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Ni ver ni oír: así es el síndrome de Usher

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Publicado el 12 de agosto de 2026 a las 10:30 p. m.Actualizado el 12 de agosto de 2026 a las 10:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • mirzamlk/Shutterstock
  • “La ceguera separa a las personas de las cosas; la sordera separa a las personas de las personas”. La frase la pronunció Helen Keller, la primera graduada universitaria sordociega, es decir, con déficit combinado de visión y audición.
  • Este trastorno –único, porque no es la combinación de dos trastornos distintos– conlleva un elevado aislamiento social. La sordoceguera puede tener causas diversas, desde las ambientales (edad, meningitis, anoxia, prematuridad, encefalitis, daño cerebral traumático, etc.) hasta las genéticas. Dentro de las causas genéticas, la más frecuente es el síndrome de Usher.
  • Sordos y casi ciegos
  • El síndrome de Usher (USH) afecta a alrededor de 4 de cada 100 000 personas. Se trata de un trastorno hereditario que combina hipoacusia neurosensorial, pérdida progresiva de visión debido a una degeneración (distrofia) de la retina denominada retinosis pigmentaria. Además, puede acompañarse de una alteración del equilibrio por daños en el oído interno.
  • Existen tres tipos clínicos en función de la gravedad y el momento de aparición de los síntomas. La forma más grave de la enfermedad es el síndrome de Usher tipo 1 (USH1). Aparece en aproximadamente un tercio de los casos USH y está caracterizado por hipoacusia neurosensorial severa a profunda. Al ser prelingual (previa a desarrollar el lenguaje), estos pacientes nunca aprenden a hablar, a menos que se les trate con un implante coclear. Además, el USH1 se caracteriza por un retraso en el desarrollo motor debido a que la parte del oído que controla el equilibrio también se ve afectada. En los pacientes USH1, los primeros signos de retinosis pigmentaria aparecen en la primera década de vida y suele ser diagnosticada a mediados de la segunda.
  • El síndrome de Usher tipo 2 (USH2), de menor gravedad, es el tipo clínico más frecuente (dos de cada tres casos). El grado de hipoacusia puede ser de moderado a severo y permanece estable en el tiempo. Quienes lo sufren son capaces de desarrollar el habla y pueden comunicarse verbalmente. La función vestibular es normal y los síntomas de la retinosis –esto es, la pérdida de visión– se manifiestan habitualmente de forma más tardía, generalmente en la segunda década de vida.
  • En los pacientes con síndrome de Usher tipo 3 (USH3), muy poco frecuente, los niveles de audición permanecen generalmente normales durante la etapa de adquisición del lenguaje, de forma que estos niños no tienen problemas para desarrollar el habla. Hacia la tercera o cuarta década de vida, la pérdida auditiva se acelera, llegando en la mayor parte de los casos a una sordera profunda. La vista se ve afectada cuando se acerca la pubertad. Y la presencia de alteración en la función vestibular es variable (mitad de los pacientes).
  • El USH3 es relativamente frecuente en poblaciones endogámicas como la población finlandesa o entre los judíos askenazi.
  • Diagnóstico con secuenciación de nueva generación
  • Hasta el momento se han descrito 6 genes para USH1, tres para USH2 y un único gen para USH3. Estos genes codifican para proteínas de naturaleza muy diferente, pero todas ellas forman parte de una red proteica conocida como “interactoma Usher”, presente tanto en la retina como en el oído interno.
  • Actualmente, gracias a la secuenciación de nueva generación, se pueden diagnosticar genéticamente casi el cien por cien de los casos donde existe sospecha.
  • En cuanto a los tratamientos, dependiendo el grado de hipoacusia que presente el paciente, existen diferentes tipos de estrategias. Los audífonos pueden ser útiles en personas que padecen sorderas de leve a moderada. Cuando existe sordera congénita profunda, se suele recurrir a implantes cocleares.
  • Para la retinosis todavía no existe tratamiento. La buena noticia es que el ojo es un privilegiado desde el punto de vista inmune, ya que tiene la capacidad de limitar o reprimir la respuesta inmunitaria e inflamatoria dentro de sus estructuras para proteger la visión. Esto hace que los avances en terapias avanzadas contra esta enfermedad sean muy prometedoras.
  • Recientemente se ha iniciado un ensayo clínico en fase I/II para tratar mediante terapia génica pacientes con mutaciones en el gen MYO7A, principal responsable de USH1, y existe otro en fase III a punto de empezar utilizando oligonucleótidos antisentido para pacientes con síndrome de Usher tipo 2 y con mutaciones en una determinada región del gen USH2A.
  • José María Millán Salvador recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y la Conselleria d'educació de la Generalitat Valenciana

mirzamlk/Shutterstock

“La ceguera separa a las personas de las cosas; la sordera separa a las personas de las personas”. La frase la pronunció Helen Keller, la primera graduada universitaria sordociega, es decir, con déficit combinado de visión y audición.

Este trastorno –único, porque no es la combinación de dos trastornos distintos– conlleva un elevado aislamiento social. La sordoceguera puede tener causas diversas, desde las ambientales (edad, meningitis, anoxia, prematuridad, encefalitis, daño cerebral traumático, etc.) hasta las genéticas. Dentro de las causas genéticas, la más frecuente es el síndrome de Usher.

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Sordos y casi ciegos

El síndrome de Usher (USH) afecta a alrededor de 4 de cada 100 000 personas. Se trata de un trastorno hereditario que combina hipoacusia neurosensorial, pérdida progresiva de visión debido a una degeneración (distrofia) de la retina denominada retinosis pigmentaria. Además, puede acompañarse de una alteración del equilibrio por daños en el oído interno.

Existen tres tipos clínicos en función de la gravedad y el momento de aparición de los síntomas. La forma más grave de la enfermedad es el síndrome de Usher tipo 1 (USH1). Aparece en aproximadamente un tercio de los casos USH y está caracterizado por hipoacusia neurosensorial severa a profunda. Al ser prelingual (previa a desarrollar el lenguaje), estos pacientes nunca aprenden a hablar, a menos que se les trate con un implante coclear. Además, el USH1 se caracteriza por un retraso en el desarrollo motor debido a que la parte del oído que controla el equilibrio también se ve afectada. En los pacientes USH1, los primeros signos de retinosis pigmentaria aparecen en la primera década de vida y suele ser diagnosticada a mediados de la segunda.

El síndrome de Usher tipo 2 (USH2), de menor gravedad, es el tipo clínico más frecuente (dos de cada tres casos). El grado de hipoacusia puede ser de moderado a severo y permanece estable en el tiempo. Quienes lo sufren son capaces de desarrollar el habla y pueden comunicarse verbalmente. La función vestibular es normal y los síntomas de la retinosis –esto es, la pérdida de visión– se manifiestan habitualmente de forma más tardía, generalmente en la segunda década de vida.

En los pacientes con síndrome de Usher tipo 3 (USH3), muy poco frecuente, los niveles de audición permanecen generalmente normales durante la etapa de adquisición del lenguaje, de forma que estos niños no tienen problemas para desarrollar el habla. Hacia la tercera o cuarta década de vida, la pérdida auditiva se acelera, llegando en la mayor parte de los casos a una sordera profunda. La vista se ve afectada cuando se acerca la pubertad. Y la presencia de alteración en la función vestibular es variable (mitad de los pacientes).

El USH3 es relativamente frecuente en poblaciones endogámicas como la población finlandesa o entre los judíos askenazi.

Diagnóstico con secuenciación de nueva generación

Hasta el momento se han descrito 6 genes para USH1, tres para USH2 y un único gen para USH3. Estos genes codifican para proteínas de naturaleza muy diferente, pero todas ellas forman parte de una red proteica conocida como “interactoma Usher”, presente tanto en la retina como en el oído interno.

Actualmente, gracias a la secuenciación de nueva generación, se pueden diagnosticar genéticamente casi el cien por cien de los casos donde existe sospecha.

En cuanto a los tratamientos, dependiendo el grado de hipoacusia que presente el paciente, existen diferentes tipos de estrategias. Los audífonos pueden ser útiles en personas que padecen sorderas de leve a moderada. Cuando existe sordera congénita profunda, se suele recurrir a implantes cocleares.

Para la retinosis todavía no existe tratamiento. La buena noticia es que el ojo es un privilegiado desde el punto de vista inmune, ya que tiene la capacidad de limitar o reprimir la respuesta inmunitaria e inflamatoria dentro de sus estructuras para proteger la visión. Esto hace que los avances en terapias avanzadas contra esta enfermedad sean muy prometedoras.

Recientemente se ha iniciado un ensayo clínico en fase I/II para tratar mediante terapia génica pacientes con mutaciones en el gen MYO7A, principal responsable de USH1, y existe otro en fase III a punto de empezar utilizando oligonucleótidos antisentido para pacientes con síndrome de Usher tipo 2 y con mutaciones en una determinada región del gen USH2A.

José María Millán Salvador recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y la Conselleria d'educació de la Generalitat Valenciana

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: José María Millán Salvador, Genetista, Generalitat Valenciana. Puedes consultar la publicación original aquí.