Cuando el ideal de masculinidad impide expresar las emociones y repercute en la salud
- •AstroStar/Shutterstock
- •Juan perdió su empleo después de veinte años trabajando en la misma empresa. Desde entonces sentía que también había perdido parte de su identidad y de su papel dentro de la familia. Casado y con tres hijos, empezó a dormir mal, a mostrarse irritable y a discutir con frecuencia en casa. Aunque acudía a su centro de salud por insomnio y ansiedad, le costaba explicar lo que realmente le ocurría.
- •Luis llevaba cinco años divorciado y no había conseguido adaptarse a la nueva situación. Vivía solo, apenas mantenía contacto con sus dos hijas y su vida social se reducía al bar de su pueblo, donde la bebida se había convertido en la forma habitual de relacionarse con los demás. Se sentía solo y desmotivado, pero le resultaba difícil pedir ayuda o hablar de sus emociones.
- •Las historias de Juan y Luis reflejan situaciones que se repiten cada semana en muchos centros de salud. Ninguno presenta un trastorno mental grave, aunque ambos experimentan un malestar emocional agravado por una forma de entender la masculinidad hegemónica que dificulta expresar las emociones, reconocer el sufrimiento o solicitar ayuda.
- •Esta realidad plantea una pregunta relevante para la salud pública: ¿estamos identificando adecuadamente el malestar emocional de los hombres?
- •La obligación de ser fuerte y controlar las emociones
- •La salud mental constituye uno de los principales retos sanitarios de nuestro tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada ocho personas sufre algún trastorno mental.
- •Los estudios con perspectiva de género se han centrado, con razón, en las desigualdades que afectan a las mujeres, mientras que se ha investigado mucho menos cómo los mandatos tradicionales de masculinidad repercuten en la salud de los hombres.
- •Desde edades tempranas, muchos hombres aprenden que deben ser fuertes, autosuficientes y controlar sus emociones. Mostrar vulnerabilidad, pedir ayuda o expresar tristeza puede interpretarse como un signo de debilidad. Como consecuencia, el sufrimiento suele manifestarse de otras formas: irritabilidad, aislamiento, abuso de alcohol u otras sustancias, conflictos familiares o síntomas físicos como insomnio, fatiga o dolores persistentes. Esta forma de vivir el malestar puede contribuir a que muchos hombres lleguen tarde a los recursos de ayuda o incluso no lleguen nunca.
- •Grupos para mejorar su bienestar emocional
- •Con esta realidad como punto de partida, el Sistema Sanitario Público de Andalucía puso en marcha los Grupos Socioeducativos (GRUSE), una estrategia de promoción de la salud desarrollada desde atención primaria. Inicialmente se dirigieron a mujeres, y desde 2016, también a hombres, tras comprobar que situaciones como el desempleo, la ruptura de pareja, la soledad o la pérdida del rol laboral constituían importantes factores de riesgo para su bienestar emocional.
- •Los grupos, conducidos por profesionales del trabajo social, pero con la participación de otros perfiles sanitarios, se organizan con un máximo de 15 personas y contemplan entre ocho y diez sesiones de trabajo, con una duración de 90 a 120 minutos. Buscan potenciar activos personales y comunitarios, mejorar el bienestar emocional y ofrecer estrategias no medicalizadoras. Asimismo, se convierten en un espacio de comunicación, de comprensión, de autoconocimiento y de autoayuda.
- •Para responder a esta pregunta, un equipo investigador de las universidades Pablo de Olavide, Huelva y Cádiz siguió durante un año a hombres que participaron en los grupos GRUSE y comparó su evolución con la de otros hombres de características similares que no realizaron la intervención.
- •Los resultados muestran que quienes participaron experimentaron una mayor satisfacción con su vida y mejoras significativas en diferentes aspectos de su bienestar: nuevas estrategias para afrontar el estrés, la mejora de la comunicación y las relaciones familiares y una mayor capacidad para reconocer sus problemas y pedir ayuda cuando la necesitaban.
- •Las profesionales y los profesionales sanitarios consideran que los GRUSE constituyen un recurso eficaz para promover la salud mental desde atención primaria. Sin embargo, señalan una dificultad persistente: captar e implicar a los hombres sigue siendo más complicado que en el caso de las mujeres.
- •Las investigaciones ponen de manifiesto que promover la salud mental masculina requiere algo más que crear recursos específicos. También es necesario que las/os profesionales sanitarios incorporen una perspectiva de género que les permita reconocer cómo los modelos tradicionales de masculinidad influyen en la forma en que los hombres expresan su malestar, buscan ayuda y se relacionan con los servicios sanitarios.
- •Los hombres no sufren menos problemas emocionales porque sean más fuertes. En muchas ocasiones sufren de otra manera y, sobre todo, los expresan de forma diferente. Comprender esta realidad puede facilitar una detección más temprana, evitar la cronificación del malestar y ofrecer respuestas más eficaces desde el sistema sanitario.
- •Cuidar la salud mental de los hombres no consiste únicamente en atender sus síntomas. También implica cuestionar aquellos mandatos de género que les enseñaron que callar era una forma de fortaleza, cuando, en realidad, pedir ayuda también puede ser un acto de valentía.
- •La investigación estuvo financiada mediante Resolución de la Secretaría General de Investigación e Innovación, por la que se conceden ayudas a Proyectos de Excelencia, en régimen de concurrencia competitiva, destinadas a entidades calificadas como agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en el ámbito del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación. Convocatoria 2021 (ProyExcel_00138).
Juan perdió su empleo después de veinte años trabajando en la misma empresa. Desde entonces sentía que también había perdido parte de su identidad y de su papel dentro de la familia. Casado y con tres hijos, empezó a dormir mal, a mostrarse irritable y a discutir con frecuencia en casa. Aunque acudía a su centro de salud por insomnio y ansiedad, le costaba explicar lo que realmente le ocurría.
Luis llevaba cinco años divorciado y no había conseguido adaptarse a la nueva situación. Vivía solo, apenas mantenía contacto con sus dos hijas y su vida social se reducía al bar de su pueblo, donde la bebida se había convertido en la forma habitual de relacionarse con los demás. Se sentía solo y desmotivado, pero le resultaba difícil pedir ayuda o hablar de sus emociones.
Las historias de Juan y Luis reflejan situaciones que se repiten cada semana en muchos centros de salud. Ninguno presenta un trastorno mental grave, aunque ambos experimentan un malestar emocional agravado por una forma de entender la masculinidad hegemónica que dificulta expresar las emociones, reconocer el sufrimiento o solicitar ayuda.
Esta realidad plantea una pregunta relevante para la salud pública: ¿estamos identificando adecuadamente el malestar emocional de los hombres?
La obligación de ser fuerte y controlar las emociones
La salud mental constituye uno de los principales retos sanitarios de nuestro tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada ocho personas sufre algún trastorno mental.
Los estudios con perspectiva de género se han centrado, con razón, en las desigualdades que afectan a las mujeres, mientras que se ha investigado mucho menos cómo los mandatos tradicionales de masculinidad repercuten en la salud de los hombres.
Desde edades tempranas, muchos hombres aprenden que deben ser fuertes, autosuficientes y controlar sus emociones. Mostrar vulnerabilidad, pedir ayuda o expresar tristeza puede interpretarse como un signo de debilidad. Como consecuencia, el sufrimiento suele manifestarse de otras formas: irritabilidad, aislamiento, abuso de alcohol u otras sustancias, conflictos familiares o síntomas físicos como insomnio, fatiga o dolores persistentes. Esta forma de vivir el malestar puede contribuir a que muchos hombres lleguen tarde a los recursos de ayuda o incluso no lleguen nunca.
Grupos para mejorar su bienestar emocional
Con esta realidad como punto de partida, el Sistema Sanitario Público de Andalucía puso en marcha los Grupos Socioeducativos (GRUSE), una estrategia de promoción de la salud desarrollada desde atención primaria. Inicialmente se dirigieron a mujeres, y desde 2016, también a hombres, tras comprobar que situaciones como el desempleo, la ruptura de pareja, la soledad o la pérdida del rol laboral constituían importantes factores de riesgo para su bienestar emocional.
Los grupos, conducidos por profesionales del trabajo social, pero con la participación de otros perfiles sanitarios, se organizan con un máximo de 15 personas y contemplan entre ocho y diez sesiones de trabajo, con una duración de 90 a 120 minutos. Buscan potenciar activos personales y comunitarios, mejorar el bienestar emocional y ofrecer estrategias no medicalizadoras. Asimismo, se convierten en un espacio de comunicación, de comprensión, de autoconocimiento y de autoayuda.
Para responder a esta pregunta, un equipo investigador de las universidades Pablo de Olavide, Huelva y Cádiz siguió durante un año a hombres que participaron en los grupos GRUSE y comparó su evolución con la de otros hombres de características similares que no realizaron la intervención.
Los resultados muestran que quienes participaron experimentaron una mayor satisfacción con su vida y mejoras significativas en diferentes aspectos de su bienestar: nuevas estrategias para afrontar el estrés, la mejora de la comunicación y las relaciones familiares y una mayor capacidad para reconocer sus problemas y pedir ayuda cuando la necesitaban.
Las profesionales y los profesionales sanitarios consideran que los GRUSE constituyen un recurso eficaz para promover la salud mental desde atención primaria. Sin embargo, señalan una dificultad persistente: captar e implicar a los hombres sigue siendo más complicado que en el caso de las mujeres.
Las investigaciones ponen de manifiesto que promover la salud mental masculina requiere algo más que crear recursos específicos. También es necesario que las/os profesionales sanitarios incorporen una perspectiva de género que les permita reconocer cómo los modelos tradicionales de masculinidad influyen en la forma en que los hombres expresan su malestar, buscan ayuda y se relacionan con los servicios sanitarios.
Los hombres no sufren menos problemas emocionales porque sean más fuertes. En muchas ocasiones sufren de otra manera y, sobre todo, los expresan de forma diferente. Comprender esta realidad puede facilitar una detección más temprana, evitar la cronificación del malestar y ofrecer respuestas más eficaces desde el sistema sanitario.
Cuidar la salud mental de los hombres no consiste únicamente en atender sus síntomas. También implica cuestionar aquellos mandatos de género que les enseñaron que callar era una forma de fortaleza, cuando, en realidad, pedir ayuda también puede ser un acto de valentía.
La investigación estuvo financiada mediante Resolución de la Secretaría General de Investigación e Innovación, por la que se conceden ayudas a Proyectos de Excelencia, en régimen de concurrencia competitiva, destinadas a entidades calificadas como agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en el ámbito del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación. Convocatoria 2021 (ProyExcel_00138).
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Antonio Iáñez-Domínguez, Profesor Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Pablo de Olavide. Puedes consultar la publicación original aquí.
