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La toma de decisiones en una gran emergencia: cuando la realidad cambia más deprisa que la información disponible

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Publicado el 17 de julio de 2026 a las 12:30 a. m.Actualizado el 17 de julio de 2026 a las 12:30 a. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Medios de extinción frente al incendio en Los Gallardos, Almería, el 10 de julio de 2026. Arafatmyt/Shutterstock
  • El incendio de Los Gallardos (Almería), con un dramático balance de víctimas mortales, miles de hectáreas calcinadas y numerosas personas evacuadas, ha vuelto a poner de manifiesto la enorme complejidad que acompaña a las grandes emergencias. Mientras los equipos de extinción continúan su trabajo y las autoridades analizan lo sucedido, comienzan también las preguntas inevitables: ¿se avisó a tiempo?, ¿eran necesarias las evacuaciones?, ¿por qué algunas personas no siguieron las indicaciones recibidas?
  • Son preguntas legítimas. Sin embargo, antes de responderlas conviene comprender una realidad que con frecuencia pasa desapercibida para quienes observamos la emergencia desde fuera. Los responsables de dirigir un operativo toman sus decisiones con toda la información disponible en cada momento. El problema es que esa información nunca refleja por completo una realidad que evoluciona de forma continua mientras las decisiones deben seguir adoptándose.
  • Esta es, probablemente, una de las mayores dificultades de la gestión de emergencias: decidir no solo con rapidez, sino también con acierto cuando el escenario cambia más deprisa que la capacidad para conocerlo.
  • No es posible tener una imagen exacta de la emergencia
  • Existe una percepción muy extendida de que los responsables de una emergencia disponen de una especie de “pantalla completa” desde la que observan todo lo que sucede en tiempo real. La realidad es muy distinta.
  • Los centros de coordinación no contemplan el incendio desde una posición privilegiada. Construyen progresivamente una imagen operativa a partir de la información que reciben de bomberos, agentes forestales, patrullas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, servicios sanitarios, técnicos de Protección Civil, alcaldes, concejales, retenes desplegados o ciudadanos que llaman a los servicios de emergencia.
  • Cada interviniente observa únicamente la parte de la realidad que tiene delante y la comunica desde su propia posición operativa. Ninguno dispone, por sí solo, de una visión completa del conjunto.
  • El verdadero trabajo del centro de coordinación consiste precisamente en integrar todas esas piezas dispersas, contrastarlas cuando existen discrepancias y elaborar una representación lo más fiel posible de una situación que continúa evolucionando minuto a minuto. En gestión de emergencias, esa representación recibe el nombre de conciencia situacional: una imagen operativa que nunca es definitiva y que debe actualizarse constantemente conforme llegan nuevos datos desde el terreno.
  • Los Gallardos: la gravedad de algunos incendios ya no se mide en hectáreas, sino en vidas
  • Cuando la realidad cambia antes que la información
  • Los incendios forestales son fenómenos extraordinariamente dinámicos. Un cambio brusco del viento, una nueva ignición, la aparición de humo sobre una carretera o la rápida propagación hacia una zona habitada pueden modificar completamente la situación en cuestión de minutos.
  • Sin embargo, la información no viaja a la misma velocidad que el fuego. Entre lo que ocurre sobre el terreno, el momento en que alguien lo detecta, la comunicación al centro de coordinación, la validación del dato y la adopción de una decisión transcurren unos minutos que, en determinadas circunstancias, pueden resultar decisivos.
  • No se trata de una deficiencia del sistema. Es una característica inherente a cualquier gran emergencia. Ninguna organización dispone de un interviniente en cada punto del territorio ni puede observar simultáneamente todo lo que sucede en un escenario que cambia de forma permanente.
  • Precisamente por ello, la dirección de una emergencia exige revisar continuamente las decisiones adoptadas conforme aparecen nuevos datos y evoluciona la situación.
  • Comunicar también es proteger
  • En este contexto adquieren especial importancia los sistemas de alerta a la población, como ES-Alert. Su incorporación representa uno de los avances más importantes de los últimos años en materia de protección civil, al permitir enviar instrucciones inmediatas a los teléfonos móviles de las personas situadas en una zona de riesgo.
  • ¿Cómo funciona el sistema de alerta de emergencias ES_ALERT utilizado en la dana de Valencia?
  • Pero ninguna herramienta tecnológica sustituye al criterio operativo. Una alerta solo resulta verdaderamente eficaz cuando llega en el momento oportuno, transmite instrucciones claras y consigue que la población adopte el comportamiento esperado, ya sea permanecer confinada, evacuar una zona o evitar determinados desplazamientos.
  • La comunicación del riesgo no constituye un elemento accesorio de la emergencia. Forma parte de la propia respuesta operativa.
  • ¿Por qué algunas personas reaccionan ante un aviso de emergencia y otras no?
  • Aprender para mejorar
  • Cuando un incendio queda estabilizado, comienza otra fase igualmente importante: analizar lo ocurrido.
  • Reconstruir la cronología de los hechos, revisar las decisiones adoptadas, estudiar la coordinación entre administraciones y evaluar la eficacia de las comunicaciones no debe entenderse únicamente como un ejercicio para depurar responsabilidades cuando proceda. Constituye, sobre todo, una oportunidad para mejorar la respuesta futura.
  • Cada gran emergencia deja enseñanzas difíciles de obtener por otros medios. Quizá la más importante sea recordar que dirigir una crisis nunca consiste en elegir entre soluciones perfectas. Consiste en adoptar la mejor decisión posible con la información disponible en ese instante, sabiendo que esa información cambiará pocos minutos después.
  • Comprender esta realidad no significa renunciar a exigir el máximo rigor a quienes gestionan las emergencias. La próxima vez que una gran emergencia ocupe los titulares, merece la pena recordar que quienes la dirigen no trabajan con la ventaja que ofrece la reconstrucción posterior de los hechos. Deben decidir en tiempo real, mientras la realidad cambia continuamente y la información llega de forma fragmentaria. Esa es, probablemente, la mayor dificultad –y también la mayor responsabilidad– de la dirección de una emergencia.
  • Fidel Bedia Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Medios de extinción frente al incendio en Los Gallardos, Almería, el 10 de julio de 2026. Arafatmyt/Shutterstock

El incendio de Los Gallardos (Almería), con un dramático balance de víctimas mortales, miles de hectáreas calcinadas y numerosas personas evacuadas, ha vuelto a poner de manifiesto la enorme complejidad que acompaña a las grandes emergencias. Mientras los equipos de extinción continúan su trabajo y las autoridades analizan lo sucedido, comienzan también las preguntas inevitables: ¿se avisó a tiempo?, ¿eran necesarias las evacuaciones?, ¿por qué algunas personas no siguieron las indicaciones recibidas?

Son preguntas legítimas. Sin embargo, antes de responderlas conviene comprender una realidad que con frecuencia pasa desapercibida para quienes observamos la emergencia desde fuera. Los responsables de dirigir un operativo toman sus decisiones con toda la información disponible en cada momento. El problema es que esa información nunca refleja por completo una realidad que evoluciona de forma continua mientras las decisiones deben seguir adoptándose.

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Esta es, probablemente, una de las mayores dificultades de la gestión de emergencias: decidir no solo con rapidez, sino también con acierto cuando el escenario cambia más deprisa que la capacidad para conocerlo.

No es posible tener una imagen exacta de la emergencia

Existe una percepción muy extendida de que los responsables de una emergencia disponen de una especie de “pantalla completa” desde la que observan todo lo que sucede en tiempo real. La realidad es muy distinta.

Los centros de coordinación no contemplan el incendio desde una posición privilegiada. Construyen progresivamente una imagen operativa a partir de la información que reciben de bomberos, agentes forestales, patrullas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, servicios sanitarios, técnicos de Protección Civil, alcaldes, concejales, retenes desplegados o ciudadanos que llaman a los servicios de emergencia.

Cada interviniente observa únicamente la parte de la realidad que tiene delante y la comunica desde su propia posición operativa. Ninguno dispone, por sí solo, de una visión completa del conjunto.

El verdadero trabajo del centro de coordinación consiste precisamente en integrar todas esas piezas dispersas, contrastarlas cuando existen discrepancias y elaborar una representación lo más fiel posible de una situación que continúa evolucionando minuto a minuto. En gestión de emergencias, esa representación recibe el nombre de conciencia situacional: una imagen operativa que nunca es definitiva y que debe actualizarse constantemente conforme llegan nuevos datos desde el terreno.


Leer más: Los Gallardos: la gravedad de algunos incendios ya no se mide en hectáreas, sino en vidas


Cuando la realidad cambia antes que la información

Los incendios forestales son fenómenos extraordinariamente dinámicos. Un cambio brusco del viento, una nueva ignición, la aparición de humo sobre una carretera o la rápida propagación hacia una zona habitada pueden modificar completamente la situación en cuestión de minutos.

Sin embargo, la información no viaja a la misma velocidad que el fuego. Entre lo que ocurre sobre el terreno, el momento en que alguien lo detecta, la comunicación al centro de coordinación, la validación del dato y la adopción de una decisión transcurren unos minutos que, en determinadas circunstancias, pueden resultar decisivos.

No se trata de una deficiencia del sistema. Es una característica inherente a cualquier gran emergencia. Ninguna organización dispone de un interviniente en cada punto del territorio ni puede observar simultáneamente todo lo que sucede en un escenario que cambia de forma permanente.

Precisamente por ello, la dirección de una emergencia exige revisar continuamente las decisiones adoptadas conforme aparecen nuevos datos y evoluciona la situación.

Comunicar también es proteger

En este contexto adquieren especial importancia los sistemas de alerta a la población, como ES-Alert. Su incorporación representa uno de los avances más importantes de los últimos años en materia de protección civil, al permitir enviar instrucciones inmediatas a los teléfonos móviles de las personas situadas en una zona de riesgo.


Leer más: ¿Cómo funciona el sistema de alerta de emergencias ES_ALERT utilizado en la dana de Valencia?


Pero ninguna herramienta tecnológica sustituye al criterio operativo. Una alerta solo resulta verdaderamente eficaz cuando llega en el momento oportuno, transmite instrucciones claras y consigue que la población adopte el comportamiento esperado, ya sea permanecer confinada, evacuar una zona o evitar determinados desplazamientos.

La comunicación del riesgo no constituye un elemento accesorio de la emergencia. Forma parte de la propia respuesta operativa.


Leer más: ¿Por qué algunas personas reaccionan ante un aviso de emergencia y otras no?


Aprender para mejorar

Cuando un incendio queda estabilizado, comienza otra fase igualmente importante: analizar lo ocurrido.

Reconstruir la cronología de los hechos, revisar las decisiones adoptadas, estudiar la coordinación entre administraciones y evaluar la eficacia de las comunicaciones no debe entenderse únicamente como un ejercicio para depurar responsabilidades cuando proceda. Constituye, sobre todo, una oportunidad para mejorar la respuesta futura.

Cada gran emergencia deja enseñanzas difíciles de obtener por otros medios. Quizá la más importante sea recordar que dirigir una crisis nunca consiste en elegir entre soluciones perfectas. Consiste en adoptar la mejor decisión posible con la información disponible en ese instante, sabiendo que esa información cambiará pocos minutos después.

Comprender esta realidad no significa renunciar a exigir el máximo rigor a quienes gestionan las emergencias. La próxima vez que una gran emergencia ocupe los titulares, merece la pena recordar que quienes la dirigen no trabajan con la ventaja que ofrece la reconstrucción posterior de los hechos. Deben decidir en tiempo real, mientras la realidad cambia continuamente y la información llega de forma fragmentaria. Esa es, probablemente, la mayor dificultad –y también la mayor responsabilidad– de la dirección de una emergencia.

Fidel Bedia Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Fidel Bedia Castillo, Coordinador Académico Máster Universitario en Seguridad Pública, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja. Puedes consultar la publicación original aquí.