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El hallazgo que amenaza el reinado del cobre en la electrónica moderna

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Publicado el 18 de agosto de 2026 a las 05:30 p. m.Actualizado el 18 de agosto de 2026 a las 05:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Floren Horcajo/Shutterstock
  • Hay una escena que se repite en la industria tecnológica con una regularidad casi cómica. Un equipo diseña un sistema más potente: una unidad de procesamiento gráfico (GPU) para IA, un módulo de potencia para coche eléctrico o un procesador para satélite. Todo encaja. Las simulaciones salen bien. El prototipo funciona. Y, entonces, aparece el enemigo que nadie quiere en la película: el calor.
  • No es un problema elegante. No suena a futuro. Es un problema de cocina. En muchos casos, la electrónica moderna no está limitada por la capacidad de cálculo, ni por el algoritmo, ni siquiera por el semiconductor. Está limitada por algo mucho más prosaico: la capacidad de evacuar calor, sin que el sistema se estrangule o envejezca antes de tiempo.
  • En este contexto, un hallazgo reciente ha captado la atención de los expertos en materiales y electrónica. Los investigadores han encontrado un material metálico con una conductividad térmica tan alta que deja al cobre (que es el estándar industrial de referencia para conducción térmica) en una posición incómoda.
  • El material es el nitruro de tántalo (TaN), en una fase cristalina conocida como θ-TaN., cuya importancia radica en su conductividad térmica: 1.100 W/m·K (el orden de magnitud del cobre ronda los 400 W/m·K). La diferencia no es marginal. Es como pasar de una carretera convencional a una autopista de varios carriles: el tráfico térmico, que hoy se atasca en puntos críticos, podría circular con mucha menos resistencia.
  • En ciencia de materiales, batir un récord no es raro. Lo raro es que ese récord toque un nervio industrial real. Y aquí lo toca.
  • No es un metal “nuevo”, pero sí una noticia importante
  • Este metal no se ha “descubierto” como si fuese una veta desconocida o un nuevo elemento de la tabla periódica. El tántalo existe desde hace décadas y lleva años dentro de teléfonos, satélites y electrónica de alta fiabilidad. Lo que cambia aquí es su estructura cristalina. El nitruro de tántalo en fase θ no aparece “porque sí”: es un material que se obtiene en el laboratorio. Y la pregunta importante es si puede escalarse su producción.
  • Aquí aparece el detalle que hace que esta historia sea más interesante de lo que parece. En una industria, validar un material nuevo puede llevar años. Sin embargo, el TaN, como familia de materiales, no es un desconocido para la microelectrónica. Se ha usado durante años como barrera de difusión y en capas funcionales dentro de procesos de fabricación. Aunque eso no significa que esta fase concreta esté lista para entrar mañana en una fábrica, no parte desde cero.
  • El verdadero cuello de botella es el calor
  • ¿Por qué importa tanto conducir calor mejor que el cobre? Porque, aunque no lo parezca, la electrónica moderna no está en una carrera para ser más inteligente. Está, sobre todo, en una carrera para no derretirse.
  • La inteligencia artificial es el ejemplo más visible y de moda. Hoy el debate público gira alrededor de modelos, chips, datos y geopolítica. Sin embargo, en el mundo físico, el drama cotidiano está en los aceleradores que usan las IA porque trabajan con densidades de potencia enormes. En ellos, el calor, en vez de generarse de forma uniforme, se concentra en hotspots, es decir, pequeños puntos del circuito donde la temperatura se dispara.
  • Los hotspots no se resuelven con un ventilador más grande, sino repartiendo el calor antes de que se convierta en un pico local. Cuando un chip se calienta demasiado en una zona, la electrónica reacciona reduciendo rendimiento. Es un mecanismo de autoprotección. Y esa es la parte que casi nunca se cuenta: muchas veces solo vemos el máximo rendimiento del hardware que la temperatura permite.
  • Un material con una conductividad térmica mucho mayor puede actuar como un repartidor rápido que reduzca picos. La consecuencia es, aparte de “más frío”, un rendimiento más estable, menos necesidad de sobredimensionar refrigeración y menos energía dedicada al enfriamiento.
  • De la IA al coche eléctrico y el espacio
  • Si saltamos a la electrónica de potencia, la historia se vuelve todavía más tangible. Los nuevos avances han permitido conmutación más rápida, mayor eficiencia y sistemas más compactos. Pero la miniaturización tiene una trampa: la densidad de potencia aumenta. Y cuando esto ocurre, el problema, más allá de la temperatura media, es el estrés térmico.
  • Los ciclos térmicos provocan fatiga, y la fatiga provoca fallos, que son eventos críticos en potencia. Por eso, un material que conduzca el calor mucho mejor puede tener una utilidad directa como capa de reparto térmico o elemento estructural dentro de módulos, reduciendo picos y gradientes. Si el calor se reparte antes, el sistema envejece más despacio. Y eso, en industria, es una moneda valiosa.
  • Por ejemplo, en un vehículo eléctrico, inversores, cargadores y convertidores DC/DC –que transforman corriente continua a distintos niveles de tensión– trabajan con restricciones duras de espacio, vibración y fiabilidad. La térmica condiciona el tamaño de los módulos, el tipo de refrigeración y la vida útil del sistema. Un material con conductividad térmica superior puede permitir que el calor se reparta mejor y que la refrigeración sea más efectiva sin crecer en volumen.
  • Otro caso de uso lo encontramos en el espacio, donde no hay convección. Es decir, no hay aire ni ventiladores para enfriar la electrónica; el calor se gestiona por conducción interna y radiación. Aquí, una mejora en conductividad puede traducirse en menos masa, rutas térmicas más eficientes y electrónica más densa. Y, en una constelación de satélites satélites de órbita terrestre baja (LEO), cada gramo cuenta.
  • Del laboratorio a la fábrica
  • ¿Qué impide que mañana todo sea de θ-TaN? La historia de la ciencia de materiales está llena de descubrimientos espectaculares que nunca salieron del laboratorio. El problema es que la industria necesita que sea bueno dentro de un mundo real. Y, ahí, se mezclan costes, procesos, ciclos térmicos, tensiones mecánicas, compatibilidad con otros materiales, disponibilidad y geopolítica.
  • El hallazgo importa porque, durante mucho, tiempo se asumió que, en metales, el cobre estaba cerca del techo práctico de conductividad térmica. Ha sido la columna vertebral de la gestión térmica en la electrónica moderna por su coste-beneficio. Así que el nuevo hallazgo sugiere que quizá, en el futuro, puede dejar de ser así.
  • Eso no significa que el cobre vaya a desaparecer, pues sigue siendo barato, excelente y ubicuo. Pero abre una puerta a que, en piezas específicas, aparezcan materiales capaces de superar al estándar.
  • Este invento puede desbloquear arquitecturas enteras. Porque, al final, la industria tecnológica no suele caerse por falta de ideas. Se cae por falta de rutas térmicas. Y si un material permite que el calor circule mejor, está ampliando el espacio de diseño de toda la electrónica moderna.
  • Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

Floren Horcajo/Shutterstock

Hay una escena que se repite en la industria tecnológica con una regularidad casi cómica. Un equipo diseña un sistema más potente: una unidad de procesamiento gráfico (GPU) para IA, un módulo de potencia para coche eléctrico o un procesador para satélite. Todo encaja. Las simulaciones salen bien. El prototipo funciona. Y, entonces, aparece el enemigo que nadie quiere en la película: el calor.

No es un problema elegante. No suena a futuro. Es un problema de cocina. En muchos casos, la electrónica moderna no está limitada por la capacidad de cálculo, ni por el algoritmo, ni siquiera por el semiconductor. Está limitada por algo mucho más prosaico: la capacidad de evacuar calor, sin que el sistema se estrangule o envejezca antes de tiempo.

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En este contexto, un hallazgo reciente ha captado la atención de los expertos en materiales y electrónica. Los investigadores han encontrado un material metálico con una conductividad térmica tan alta que deja al cobre (que es el estándar industrial de referencia para conducción térmica) en una posición incómoda.

El material es el nitruro de tántalo (TaN), en una fase cristalina conocida como θ-TaN., cuya importancia radica en su conductividad térmica: 1.100 W/m·K (el orden de magnitud del cobre ronda los 400 W/m·K). La diferencia no es marginal. Es como pasar de una carretera convencional a una autopista de varios carriles: el tráfico térmico, que hoy se atasca en puntos críticos, podría circular con mucha menos resistencia.

En ciencia de materiales, batir un récord no es raro. Lo raro es que ese récord toque un nervio industrial real. Y aquí lo toca.

No es un metal “nuevo”, pero sí una noticia importante

Este metal no se ha “descubierto” como si fuese una veta desconocida o un nuevo elemento de la tabla periódica. El tántalo existe desde hace décadas y lleva años dentro de teléfonos, satélites y electrónica de alta fiabilidad. Lo que cambia aquí es su estructura cristalina. El nitruro de tántalo en fase θ no aparece “porque sí”: es un material que se obtiene en el laboratorio. Y la pregunta importante es si puede escalarse su producción.

Aquí aparece el detalle que hace que esta historia sea más interesante de lo que parece. En una industria, validar un material nuevo puede llevar años. Sin embargo, el TaN, como familia de materiales, no es un desconocido para la microelectrónica. Se ha usado durante años como barrera de difusión y en capas funcionales dentro de procesos de fabricación. Aunque eso no significa que esta fase concreta esté lista para entrar mañana en una fábrica, no parte desde cero.

El verdadero cuello de botella es el calor

¿Por qué importa tanto conducir calor mejor que el cobre? Porque, aunque no lo parezca, la electrónica moderna no está en una carrera para ser más inteligente. Está, sobre todo, en una carrera para no derretirse.

La inteligencia artificial es el ejemplo más visible y de moda. Hoy el debate público gira alrededor de modelos, chips, datos y geopolítica. Sin embargo, en el mundo físico, el drama cotidiano está en los aceleradores que usan las IA porque trabajan con densidades de potencia enormes. En ellos, el calor, en vez de generarse de forma uniforme, se concentra en hotspots, es decir, pequeños puntos del circuito donde la temperatura se dispara.

Los hotspots no se resuelven con un ventilador más grande, sino repartiendo el calor antes de que se convierta en un pico local. Cuando un chip se calienta demasiado en una zona, la electrónica reacciona reduciendo rendimiento. Es un mecanismo de autoprotección. Y esa es la parte que casi nunca se cuenta: muchas veces solo vemos el máximo rendimiento del hardware que la temperatura permite.

Un material con una conductividad térmica mucho mayor puede actuar como un repartidor rápido que reduzca picos. La consecuencia es, aparte de “más frío”, un rendimiento más estable, menos necesidad de sobredimensionar refrigeración y menos energía dedicada al enfriamiento.

De la IA al coche eléctrico y el espacio

Si saltamos a la electrónica de potencia, la historia se vuelve todavía más tangible. Los nuevos avances han permitido conmutación más rápida, mayor eficiencia y sistemas más compactos. Pero la miniaturización tiene una trampa: la densidad de potencia aumenta. Y cuando esto ocurre, el problema, más allá de la temperatura media, es el estrés térmico.

Los ciclos térmicos provocan fatiga, y la fatiga provoca fallos, que son eventos críticos en potencia. Por eso, un material que conduzca el calor mucho mejor puede tener una utilidad directa como capa de reparto térmico o elemento estructural dentro de módulos, reduciendo picos y gradientes. Si el calor se reparte antes, el sistema envejece más despacio. Y eso, en industria, es una moneda valiosa.

Por ejemplo, en un vehículo eléctrico, inversores, cargadores y convertidores DC/DC –que transforman corriente continua a distintos niveles de tensión– trabajan con restricciones duras de espacio, vibración y fiabilidad. La térmica condiciona el tamaño de los módulos, el tipo de refrigeración y la vida útil del sistema. Un material con conductividad térmica superior puede permitir que el calor se reparta mejor y que la refrigeración sea más efectiva sin crecer en volumen.

Otro caso de uso lo encontramos en el espacio, donde no hay convección. Es decir, no hay aire ni ventiladores para enfriar la electrónica; el calor se gestiona por conducción interna y radiación. Aquí, una mejora en conductividad puede traducirse en menos masa, rutas térmicas más eficientes y electrónica más densa. Y, en una constelación de satélites satélites de órbita terrestre baja (LEO), cada gramo cuenta.

Del laboratorio a la fábrica

¿Qué impide que mañana todo sea de θ-TaN? La historia de la ciencia de materiales está llena de descubrimientos espectaculares que nunca salieron del laboratorio. El problema es que la industria necesita que sea bueno dentro de un mundo real. Y, ahí, se mezclan costes, procesos, ciclos térmicos, tensiones mecánicas, compatibilidad con otros materiales, disponibilidad y geopolítica.

El hallazgo importa porque, durante mucho, tiempo se asumió que, en metales, el cobre estaba cerca del techo práctico de conductividad térmica. Ha sido la columna vertebral de la gestión térmica en la electrónica moderna por su coste-beneficio. Así que el nuevo hallazgo sugiere que quizá, en el futuro, puede dejar de ser así.

Eso no significa que el cobre vaya a desaparecer, pues sigue siendo barato, excelente y ubicuo. Pero abre una puerta a que, en piezas específicas, aparezcan materiales capaces de superar al estándar.

Este invento puede desbloquear arquitecturas enteras. Porque, al final, la industria tecnológica no suele caerse por falta de ideas. Se cae por falta de rutas térmicas. Y si un material permite que el calor circule mejor, está ampliando el espacio de diseño de toda la electrónica moderna.

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria. Puedes consultar la publicación original aquí.