¿Cuántas personas mueren realmente por el calor?
- •Pheelings media/Shutterstock
- •Cada verano, con la llegada de las altas temperaturas, se publican distintas cifras sobre las muertes asociadas al calor… y no siempre coinciden. Unas hablan de “golpes de calor”; otras, de “muertes atribuibles al calor”. Pero ¿a qué se deben esas diferencias?
- •La respuesta breve es que no todas las cifras miden lo mismo. En muchos casos, se trata de estimaciones, ya que el calor no siempre aparece como causa inmediata del fallecimiento. Comprender cómo se estima la mortalidad atribuible al calor es, por tanto, fundamental para interpretar correctamente estas cifras.
- •El golpe de calor es solo la punta del iceberg
- •El golpe de calor se produce cuando la temperatura corporal aumenta de forma extrema, generalmente por encima de 40 °C, porque el organismo deja de regular adecuadamente el calor. Puede provocar confusión, convulsiones, coma y fallo multiorgánico.
- •Sin embargo, las muertes certificadas como golpe de calor representan solo una pequeña parte de la mortalidad causada por las altas temperaturas. En un estudio internacional con datos de 34 países, mostramos que estas defunciones suponen alrededor del 1 % del total de muertes atribuibles al calor en la mayoría de los países europeos, incluida España. En Japón, donde existe una mayor concienciación social y una vigilancia más estandarizada, la proporción alcanza hasta el 54 % durante los episodios de calor más extremos.
- •Esta proporción es baja porque el calor rara vez aparece como causa directa de muerte. Con mayor frecuencia, desencadena o agrava enfermedades preexistentes y aumenta el riesgo de fallecer por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales. En estos casos, el certificado registra la enfermedad que causó el fallecimiento, sin identificar necesariamente la contribución de la temperatura.
- •¿Cómo estimamos las muertes por calor?
- •Para conocer el impacto real del calor no basta con contar los golpes de calor. Es necesario estimar cuántas muertes adicionales se producen cuando aumenta la temperatura.
- •El primer paso consiste en analizar, para cada ciudad, varios años de datos diarios de temperatura y mortalidad. Con ellos se estima una curva de exposición-respuesta que describe cómo cambia el riesgo de morir con la temperatura. Esta relación suele tener forma de U o de J. Su punto más bajo corresponde a la temperatura de mínima mortalidad (TMM), es decir, aquella en la que el riesgo es menor.
- •A continuación, se compara el riesgo relativo (RR) observado a una temperatura determinada con el correspondiente a la temperatura de mínima mortalidad. En la figura de ejemplo, una temperatura de 30 °C se asocia con un riesgo relativo de 1,5 en comparación con 20 °C. Esto significa que, a 30 °C, el riesgo de morir es un 50 % mayor que a 20 °C.
- •A partir de este riesgo, se calcula la fracción atribuible (FA), que indica qué proporción de las muertes observadas a 30 °C se debe al calor, y el número correspondiente de muertes atribuibles (NA). En el ejemplo, de las 75 muertes esperadas a 30 °C, 50 se habrían producido igualmente a la temperatura de mínima mortalidad y las 25 restantes corresponden al exceso asociado al calor.
- •Este procedimiento se repite para cada día del periodo estudiado. El resultado no es una cifra exacta, sino una estimación acompañada de un margen de incertidumbre, que expresa de forma transparente lo que los datos permiten conocer.
- •¿Qué causas de muerte están más relacionadas con el calor?
- •La misma metodología puede utilizarse para estimar la mortalidad atribuible por causas específicas. En un estudio reciente en España con datos oficiales de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al periodo 1999-2018, observamos que las enfermedades circulatorias y respiratorias concentraban la mayor parte de las muertes atribuibles al calor. También encontramos una contribución relevante de los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso.
- •Las olas de calor empeoran la salud mental
- •Los datos oficiales de mortalidad permiten analizar qué enfermedades se ven más afectadas, pero suelen publicarse con más de un año de retraso, lo que impide evaluar de inmediato el impacto de un episodio de calor.
- •Las altas temperaturas no afectan igual en todas partes
- •La temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad no es igual en todos los lugares. Cada ciudad tiene su propia temperatura de mínima mortalidad, determinada en parte por el clima local y por la adaptación de la población.
- •En un estudio internacional con datos de 43 países, encontramos que esta temperatura oscilaba, en promedio, entre 13 °C en las zonas alpinas y 26,5 °C en las tropicales. Además, por cada grado de aumento de la temperatura media anual de una ciudad, la temperatura de mínima mortalidad aumentaba 0,8 °C.
- •Esto indica que las poblaciones se adaptan parcialmente a su clima. Por ello, una misma temperatura puede suponer un riesgo en una ciudad y no en otra.
- •Por qué no es lo mismo una ola de calor en Bilbao que en Sevilla
- •El calor moderado también mata
- •El impacto no se limita a los días más extremos. El riesgo empieza a aumentar en cuanto se supera la temperatura de mínima mortalidad. Por eso, una parte importante de las muertes se acumula durante numerosos días moderadamente calurosos.
- •Durante el verano de 2025, el más cálido registrado hasta ahora según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), se estimaron 10 831 muertes atribuibles al calor moderado –definido como las temperaturas comprendidas entre la temperatura de mínima mortalidad y el 5 % de las temperaturas más altas– y 4 880 al calor extremo, correspondiente a ese 5 % de temperaturas más altas.
- •En conjunto, estos datos muestran que la acumulación de muchos días moderadamente calurosos puede producir una carga mayor que la de los episodios extremos.
- •Hacia la alerta temprana
- •España cuenta con un sistema de monitorización de mortalidad diaria coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Sus datos están disponibles con rapidez, aunque recogen la mortalidad por todas las causas y no permiten identificar de inmediato las enfermedades responsables.
- •Combinando estos datos con las temperaturas registradas por AEMET, la aplicación MACE monitoriza desde 2023, casi en tiempo real y por provincias, la mortalidad atribuible al calor en verano España. En Europa, iniciativas como Forecaster.health utilizan previsiones meteorológicas para anticipar el impacto sanitario por regiones y grupos de población.
- •Estas herramientas permiten seguir y prever la carga de mortalidad con varios días de antelación. Sin embargo, su integración generalizada en los sistemas oficiales de alerta sigue siendo una asignatura pendiente.
- •El calor constituye ya uno de los principales riesgos ambientales para la salud. Comprender cómo se calculan y qué representan las cifras de mortalidad atribuible es esencial para valorar su impacto real y mejorar la prevención en un contexto de cambio climático, con veranos cada vez más calurosos.
- •Dominic Royé esta financiado por el programa Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I) y la GAIN-Xunta de Galicia.
- •Aurelio Tobias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Cada verano, con la llegada de las altas temperaturas, se publican distintas cifras sobre las muertes asociadas al calor… y no siempre coinciden. Unas hablan de “golpes de calor”; otras, de “muertes atribuibles al calor”. Pero ¿a qué se deben esas diferencias?
La respuesta breve es que no todas las cifras miden lo mismo. En muchos casos, se trata de estimaciones, ya que el calor no siempre aparece como causa inmediata del fallecimiento. Comprender cómo se estima la mortalidad atribuible al calor es, por tanto, fundamental para interpretar correctamente estas cifras.
El golpe de calor es solo la punta del iceberg
El golpe de calor se produce cuando la temperatura corporal aumenta de forma extrema, generalmente por encima de 40 °C, porque el organismo deja de regular adecuadamente el calor. Puede provocar confusión, convulsiones, coma y fallo multiorgánico.
Sin embargo, las muertes certificadas como golpe de calor representan solo una pequeña parte de la mortalidad causada por las altas temperaturas. En un estudio internacional con datos de 34 países, mostramos que estas defunciones suponen alrededor del 1 % del total de muertes atribuibles al calor en la mayoría de los países europeos, incluida España. En Japón, donde existe una mayor concienciación social y una vigilancia más estandarizada, la proporción alcanza hasta el 54 % durante los episodios de calor más extremos.
Esta proporción es baja porque el calor rara vez aparece como causa directa de muerte. Con mayor frecuencia, desencadena o agrava enfermedades preexistentes y aumenta el riesgo de fallecer por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales. En estos casos, el certificado registra la enfermedad que causó el fallecimiento, sin identificar necesariamente la contribución de la temperatura.
¿Cómo estimamos las muertes por calor?
Para conocer el impacto real del calor no basta con contar los golpes de calor. Es necesario estimar cuántas muertes adicionales se producen cuando aumenta la temperatura.
El primer paso consiste en analizar, para cada ciudad, varios años de datos diarios de temperatura y mortalidad. Con ellos se estima una curva de exposición-respuesta que describe cómo cambia el riesgo de morir con la temperatura. Esta relación suele tener forma de U o de J. Su punto más bajo corresponde a la temperatura de mínima mortalidad (TMM), es decir, aquella en la que el riesgo es menor.
A continuación, se compara el riesgo relativo (RR) observado a una temperatura determinada con el correspondiente a la temperatura de mínima mortalidad. En la figura de ejemplo, una temperatura de 30 °C se asocia con un riesgo relativo de 1,5 en comparación con 20 °C. Esto significa que, a 30 °C, el riesgo de morir es un 50 % mayor que a 20 °C.
A partir de este riesgo, se calcula la fracción atribuible (FA), que indica qué proporción de las muertes observadas a 30 °C se debe al calor, y el número correspondiente de muertes atribuibles (NA). En el ejemplo, de las 75 muertes esperadas a 30 °C, 50 se habrían producido igualmente a la temperatura de mínima mortalidad y las 25 restantes corresponden al exceso asociado al calor.
Este procedimiento se repite para cada día del periodo estudiado. El resultado no es una cifra exacta, sino una estimación acompañada de un margen de incertidumbre, que expresa de forma transparente lo que los datos permiten conocer.
¿Qué causas de muerte están más relacionadas con el calor?
La misma metodología puede utilizarse para estimar la mortalidad atribuible por causas específicas. En un estudio reciente en España con datos oficiales de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al periodo 1999-2018, observamos que las enfermedades circulatorias y respiratorias concentraban la mayor parte de las muertes atribuibles al calor. También encontramos una contribución relevante de los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso.
Leer más: Las olas de calor empeoran la salud mental
Los datos oficiales de mortalidad permiten analizar qué enfermedades se ven más afectadas, pero suelen publicarse con más de un año de retraso, lo que impide evaluar de inmediato el impacto de un episodio de calor.
Las altas temperaturas no afectan igual en todas partes
La temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad no es igual en todos los lugares. Cada ciudad tiene su propia temperatura de mínima mortalidad, determinada en parte por el clima local y por la adaptación de la población.
En un estudio internacional con datos de 43 países, encontramos que esta temperatura oscilaba, en promedio, entre 13 °C en las zonas alpinas y 26,5 °C en las tropicales. Además, por cada grado de aumento de la temperatura media anual de una ciudad, la temperatura de mínima mortalidad aumentaba 0,8 °C.
Esto indica que las poblaciones se adaptan parcialmente a su clima. Por ello, una misma temperatura puede suponer un riesgo en una ciudad y no en otra.
Leer más: Por qué no es lo mismo una ola de calor en Bilbao que en Sevilla
El calor moderado también mata
El impacto no se limita a los días más extremos. El riesgo empieza a aumentar en cuanto se supera la temperatura de mínima mortalidad. Por eso, una parte importante de las muertes se acumula durante numerosos días moderadamente calurosos.
Durante el verano de 2025, el más cálido registrado hasta ahora según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), se estimaron 10 831 muertes atribuibles al calor moderado –definido como las temperaturas comprendidas entre la temperatura de mínima mortalidad y el 5 % de las temperaturas más altas– y 4 880 al calor extremo, correspondiente a ese 5 % de temperaturas más altas.
En conjunto, estos datos muestran que la acumulación de muchos días moderadamente calurosos puede producir una carga mayor que la de los episodios extremos.
Hacia la alerta temprana
España cuenta con un sistema de monitorización de mortalidad diaria coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Sus datos están disponibles con rapidez, aunque recogen la mortalidad por todas las causas y no permiten identificar de inmediato las enfermedades responsables.
Combinando estos datos con las temperaturas registradas por AEMET, la aplicación MACE monitoriza desde 2023, casi en tiempo real y por provincias, la mortalidad atribuible al calor en verano España. En Europa, iniciativas como Forecaster.health utilizan previsiones meteorológicas para anticipar el impacto sanitario por regiones y grupos de población.
Estas herramientas permiten seguir y prever la carga de mortalidad con varios días de antelación. Sin embargo, su integración generalizada en los sistemas oficiales de alerta sigue siendo una asignatura pendiente.
El calor constituye ya uno de los principales riesgos ambientales para la salud. Comprender cómo se calculan y qué representan las cifras de mortalidad atribuible es esencial para valorar su impacto real y mejorar la prevención en un contexto de cambio climático, con veranos cada vez más calurosos.
Dominic Royé esta financiado por el programa Ramón y Cajal (RYC2023-042824-I) y la GAIN-Xunta de Galicia.
Aurelio Tobias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Dominic Royé, Investigador Ramon y Cajal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Puedes consultar la publicación original aquí.
