciones que favorezcan una correcta respiración.
En el caso de los niños, es especialmente importante prestar mayor atención. Detectar a tiempo la respiración oral puede prevenir muchos problemas futuros, tanto físicos como cognitivos. Observar si duermen con la boca abierta, si roncan o si presentan fatiga durante el día puede ser clave.
Al final, algo tan simple como cerrar la boca y respirar por la nariz puede tener un impacto profundo en nuestra salud. No se trata de una moda ni de una tendencia, sino de volver a un patrón natural para el que nuestro cuerpo está diseñado. Respirar bien no es solo sobrevivir. Es vivir mucho mejor.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Maria Pilar Pecci Lloret, Profesora Permanente Laboral, Universidad de Murcia. Puedes consultar la publicación original aquí.
