LIVE NEWS
|
Cargando últimas noticias de El Punto...

El Punto te trae historias confiables, oportunas e interesantes de todo el mundo, con un enfoque especial en la República Dominicana y su diáspora.

Entretenimiento

Contacto

Calle Mercedes Amiama No. 42, Sector San Gerónimo, Santo Domingo, RD
Portada > Ciencia > Adminístrense 500 mg de bosque + 125 mg de río: ¿qué es la ‘receta social verde’?
CienciaThe Conversation en Español

Adminístrense 500 mg de bosque + 125 mg de río: ¿qué es la ‘receta social verde’?

M
Publicado el 29 de julio de 2026 a las 09:30 p. m.Actualizado el 29 de julio de 2026 a las 09:30 p. m.
Compartir:
Resumen (TL;DR)
  • Reservar un tiempo a estar al aire libre, a pasear o hacer ejercicio por bosques, campos y jardines, ya es una práctica terapéutica asentada que, en otros países, incluso cuenta con su propio término: prescripción social verde. Este enfoque entronca con otro concepto, la “biofilia”, o sea, la necesidad innata humana de establecer contacto con la naturaleza.
  • Porque, como indica la evidencia científica, sus beneficios para la salud física, mental y social son abundantes. No solo reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, sino que también produce un impacto positivo en el estado de ánimo, la atención e incluso en el desarrollo cognitivo.
  • 90 minutos de paseo para ahuyentar los malos pensamientos
  • Por ejemplo, un estudio pionero de neuroimagen revela que un paseo de 90 minutos por un entorno natural disminuye de forma drástica la rumiación, es decir, ese bucle nocivo de pensamientos negativos repetitivos. Y además, reduce la actividad metabólica en una región cerebral vinculada al riesgo de desarrollar bajos estados de ánimo.
  • Este contacto con la naturaleza también aporta múltiples beneficios para la salud a nivel físico. La literatura científica señala su capacidad para aumentar la inmunidad, es decir, las defensas de nuestro cuerpo. Así mismo ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares y a mejorar la calidad del sueño y el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, el encargado de regular las funciones internas, como la respiración o la presión arterial.
  • Pero ¿cuánta dosis de esta medicina verde necesitamos realmente? Un estudio determinó el umbral: pasar un mínimo de 120 minutos a la semana en la naturaleza es el límite para empezar a registrar aumentos significativos en nuestra salud autopercibida y bienestar psicológico. Lo mejor de todo es que ese trabajo demuestra que el beneficio es el mismo si decidimos disfrutar de una sola caminata larga el fin de semana o si preferimos repartir el tiempo en varias visitas más cortas a lo largo de la semana.
  • Respirando salud
  • A nivel fisiológico, gran parte de los beneficios se los debemos a los fitoncidas, compuestos orgánicos volátiles que los árboles segregan para defenderse de bacterias e insectos. Al respirarlos con calma, nuestra biología responde: caen en picado los niveles de cortisol (la hormona del estrés), se regula la presión arterial, disminuye la fatiga y se dispara la activad de las células NK (del inglés Natural Killer), los linfocitos clave que fortalecen de manera medible nuestras defensas.
  • Además, este contacto habitual reduce el riesgo de sufrir enfermedades crónicas y fomenta la actividad física, con todas sus virtudes asociadas ya conocidas. La naturaleza no es, por tanto, una simple distracción visual, sino un elemento que altera positivamente nuestra química interna y restaura nuestra fatiga cognitiva de forma totalmente gratuita y accesible.
  • Países donde se receta naturaleza
  • Varios países ya han puesto en marcha programas de medicina verde. En Inglaterra, Escocia o Canadá (donde se prescriben específicamente dos horas a la semana de este tipo de actividades) se invita a participar en caminatas o talleres al aire libre. Son iniciativas que, además de promover la conexión con la naturaleza, fomentan la colaboración con los proveedores locales de esos servicios.
  • Y en Japón, los “baños de bosques” o “shinrin yoku” son desde hace tiempo una práctica muy extendida. Se trata de caminar entre árboles, observar el paisaje y respirar con calma su aire impregnado de fitoncidas.
  • ¿Y si no tengo un bosque cerca?
  • Si vive en la gran ciudad o el bosque le pilla muy lejos, hay estudios que sugieren que la saludable conexión con la naturaleza también se puede conseguir en una zona verde urbana a través del mindfulness.
  • El mindfulness implica entrar en un estado de atención plena, lo cual permite desarrollar una mayor conciencia sin juicios de las propias sensaciones y del entorno que las estimula. Es justo lo contrario de lo que experimentamos nuestra vida cotidiana, pues normalmente solemos ir en “piloto automático”, pensando en el pasado o en el futuro, y evitando de manera involuntaria la experiencia del momento presente.
  • Gracias a la atención plena podemos caminar por un parque o por jardines sin pensar en la lista del súper, sin revisar el móvil, sintiendo el viento, observando el color de las hojas, escuchando los pájaros cantar o las ramas moverse con el aire… Simplemente estando ahí.
  • Y, como demuestran diversos estudios, practicar mindfulness no solo fortalece nuestra conexión con el entorno, sino que también fomenta que tendamos a cuidarlo más. Es decir, sumergirnos en la naturaleza puede hacernos personas más saludables y ecológicas.
  • Por ello, no se sorprenda si, en un futuro no muy lejano, su profesional sanitario de referencia le receta naturaleza. Aunque no hace falta esperar a que llegue ese día: si ya conocemos sus beneficios, ¿por qué no empezar hoy mismo el tratamiento?
  • Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Reservar un tiempo a estar al aire libre, a pasear o hacer ejercicio por bosques, campos y jardines, ya es una práctica terapéutica asentada que, en otros países, incluso cuenta con su propio término: prescripción social verde. Este enfoque entronca con otro concepto, la “biofilia”, o sea, la necesidad innata humana de establecer contacto con la naturaleza.

Porque, como indica la evidencia científica, sus beneficios para la salud física, mental y social son abundantes. No solo reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, sino que también produce un impacto positivo en el estado de ánimo, la atención e incluso en el desarrollo cognitivo.

Cargando espacio...

90 minutos de paseo para ahuyentar los malos pensamientos

Por ejemplo, un estudio pionero de neuroimagen revela que un paseo de 90 minutos por un entorno natural disminuye de forma drástica la rumiación, es decir, ese bucle nocivo de pensamientos negativos repetitivos. Y además, reduce la actividad metabólica en una región cerebral vinculada al riesgo de desarrollar bajos estados de ánimo.

Este contacto con la naturaleza también aporta múltiples beneficios para la salud a nivel físico. La literatura científica señala su capacidad para aumentar la inmunidad, es decir, las defensas de nuestro cuerpo. Así mismo ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares y a mejorar la calidad del sueño y el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, el encargado de regular las funciones internas, como la respiración o la presión arterial.

Pero ¿cuánta dosis de esta medicina verde necesitamos realmente? Un estudio determinó el umbral: pasar un mínimo de 120 minutos a la semana en la naturaleza es el límite para empezar a registrar aumentos significativos en nuestra salud autopercibida y bienestar psicológico. Lo mejor de todo es que ese trabajo demuestra que el beneficio es el mismo si decidimos disfrutar de una sola caminata larga el fin de semana o si preferimos repartir el tiempo en varias visitas más cortas a lo largo de la semana.

Respirando salud

A nivel fisiológico, gran parte de los beneficios se los debemos a los fitoncidas, compuestos orgánicos volátiles que los árboles segregan para defenderse de bacterias e insectos. Al respirarlos con calma, nuestra biología responde: caen en picado los niveles de cortisol (la hormona del estrés), se regula la presión arterial, disminuye la fatiga y se dispara la activad de las células NK (del inglés Natural Killer), los linfocitos clave que fortalecen de manera medible nuestras defensas.

Además, este contacto habitual reduce el riesgo de sufrir enfermedades crónicas y fomenta la actividad física, con todas sus virtudes asociadas ya conocidas. La naturaleza no es, por tanto, una simple distracción visual, sino un elemento que altera positivamente nuestra química interna y restaura nuestra fatiga cognitiva de forma totalmente gratuita y accesible.

Países donde se receta naturaleza

Varios países ya han puesto en marcha programas de medicina verde. En Inglaterra, Escocia o Canadá (donde se prescriben específicamente dos horas a la semana de este tipo de actividades) se invita a participar en caminatas o talleres al aire libre. Son iniciativas que, además de promover la conexión con la naturaleza, fomentan la colaboración con los proveedores locales de esos servicios.

Y en Japón, los “baños de bosques” o “shinrin yoku” son desde hace tiempo una práctica muy extendida. Se trata de caminar entre árboles, observar el paisaje y respirar con calma su aire impregnado de fitoncidas.

¿Y si no tengo un bosque cerca?

Si vive en la gran ciudad o el bosque le pilla muy lejos, hay estudios que sugieren que la saludable conexión con la naturaleza también se puede conseguir en una zona verde urbana a través del mindfulness.

El mindfulness implica entrar en un estado de atención plena, lo cual permite desarrollar una mayor conciencia sin juicios de las propias sensaciones y del entorno que las estimula. Es justo lo contrario de lo que experimentamos nuestra vida cotidiana, pues normalmente solemos ir en “piloto automático”, pensando en el pasado o en el futuro, y evitando de manera involuntaria la experiencia del momento presente.

Gracias a la atención plena podemos caminar por un parque o por jardines sin pensar en la lista del súper, sin revisar el móvil, sintiendo el viento, observando el color de las hojas, escuchando los pájaros cantar o las ramas moverse con el aire… Simplemente estando ahí.

Y, como demuestran diversos estudios, practicar mindfulness no solo fortalece nuestra conexión con el entorno, sino que también fomenta que tendamos a cuidarlo más. Es decir, sumergirnos en la naturaleza puede hacernos personas más saludables y ecológicas.

Por ello, no se sorprenda si, en un futuro no muy lejano, su profesional sanitario de referencia le receta naturaleza. Aunque no hace falta esperar a que llegue ese día: si ya conocemos sus beneficios, ¿por qué no empezar hoy mismo el tratamiento?

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: María Cristina Martínez-Fernández, Profesora de Enfermería, Universidad de León. Puedes consultar la publicación original aquí.