Conflictos lejanos que afectan al consumo cercano y hacen que suba la cesta de la compra
- •Pierre Desrosiers/Shutterstock
- •Cuando sube el precio de los alimentos se piensa en las decisiones de negocio de los supermercados, o en malas cosechas, sequías o subidas de los costes de producción en el campo. Pero detrás del encarecimiento muchas veces hay factores menos previsibles y más lejanos como son las guerras, las crisis energéticas, los problemas logísticos o las tensiones comerciales internacionales.
- •La reciente subida del precio de los alimentos no es un fenómeno exclusivamente español. Los mercados internacionales también han experimentado fuertes incrementos, hasta alcanzar, en 2022, los niveles más elevados observados por el Índice de Precios de los Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
- •Este índice, con datos mensuales desde 1961, permite visualizar la tendencia de encarecimiento o abaratamiento de la cesta alimentaria. Lo que se observa es que, entre 2019 y 2024, los precios de los alimentos en España aumentaron más que el resto de elementos que componen el consumo de las familias.
- •Una cadena alimentaria compleja en su dimensión e interrelaciones
- •Para completar el circuito de producción, distribución y comercio de alimentos se requieren abundantes insumos (agua, energía, fertilizantes, tecnología, etc.) y procesos (manipulación, almacenamiento, transporte, etc.), que son asumidos por los distintos eslabones que conectan la producción en origen con el consumidor final.
- •A los insumos que se necesitan para la producción agrícola se añaden los usados para la transformación, preparación o envasado en las industrias alimentarias, y los requeridos en la logística y distribución entre agentes mayoristas y minoristas. Finalmente, los productos se reciben en los establecimientos de venta final y llegan a los hogares o locales (restaurantes, comedores escolares, cantinas, etc.) donde se consumen.
- •Insumos críticos
- •La Comisión Europea ha reconocido que la guerra de Ucrania puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo, debido a la dependencia de energía, fertilizantes y cereales importados. Al mismo tiempo, la FAO ha señalado que, desde antes de la invasión de Ucrania, los precios alimentarios a nivel global han estado presionados por el aumento de los costes energéticos y de los fertilizantes.
- •España es un ejemplo de país que, aunque produce gran cantidad y diversidad de alimentos, no por ello es autosuficiente. También depende del comercio internacional para el abastecimiento de numerosos productos; entre ellos, café, cacao, especias o diversas frutas tropicales que forman parte de los hábitos de consumo actuales.
- •Pero lo más importante es que no tiene autonomía para disponer de los insumos críticos para la producción de alimentos: el petróleo (como elemento clave de toda la logística y movimiento de maquinarias), los fertilizantes (muchos de ellos se fabrican usando gas natural), los cereales (base de la producción de piensos para el ganado) o la tecnología empleada en el riego o en dispositivos electrónicos que en muchas ocasiones tampoco se fabrican en España ni en el resto de Europa.
- •Por lo tanto, la vulnerabilidad de un territorio no está tanto en su capacidad para producir alimentos, sino en la dependencia externa de los recursos imprescindibles para seguir produciéndolos.
- •Cuando las crisis globales llegan al supermercado del barrio
- •Cuando a las crisis naturales (por sequías, danas o incrementos de temperatura) se suman otros conflictos globales, queda de manifiesto la fragilidad que tienen las sociedades en su soberanía alimentaria. Un ejemplo muy conocido: hace cinco años, la pandemia de covid-19 paralizó todas las cadenas logísticas y la economía mundial. Después le han seguido otros conflictos geopolíticos (la guerra de Ucrania, la guerra comercial impulsada por Trump, el conflicto en Oriente Medio) que siguen generando importantes impactos en el comercio de alimentos.
- •En 2021 hubo una crisis energética global y el Banco Mundial señaló al incremento del precio del gas natural como la causa del encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados. A principios de 2022 se inició la guerra de Ucrania, que aún perdura, y la FAO ha señalado que Rusia y Ucrania ocupan posiciones estratégicas en el comercio mundial de cereales, y que Rusia es uno de los principales exportadores de fertilizantes. Así, el índice mundial de precios alimentarios alcanzó máximos históricos en 2022.
- •Posteriormente se han sucedido otros conflictos, como los de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz. El Banco Mundial ha advertido que las crisis en zonas donde se concentra el petróleo pueden generar nuevas perturbaciones en los mercados energéticos y de fertilizantes, causando un impacto directo sobre los costes de producción agraria y de transporte y distribución de alimentos.
- •Comprender la cadena para fortalecer la soberanía alimentaria
- •Solemos asociar la soberanía alimentaria con producir alimentos dentro de las propias fronteras. Sin embargo, producir no basta si se depende del exterior para obtener energía, fertilizantes, materias primas o tecnologías esenciales. Comprender cómo funciona la cadena alimentaria es el primer paso para hacerla más sostenible, y esta es una labor que no solo deben hacer los agentes que operan en la agrocadena.
- •Para ayudar a mitigar los efectos negativos de los factores externos, se debe apoyar a los tipos de agricultura más resilientes y adaptadas al cambio climático. Un ejemplo: no se les puede exigir cosechas máximas a quienes producen si solamente se comercializan las frutas y verduras estéticamente perfectas, ya que se están desaprovechando todas aquellas que no alcanzan los actuales estándares comerciales, además de todos los insumos utilizados para obtenerlas: agua de riego, fertilizantes, fitosanitarios, mano de obra, etc.
- •Consumo informado y consciente
- •El poder del consumo puede ser inmenso, sobre todo si las personas lo hacen de manera consciente e informada, optando por el producto local y de temporada, diversificando los proveedores, fomentando que haya menos intermediarios y reconociendo el papel del trabajo agrario en la sociedad. Las decisiones meditadas de la ciudadanía acaban fortaleciendo la seguridad alimentaria de los países, y preparan y protegen a los países para las futuras crisis.
- •Los conflictos recientes recuerdan una realidad que a menudo pasa desapercibida: la seguridad alimentaria no depende únicamente de producir alimentos. También depende de la capacidad para mantener funcionando una compleja red de energía, transporte, fertilizantes, tecnología o comercio. Entender cómo funciona esa cadena es el primer paso para hacerla más resiliente. Porque, en un mundo globalizado, lo que ocurre lejos se acaba reflejando en lo cotidiano y local.
- •Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Cuando sube el precio de los alimentos se piensa en las decisiones de negocio de los supermercados, o en malas cosechas, sequías o subidas de los costes de producción en el campo. Pero detrás del encarecimiento muchas veces hay factores menos previsibles y más lejanos como son las guerras, las crisis energéticas, los problemas logísticos o las tensiones comerciales internacionales.
La reciente subida del precio de los alimentos no es un fenómeno exclusivamente español. Los mercados internacionales también han experimentado fuertes incrementos, hasta alcanzar, en 2022, los niveles más elevados observados por el Índice de Precios de los Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Este índice, con datos mensuales desde 1961, permite visualizar la tendencia de encarecimiento o abaratamiento de la cesta alimentaria. Lo que se observa es que, entre 2019 y 2024, los precios de los alimentos en España aumentaron más que el resto de elementos que componen el consumo de las familias.
Una cadena alimentaria compleja en su dimensión e interrelaciones
Para completar el circuito de producción, distribución y comercio de alimentos se requieren abundantes insumos (agua, energía, fertilizantes, tecnología, etc.) y procesos (manipulación, almacenamiento, transporte, etc.), que son asumidos por los distintos eslabones que conectan la producción en origen con el consumidor final.
A los insumos que se necesitan para la producción agrícola se añaden los usados para la transformación, preparación o envasado en las industrias alimentarias, y los requeridos en la logística y distribución entre agentes mayoristas y minoristas. Finalmente, los productos se reciben en los establecimientos de venta final y llegan a los hogares o locales (restaurantes, comedores escolares, cantinas, etc.) donde se consumen.
Insumos críticos
La Comisión Europea ha reconocido que la guerra de Ucrania puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo, debido a la dependencia de energía, fertilizantes y cereales importados. Al mismo tiempo, la FAO ha señalado que, desde antes de la invasión de Ucrania, los precios alimentarios a nivel global han estado presionados por el aumento de los costes energéticos y de los fertilizantes.
España es un ejemplo de país que, aunque produce gran cantidad y diversidad de alimentos, no por ello es autosuficiente. También depende del comercio internacional para el abastecimiento de numerosos productos; entre ellos, café, cacao, especias o diversas frutas tropicales que forman parte de los hábitos de consumo actuales.
Pero lo más importante es que no tiene autonomía para disponer de los insumos críticos para la producción de alimentos: el petróleo (como elemento clave de toda la logística y movimiento de maquinarias), los fertilizantes (muchos de ellos se fabrican usando gas natural), los cereales (base de la producción de piensos para el ganado) o la tecnología empleada en el riego o en dispositivos electrónicos que en muchas ocasiones tampoco se fabrican en España ni en el resto de Europa.
Por lo tanto, la vulnerabilidad de un territorio no está tanto en su capacidad para producir alimentos, sino en la dependencia externa de los recursos imprescindibles para seguir produciéndolos.
Cuando las crisis globales llegan al supermercado del barrio
Cuando a las crisis naturales (por sequías, danas o incrementos de temperatura) se suman otros conflictos globales, queda de manifiesto la fragilidad que tienen las sociedades en su soberanía alimentaria. Un ejemplo muy conocido: hace cinco años, la pandemia de covid-19 paralizó todas las cadenas logísticas y la economía mundial. Después le han seguido otros conflictos geopolíticos (la guerra de Ucrania, la guerra comercial impulsada por Trump, el conflicto en Oriente Medio) que siguen generando importantes impactos en el comercio de alimentos.
En 2021 hubo una crisis energética global y el Banco Mundial señaló al incremento del precio del gas natural como la causa del encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados. A principios de 2022 se inició la guerra de Ucrania, que aún perdura, y la FAO ha señalado que Rusia y Ucrania ocupan posiciones estratégicas en el comercio mundial de cereales, y que Rusia es uno de los principales exportadores de fertilizantes. Así, el índice mundial de precios alimentarios alcanzó máximos históricos en 2022.
Posteriormente se han sucedido otros conflictos, como los de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz. El Banco Mundial ha advertido que las crisis en zonas donde se concentra el petróleo pueden generar nuevas perturbaciones en los mercados energéticos y de fertilizantes, causando un impacto directo sobre los costes de producción agraria y de transporte y distribución de alimentos.
Comprender la cadena para fortalecer la soberanía alimentaria
Solemos asociar la soberanía alimentaria con producir alimentos dentro de las propias fronteras. Sin embargo, producir no basta si se depende del exterior para obtener energía, fertilizantes, materias primas o tecnologías esenciales. Comprender cómo funciona la cadena alimentaria es el primer paso para hacerla más sostenible, y esta es una labor que no solo deben hacer los agentes que operan en la agrocadena.
Para ayudar a mitigar los efectos negativos de los factores externos, se debe apoyar a los tipos de agricultura más resilientes y adaptadas al cambio climático. Un ejemplo: no se les puede exigir cosechas máximas a quienes producen si solamente se comercializan las frutas y verduras estéticamente perfectas, ya que se están desaprovechando todas aquellas que no alcanzan los actuales estándares comerciales, además de todos los insumos utilizados para obtenerlas: agua de riego, fertilizantes, fitosanitarios, mano de obra, etc.
Consumo informado y consciente
El poder del consumo puede ser inmenso, sobre todo si las personas lo hacen de manera consciente e informada, optando por el producto local y de temporada, diversificando los proveedores, fomentando que haya menos intermediarios y reconociendo el papel del trabajo agrario en la sociedad. Las decisiones meditadas de la ciudadanía acaban fortaleciendo la seguridad alimentaria de los países, y preparan y protegen a los países para las futuras crisis.
Los conflictos recientes recuerdan una realidad que a menudo pasa desapercibida: la seguridad alimentaria no depende únicamente de producir alimentos. También depende de la capacidad para mantener funcionando una compleja red de energía, transporte, fertilizantes, tecnología o comercio. Entender cómo funciona esa cadena es el primer paso para hacerla más resiliente. Porque, en un mundo globalizado, lo que ocurre lejos se acaba reflejando en lo cotidiano y local.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: María Ángeles Fernández-Zamudio, Profesora Titular en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales, Universitat Politècnica de València. Puedes consultar la publicación original aquí.
