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InvestigaciónThe Conversation en Español

La huella de la muerte: el duelo prolongado de la Guerra Civil y el franquismo

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Publicado el 20 de agosto de 2026 a las 04:30 p. m.Actualizado el 20 de agosto de 2026 a las 04:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Durante décadas, la guerra civil española se ha estudiado a través de los hechos: los combates, la represión, las desapariciones forzadas, las fosas comunes o el exilio. Gracias a ese enorme esfuerzo historiográfico conocemos con bastante precisión cómo se ejerció la violencia y cuáles fueron sus consecuencias políticas y sociales.
  • Sin embargo, una pregunta permanecía casi intacta: ¿qué ocurre psicológicamente con las familias cuando una pérdida nunca puede cerrarse? Responder a esta cuestión exige mirar el pasado desde un lugar diferente.
  • Siguiendo el camino abierto por las aportaciones de las investigadoras Teresa Morandi y Anna Miñarro, se trata de explorar perspectivas que permitan comprender no solo el impacto del trauma y el duelo, sino también sus efectos en las relaciones familiares, la transmisión intergeneracional, la construcción de la memoria y las formas en que los acontecimientos no elaborados continúan actuando sobre las generaciones posteriores.
  • Esa ha sido la finalidad de nuestra investigación, que ha combinado herramientas de la historia y la psicología para analizar la experiencia de duelo prolongado, los síntomas de naturaleza traumática, las estrategias de afrontamiento y otras variables cognitivas presentes entre familiares de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.
  • Heridas que permanecen abiertas y se transmiten a las siguientes generaciones
  • Los resultados confirman una idea fundamental: el paso del tiempo no basta para resolver una pérdida cuando esta nunca ha podido elaborarse. En miles de familias españolas no hubo un cuerpo que enterrar, un funeral que celebrar ni un lugar donde recordar a los muertos. Esa ausencia convirtió el duelo en un proceso suspendido, marcado por la incertidumbre y por la imposibilidad de integrar plenamente la pérdida en la historia familiar.
  • Nuestros trabajos revelan que la intensidad del duelo se sigue relacionando estrechamente con síntomas de estrés postraumático incluso varias generaciones después.
  • Pero quizá el hallazgo más relevante no reside en demostrar que ese sufrimiento persiste, sino en comprender cómo se organiza. Nuestro más reciente estudio adopta una perspectiva distinta mediante el análisis de redes, una técnica de estadística orientada a modelizar y representar las relaciones entre un conjunto de variables. Es decir, en lugar de preguntar cuánto pesa cada síntoma por separado, analiza cómo se relacionan entre sí y cuáles actúan como ejes que organizan toda la experiencia emocional compleja.
  • Los resultados muestran que la experiencia traumática y de duelo prolongado presenta un patrón de organización diferente según la disponibilidad de los restos mortales.
  • Entre los síntomas psicológicos más presentes destacan los pensamientos intrusivos –recuerdos persistentes que irrumpen de forma involuntaria– y la hiperactivación fisiológica, ese estado de vigilancia constante característico de quienes han vivido o heredado una experiencia traumática. Son estos elementos, más que la propia intensidad del duelo, los que estructuran el sufrimiento cuando la pérdida permanece abierta.
  • Distintas maneras de vivir el trauma
  • Entre quienes desconocen por completo dónde se encuentran los restos de sus familiares, el malestar psicológico aparece organizado alrededor de la intrusión y la hiperactivación. La incertidumbre permanente mantiene activo el trauma y dificulta que el duelo pueda transformarse en un recuerdo integrado. La pérdida sigue siendo una experiencia abierta, incapaz de encontrar un cierre emocional.
  • Más llamativo todavía es el caso de quienes creen conocer el lugar donde se encuentra su familiar, pero no pueden recuperarlo. En este grupo prácticamente desaparecen las conexiones entre las distintas variables psicológicas.
  • Eso no significa que sufran menos. Al contrario: los datos sugieren que el estrés termina fragmentando la experiencia emocional hasta hacer que el padecimiento pierda una organización reconocible. Los síntomas dejan de relacionarse entre sí de manera coherente, un patrón que los autores interpretamos como compatible con procesos de tipo disociativo provocados por la paradoja de saber dónde está el ser querido sin poder hacer nada para recuperarlo.
  • El panorama cambia entre quienes sí han podido recuperar los restos. El dolor no desaparece, pero su estructura psicológica es diferente. El estrés pierde protagonismo y variables cognitivas relacionadas con la elaboración del duelo adquieren mayor relevancia. La red emocional aparece más cohesionada, lo que sugiere que la posibilidad de identificar, enterrar y despedir al familiar favorece una reorganización del sufrimiento.
  • No significa olvidar ni dejar de sentir la pérdida. Significa que esa pérdida deja de construirse exclusivamente alrededor de la incertidumbre para empezar a integrarse en una narrativa familiar donde existe un nombre, un lugar y un ritual de despedida.
  • Entrevistas a víctimas y familiares de ambos bandos
  • Esta conclusión introduce una perspectiva nueva en el debate sobre las exhumaciones. Hasta ahora las hemos entendido, sobre todo, como una cuestión de verdad, justicia y memoria democrática. Nuestros resultados no sustituyen esa interpretación, pero añaden otra dimensión igualmente relevante: la psicológica.
  • Finalmente, cabe señalar que la investigación incorporó a víctimas y familiares con independencia del bando al que hubieran pertenecido. Este criterio responde al propósito de estudiar el fenómeno colectivo de manera rigurosa, objetiva e inclusiva, sin adscripción a ninguna ideología o posicionamiento político.
  • En este marco, y siguiendo la concepción de la ciudadanía democrática planteada por el historiador y sociólogo francés Pierre Rosanvallon, el proyecto aspira a poner el conocimiento científico al servicio de una ciudadanía informada, abordando estas experiencias desde una perspectiva rigurosa que contribuya a una comprensión colectiva basada en la evidencia, el respeto y la dignidad de todas las personas afectadas.
  • Francisco Jorge Leira Castiñeira recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades a través de un contrato Ramón y Cajal (RYC2023-045639-I).
  • Raquel Martín Ríos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Durante décadas, la guerra civil española se ha estudiado a través de los hechos: los combates, la represión, las desapariciones forzadas, las fosas comunes o el exilio. Gracias a ese enorme esfuerzo historiográfico conocemos con bastante precisión cómo se ejerció la violencia y cuáles fueron sus consecuencias políticas y sociales.

Sin embargo, una pregunta permanecía casi intacta: ¿qué ocurre psicológicamente con las familias cuando una pérdida nunca puede cerrarse? Responder a esta cuestión exige mirar el pasado desde un lugar diferente.

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Siguiendo el camino abierto por las aportaciones de las investigadoras Teresa Morandi y Anna Miñarro, se trata de explorar perspectivas que permitan comprender no solo el impacto del trauma y el duelo, sino también sus efectos en las relaciones familiares, la transmisión intergeneracional, la construcción de la memoria y las formas en que los acontecimientos no elaborados continúan actuando sobre las generaciones posteriores.

Esa ha sido la finalidad de nuestra investigación, que ha combinado herramientas de la historia y la psicología para analizar la experiencia de duelo prolongado, los síntomas de naturaleza traumática, las estrategias de afrontamiento y otras variables cognitivas presentes entre familiares de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Heridas que permanecen abiertas y se transmiten a las siguientes generaciones

Los resultados confirman una idea fundamental: el paso del tiempo no basta para resolver una pérdida cuando esta nunca ha podido elaborarse. En miles de familias españolas no hubo un cuerpo que enterrar, un funeral que celebrar ni un lugar donde recordar a los muertos. Esa ausencia convirtió el duelo en un proceso suspendido, marcado por la incertidumbre y por la imposibilidad de integrar plenamente la pérdida en la historia familiar.

Nuestros trabajos revelan que la intensidad del duelo se sigue relacionando estrechamente con síntomas de estrés postraumático incluso varias generaciones después.

Pero quizá el hallazgo más relevante no reside en demostrar que ese sufrimiento persiste, sino en comprender cómo se organiza. Nuestro más reciente estudio adopta una perspectiva distinta mediante el análisis de redes, una técnica de estadística orientada a modelizar y representar las relaciones entre un conjunto de variables. Es decir, en lugar de preguntar cuánto pesa cada síntoma por separado, analiza cómo se relacionan entre sí y cuáles actúan como ejes que organizan toda la experiencia emocional compleja.

Los resultados muestran que la experiencia traumática y de duelo prolongado presenta un patrón de organización diferente según la disponibilidad de los restos mortales.

Entre los síntomas psicológicos más presentes destacan los pensamientos intrusivos –recuerdos persistentes que irrumpen de forma involuntaria– y la hiperactivación fisiológica, ese estado de vigilancia constante característico de quienes han vivido o heredado una experiencia traumática. Son estos elementos, más que la propia intensidad del duelo, los que estructuran el sufrimiento cuando la pérdida permanece abierta.

Distintas maneras de vivir el trauma

Entre quienes desconocen por completo dónde se encuentran los restos de sus familiares, el malestar psicológico aparece organizado alrededor de la intrusión y la hiperactivación. La incertidumbre permanente mantiene activo el trauma y dificulta que el duelo pueda transformarse en un recuerdo integrado. La pérdida sigue siendo una experiencia abierta, incapaz de encontrar un cierre emocional.

Más llamativo todavía es el caso de quienes creen conocer el lugar donde se encuentra su familiar, pero no pueden recuperarlo. En este grupo prácticamente desaparecen las conexiones entre las distintas variables psicológicas.

Eso no significa que sufran menos. Al contrario: los datos sugieren que el estrés termina fragmentando la experiencia emocional hasta hacer que el padecimiento pierda una organización reconocible. Los síntomas dejan de relacionarse entre sí de manera coherente, un patrón que los autores interpretamos como compatible con procesos de tipo disociativo provocados por la paradoja de saber dónde está el ser querido sin poder hacer nada para recuperarlo.

El panorama cambia entre quienes sí han podido recuperar los restos. El dolor no desaparece, pero su estructura psicológica es diferente. El estrés pierde protagonismo y variables cognitivas relacionadas con la elaboración del duelo adquieren mayor relevancia. La red emocional aparece más cohesionada, lo que sugiere que la posibilidad de identificar, enterrar y despedir al familiar favorece una reorganización del sufrimiento.

No significa olvidar ni dejar de sentir la pérdida. Significa que esa pérdida deja de construirse exclusivamente alrededor de la incertidumbre para empezar a integrarse en una narrativa familiar donde existe un nombre, un lugar y un ritual de despedida.

Entrevistas a víctimas y familiares de ambos bandos

Esta conclusión introduce una perspectiva nueva en el debate sobre las exhumaciones. Hasta ahora las hemos entendido, sobre todo, como una cuestión de verdad, justicia y memoria democrática. Nuestros resultados no sustituyen esa interpretación, pero añaden otra dimensión igualmente relevante: la psicológica.

Finalmente, cabe señalar que la investigación incorporó a víctimas y familiares con independencia del bando al que hubieran pertenecido. Este criterio responde al propósito de estudiar el fenómeno colectivo de manera rigurosa, objetiva e inclusiva, sin adscripción a ninguna ideología o posicionamiento político.

En este marco, y siguiendo la concepción de la ciudadanía democrática planteada por el historiador y sociólogo francés Pierre Rosanvallon, el proyecto aspira a poner el conocimiento científico al servicio de una ciudadanía informada, abordando estas experiencias desde una perspectiva rigurosa que contribuya a una comprensión colectiva basada en la evidencia, el respeto y la dignidad de todas las personas afectadas.

Francisco Jorge Leira Castiñeira recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades a través de un contrato Ramón y Cajal (RYC2023-045639-I).

Raquel Martín Ríos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Francisco Jorge Leira Castiñeira, Ramón y Cajal Fellow en Historia Contemporánea, Universidad Carlos III. Puedes consultar la publicación original aquí.