Más allá del porno: ¿cómo afectan los contenidos explícitos en cine y series al desarrollo sexual de los adolescentes?
- •Cottonbro studio/Pexels , CC BY
- •Los guiones que orientan nuestras trayectorias vitales se van modelando, en parte, a través de las historias y los comportamientos que vemos reflejados en los medios y la cultura popular. Esta influencia es especialmente profunda durante la adolescencia, etapa del desarrollo formativo en que los jóvenes exploran las normas y los roles sociales y van construyendo lo que más tarde será su identidad adulta.
- •Una de las dimensiones clave de este período, que puede verse muy afectada por los medios y el entretenimiento de masas, es lo que en el ámbito académico se conoce como “guiones sexuales” (sexual scripts). Se trata de las pautas y expectativas aprendidas que, una vez interiorizadas, guían la manera en que las personas, principalmente los adolescentes, entienden y viven la sexualidad en su día a día.
- •Antes en la pantalla que en la vida
- •En la sociedad actual, gran parte de lo que los adolescentes saben sobre las relaciones afectivas les llega filtrado a través de las pantallas, a menudo mucho antes de tener sus primeras experiencias románticas o sexuales. En este contexto, una de las preocupaciones centrales es cómo la pornografía puede influir en la experiencia cotidiana de la intimidad y la sexualidad.
- •A medida que la tecnología se cuela en cada rincón de nuestras vidas, niños y niñas tienen acceso a teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales a edades cada vez más tempranas. Esto se traduce en un acceso prematuro a la pornografía, que hoy en día puede empezar tan pronto como a los 12 años.
- •Neurociencia de los medios de comunicación: ¿cómo nos impactan sus mensajes?
- •El impacto del consumo precoz de porno
- •Diversas investigaciones han demostrado que el consumo de pornografía está asociado a ciertos rasgos individuales, como la búsqueda de sensaciones o la apertura a la experiencia. También se ha analizado cómo el acceso temprano a dichos contenidos puede moldear las actitudes y conductas sexuales.
- •Los resultados son ambiguos. Mientras que algunos estudios apuntan que la pornografía refuerza expectativas poco realistas o estereotipos de género, otros sugieren que, en determinados contextos, puede ser una fuente válida de información, exploración o autoconocimiento sexual.
- •Nuestro estudio reciente aporta un nuevo matiz a este debate al plantear que el contenido sexual presente en los medios audiovisuales convencionales (no pornográficos) puede servir como un paso intermedio hacia el consumo posterior de pornografía.
- •El sexo en la pantalla
- •Nuestra investigación se basa en los datos de una encuesta representativa realizada a jóvenes adultos españoles de entre 18 y 25 años. Tras analizar las respuestas de 1 000 cuestionarios, examinamos si la exposición a medios convencionales sexualizados durante la adolescencia está relacionada con el consumo de pornografía entre los 18 y los 29 años, el período que en psicología se denomina “adultez emergente” (emerging adulthood).
- •Se pidió a los participantes que recordaran la película y la serie de televisión que más les hubieran marcado entre los 12 y los 17 años. Después, los títulos fueron clasificados utilizando la guía parental del sitio web IMDb en la categoría de “sexo y desnudez”, cuyos niveles van desde la ausencia de contenido explícito hasta el contenido explícito severo.
- •El impacto emocional de las escenas intensas
- •Este método basado en el recuerdo se apoya en la teoría de la “transportación narrativa” (narrative transportation), la idea de que las historias nos calan más hondo cuando nos absorben emocionalmente. Según esta teoría, es más probable que una serie o película que impacte, fascine o conmueva a un adolescente se quede grabada con nitidez en su memoria años después.
- •Al analizar la muestra global, el factor que mejor predijo el consumo de pornografía en la edad adulta fue, como era de esperar, su consumo previo durante la adolescencia.
- •De ‘Élite’ a ‘Euphoria’: sexualidades, relaciones, sentimientos y preocupaciones adolescentes
- •Sin embargo, entre los participantes que no habían visto pornografía antes de los 18 años, aquellos que recordaron películas y series de televisión clasificados con un contenido explícito “moderado” o “severo” mostraron una probabilidad significativamente mayor de consumirla de adultos. Esto confirmó una de las hipótesis centrales de nuestro estudio.
- •Curiosidad, normalización y desensibilización
- •Existen varias explicaciones posibles para este vínculo. La primera es la normalización: la exposición repetida a contenidos sexuales en el cine y la televisión puede moldear sutilmente lo que los adolescentes consideran un comportamiento normal, aceptable o deseable.
- •Otra posibilidad es la curiosidad. La adolescencia es ya de por sí una etapa de exploración y de gran sensibilidad hacia las nuevas experiencias. El contenido sexual enmarcado en historias que atrapan emocionalmente puede despertar un interés que, más adelante, lleve a algunos espectadores a buscar material más explícito en internet.
- •El artículo también plantea el factor de la desensibilización: escenas que al principio resultan provocadoras o transgresoras pueden volverse familiares con el tiempo. A medida que aumenta esa familiaridad, hay quienes buscan contenidos que les provoquen una respuesta emocional o fisiológica más intensa para mantener el mismo nivel de estímulo, lo que ayudaría a explicar el paso de los medios convencionales con carga sexual a la pornografía.
- •La pornografía no existe en un vacío
- •El estudio, no obstante, presenta ciertas limitaciones.
- •En primer lugar, lo que hemos detectado es una asociación, no una prueba de que exista una relación causa-efecto. Los resultados no demuestran de forma categórica que ver contenidos convencionales sexualizados empuje a los adolescentes a consumir pornografía. Sin embargo, sí señalan una posible vía de acceso hacia el material pornográfico en jóvenes que no habían sido expuestos a él previamente.
- •En segundo lugar, los participantes tuvieron que recordar experiencias de años atrás, lo que introduce la posibilidad del sesgo retrospectivo.
- •Un entorno mediático global
- •A pesar de estas limitaciones, el estudio enriquece nuestra comprensión de cómo influyen los contenidos audiovisuales en el desarrollo sexual. El valor principal de nuestro artículo radica en que amplía el foco, al dejar de analizar la pornografía de forma aislada para entender su relación con el entorno mediático en que crecen los adolescentes.
- •Otra implicación más práctica del estudio, útil tanto para padres como para educadores y organismos reguladores, es que respalda la validez de los sistemas públicos de calificación, como la guía parental de IMDb. Así, ponemos de relieve el papel que pueden jugar estas herramientas, al alcance de cualquiera, a la hora de tomar decisiones de visionado informadas y adecuadas para cada edad.
- •Pedro Antonio de la Rosa Fernández-Pacheco recibió fondos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) para la elaboración de este proyecto de investigación
- •Javier García-Manglano y Álvaro Villagrán Sánchez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
Los guiones que orientan nuestras trayectorias vitales se van modelando, en parte, a través de las historias y los comportamientos que vemos reflejados en los medios y la cultura popular. Esta influencia es especialmente profunda durante la adolescencia, etapa del desarrollo formativo en que los jóvenes exploran las normas y los roles sociales y van construyendo lo que más tarde será su identidad adulta.
Una de las dimensiones clave de este período, que puede verse muy afectada por los medios y el entretenimiento de masas, es lo que en el ámbito académico se conoce como “guiones sexuales” (sexual scripts). Se trata de las pautas y expectativas aprendidas que, una vez interiorizadas, guían la manera en que las personas, principalmente los adolescentes, entienden y viven la sexualidad en su día a día.
Antes en la pantalla que en la vida
En la sociedad actual, gran parte de lo que los adolescentes saben sobre las relaciones afectivas les llega filtrado a través de las pantallas, a menudo mucho antes de tener sus primeras experiencias románticas o sexuales. En este contexto, una de las preocupaciones centrales es cómo la pornografía puede influir en la experiencia cotidiana de la intimidad y la sexualidad.
A medida que la tecnología se cuela en cada rincón de nuestras vidas, niños y niñas tienen acceso a teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales a edades cada vez más tempranas. Esto se traduce en un acceso prematuro a la pornografía, que hoy en día puede empezar tan pronto como a los 12 años.
Leer más: Neurociencia de los medios de comunicación: ¿cómo nos impactan sus mensajes?
El impacto del consumo precoz de porno
Diversas investigaciones han demostrado que el consumo de pornografía está asociado a ciertos rasgos individuales, como la búsqueda de sensaciones o la apertura a la experiencia. También se ha analizado cómo el acceso temprano a dichos contenidos puede moldear las actitudes y conductas sexuales.
Los resultados son ambiguos. Mientras que algunos estudios apuntan que la pornografía refuerza expectativas poco realistas o estereotipos de género, otros sugieren que, en determinados contextos, puede ser una fuente válida de información, exploración o autoconocimiento sexual.
Nuestro estudio reciente aporta un nuevo matiz a este debate al plantear que el contenido sexual presente en los medios audiovisuales convencionales (no pornográficos) puede servir como un paso intermedio hacia el consumo posterior de pornografía.
El sexo en la pantalla
Nuestra investigación se basa en los datos de una encuesta representativa realizada a jóvenes adultos españoles de entre 18 y 25 años. Tras analizar las respuestas de 1 000 cuestionarios, examinamos si la exposición a medios convencionales sexualizados durante la adolescencia está relacionada con el consumo de pornografía entre los 18 y los 29 años, el período que en psicología se denomina “adultez emergente” (emerging adulthood).
Se pidió a los participantes que recordaran la película y la serie de televisión que más les hubieran marcado entre los 12 y los 17 años. Después, los títulos fueron clasificados utilizando la guía parental del sitio web IMDb en la categoría de “sexo y desnudez”, cuyos niveles van desde la ausencia de contenido explícito hasta el contenido explícito severo.
El impacto emocional de las escenas intensas
Este método basado en el recuerdo se apoya en la teoría de la “transportación narrativa” (narrative transportation), la idea de que las historias nos calan más hondo cuando nos absorben emocionalmente. Según esta teoría, es más probable que una serie o película que impacte, fascine o conmueva a un adolescente se quede grabada con nitidez en su memoria años después.
Al analizar la muestra global, el factor que mejor predijo el consumo de pornografía en la edad adulta fue, como era de esperar, su consumo previo durante la adolescencia.
Leer más: De ‘Élite’ a ‘Euphoria’: sexualidades, relaciones, sentimientos y preocupaciones adolescentes
Sin embargo, entre los participantes que no habían visto pornografía antes de los 18 años, aquellos que recordaron películas y series de televisión clasificados con un contenido explícito “moderado” o “severo” mostraron una probabilidad significativamente mayor de consumirla de adultos. Esto confirmó una de las hipótesis centrales de nuestro estudio.
Curiosidad, normalización y desensibilización
Existen varias explicaciones posibles para este vínculo. La primera es la normalización: la exposición repetida a contenidos sexuales en el cine y la televisión puede moldear sutilmente lo que los adolescentes consideran un comportamiento normal, aceptable o deseable.
Otra posibilidad es la curiosidad. La adolescencia es ya de por sí una etapa de exploración y de gran sensibilidad hacia las nuevas experiencias. El contenido sexual enmarcado en historias que atrapan emocionalmente puede despertar un interés que, más adelante, lleve a algunos espectadores a buscar material más explícito en internet.
El artículo también plantea el factor de la desensibilización: escenas que al principio resultan provocadoras o transgresoras pueden volverse familiares con el tiempo. A medida que aumenta esa familiaridad, hay quienes buscan contenidos que les provoquen una respuesta emocional o fisiológica más intensa para mantener el mismo nivel de estímulo, lo que ayudaría a explicar el paso de los medios convencionales con carga sexual a la pornografía.
La pornografía no existe en un vacío
El estudio, no obstante, presenta ciertas limitaciones.
En primer lugar, lo que hemos detectado es una asociación, no una prueba de que exista una relación causa-efecto. Los resultados no demuestran de forma categórica que ver contenidos convencionales sexualizados empuje a los adolescentes a consumir pornografía. Sin embargo, sí señalan una posible vía de acceso hacia el material pornográfico en jóvenes que no habían sido expuestos a él previamente.
En segundo lugar, los participantes tuvieron que recordar experiencias de años atrás, lo que introduce la posibilidad del sesgo retrospectivo.
Un entorno mediático global
A pesar de estas limitaciones, el estudio enriquece nuestra comprensión de cómo influyen los contenidos audiovisuales en el desarrollo sexual. El valor principal de nuestro artículo radica en que amplía el foco, al dejar de analizar la pornografía de forma aislada para entender su relación con el entorno mediático en que crecen los adolescentes.
Otra implicación más práctica del estudio, útil tanto para padres como para educadores y organismos reguladores, es que respalda la validez de los sistemas públicos de calificación, como la guía parental de IMDb. Así, ponemos de relieve el papel que pueden jugar estas herramientas, al alcance de cualquiera, a la hora de tomar decisiones de visionado informadas y adecuadas para cada edad.
Pedro Antonio de la Rosa Fernández-Pacheco recibió fondos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) para la elaboración de este proyecto de investigación
Javier García-Manglano y Álvaro Villagrán Sánchez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Pedro Antonio De la Rosa Fernández-Pacheco, Researcher, Universidad de Navarra. Puedes consultar la publicación original aquí.
