Primero aprendimos a domesticar el fuego, ahora tenemos que aprender a convivir con él
- •Nandi Estevez/Shutterstock
- •Prometeo robó el fuego del Olimpo a los dioses griegos y se lo regaló a los seres humanos. Por ello fue castigado eternamente. Un águila le comerá el hígado, que se volverá a regenerar, una y otra vez. Esto nos da ya una idea de que el fuego es una cosa seria desde antiguo. Nos hemos desarrollado en una cultura ligada a él, una pirocultura.
- •Una primera definición de pirocultura se limitaba a entender los conflictos derivados de los usos habituales del fuego en las economías agrícolas y ganaderas que persistían en el mundo moderno. También como forma de resistencia y lucha frente a las nuevas políticas forestales en el siglo XX. En el contexto actual se hace evidente que necesitamos repensar y ampliar este significado.
- •La historia del desarrollo de la humanidad no se puede entender sin el uso del fuego. El género Homo se ha desarrollado vinculado al fuego. Todas las sociedades humanas han usado el fuego de una u otra manera, lo han conservado, lo han encendido de forma intencionada. Siempre ha estado presente como símbolo y forma de purificación. Nos hemos ido apropiado de algo que era un fenómeno natural espontáneo: iniciar una ignición, encender un fuego.
- •Apagones prehistóricos: cuando se extinguía la fogata y no había cerillas
- •El fuego es a la vez domesticable e indomable. Su control siempre ha sido un reto, y más hoy en día ante los grandes incendios forestales. Las grandes
- •ciudades ya no arden y sucumben ante las llamas como Roma en el 64 a. e. c. o Londres en 1666. Los bosques y montes lo hacen con unas dimensiones hasta ahora excepcionales, y amenazan las poblaciones. Su poder de destrucción ha adquirido una nueva magnitud. El riesgo es impredecible y cada vez afecta a más personas.
- •Del Mesolítico a la ingeniería con madera
- •Se habla de Piroceno como la era dominada por la combustión intencionada.
- •En los orígenes, el fuego era fuente de calor para cocinar, calentarse y elaborar unas primeras herramienta. Desde el Mesolítico es un aliado para liberar terrenos, crear pastos y abonar terrenos, tal vez para la caza. Más tarde, en el Neolítico, tiene su gran expansión. Los humanos lo utilizan para llevar a cabo grandes transformaciones en el medio, para la extensión de la ganadería y la agricultura. Posteriormente, el nacimiento de la metalurgia en la Edad de los Metales (del cobre, bronce y hierro) nos dota de nuevas herramientas, armas y joyas.
- •Así durante siglos. Hasta que en el s. XVIII se produce una segunda revolución ignífuga con el invento del motor de vapor y después con el de combustión interna. Esta forma de combustión está en la base de la industrialización, permitiendo la mecanización de las fábricas y la expansión del transporte a motor por tierra, mar y aire.
- •La primera patente de fósforos en 1826 supone una democratización y generalización del fuego aún mayor. Son otras formas de domesticar el fuego.
- •La necesidad de madera para la construcción (de barcos y edificios) y la combustión provocó la destrucción de grandes masas forestales. A partir del siglo XIX nacieron las primeras iniciativas de conservación, repoblación y disfrute de los bosques. Dos ejemplos son Fontainebleau en Francia (1861) o Yellowstone en Estados Unidos (1872).
- •La Sierra de la Demanda (España), la Selva Negra (Alemania) o la Columbia Británica (Canadá) son ejemplos de bosques que también son plantaciones para la explotación maderera. Explotación forestal y prevención de incendios son caras de una misma moneda. Muchos de nuestros bosques actuales nacen vinculados al fuego. El incendio forestal es la forma de alteración del medio más contradictoriamente humana.
- •La factura ecológica de las plantaciones forestales
- •El fuego como herramienta de destrucción
- •Históricamente el fuego también se ha usado conscientemente para la destrucción, como arma de guerra con las prácticas de tierra quemada desde la Antigüedad, como forma de tortura y castigo en los procesos de Inquisición, o con los incendios provocados. O involuntariamente, con las erupciones volcánicas, ignición espontánea de masa vegetal o tormentas eléctricas. Los incendios son la manifestación de su carácter indomable.
- •Hemos ido añadiendo usos al fuego, sin perder los primitivos. Aún hoy, a pesar de la progresiva electrificación, seguimos viviendo en un mundo de y en combustión. La emisión de CO₂ a la atmósfera es una consecuencia del uso generalizado del fuego en estas diversas formas. Antropoceno y Piroceno van de la mano.
- •La gestión del fuego no es solamente saber encenderlo y poder apagarlo, tenerlo domesticado. Ahora es necesario aprender a convivir con fuegos incontrolados cada vez más presentes en nuestro medio.
- •Así, a las prácticas forestales de repoblación, extinción y prevención de los incendios hay que añadir: los sistemas de rescate y salvamento, la planificación urbana y del territorio, repensar las infraestructuras básicas, saber actuar frente a un incendio, ser resilientes, investigar su impacto en la salud, gestionar las catástrofes y luchar contra la emergencia climática. Y abordar los incendios forestales bajo nuevas perspectivas.
- •Todo esto también es pirocultura. Debemos ampliar nuestra forma de entender y convivir con el fuego en esta nueva realidad pírica.
- •David Casado-Neira recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Proyectos de Generación del Conocimiento 2025. Proyecto: TOX-INN - Cosas que se hacen para habitar naturalezas (DES)compuestas. Una investigación multisituada
Prometeo robó el fuego del Olimpo a los dioses griegos y se lo regaló a los seres humanos. Por ello fue castigado eternamente. Un águila le comerá el hígado, que se volverá a regenerar, una y otra vez. Esto nos da ya una idea de que el fuego es una cosa seria desde antiguo. Nos hemos desarrollado en una cultura ligada a él, una pirocultura.
Una primera definición de pirocultura se limitaba a entender los conflictos derivados de los usos habituales del fuego en las economías agrícolas y ganaderas que persistían en el mundo moderno. También como forma de resistencia y lucha frente a las nuevas políticas forestales en el siglo XX. En el contexto actual se hace evidente que necesitamos repensar y ampliar este significado.
La historia del desarrollo de la humanidad no se puede entender sin el uso del fuego. El género Homo se ha desarrollado vinculado al fuego. Todas las sociedades humanas han usado el fuego de una u otra manera, lo han conservado, lo han encendido de forma intencionada. Siempre ha estado presente como símbolo y forma de purificación. Nos hemos ido apropiado de algo que era un fenómeno natural espontáneo: iniciar una ignición, encender un fuego.
Leer más: Apagones prehistóricos: cuando se extinguía la fogata y no había cerillas
El fuego es a la vez domesticable e indomable. Su control siempre ha sido un reto, y más hoy en día ante los grandes incendios forestales. Las grandes ciudades ya no arden y sucumben ante las llamas como Roma en el 64 a. e. c. o Londres en 1666. Los bosques y montes lo hacen con unas dimensiones hasta ahora excepcionales, y amenazan las poblaciones. Su poder de destrucción ha adquirido una nueva magnitud. El riesgo es impredecible y cada vez afecta a más personas.
Del Mesolítico a la ingeniería con madera
Se habla de Piroceno como la era dominada por la combustión intencionada.
En los orígenes, el fuego era fuente de calor para cocinar, calentarse y elaborar unas primeras herramienta. Desde el Mesolítico es un aliado para liberar terrenos, crear pastos y abonar terrenos, tal vez para la caza. Más tarde, en el Neolítico, tiene su gran expansión. Los humanos lo utilizan para llevar a cabo grandes transformaciones en el medio, para la extensión de la ganadería y la agricultura. Posteriormente, el nacimiento de la metalurgia en la Edad de los Metales (del cobre, bronce y hierro) nos dota de nuevas herramientas, armas y joyas.
Así durante siglos. Hasta que en el s. XVIII se produce una segunda revolución ignífuga con el invento del motor de vapor y después con el de combustión interna. Esta forma de combustión está en la base de la industrialización, permitiendo la mecanización de las fábricas y la expansión del transporte a motor por tierra, mar y aire.
La primera patente de fósforos en 1826 supone una democratización y generalización del fuego aún mayor. Son otras formas de domesticar el fuego.
La necesidad de madera para la construcción (de barcos y edificios) y la combustión provocó la destrucción de grandes masas forestales. A partir del siglo XIX nacieron las primeras iniciativas de conservación, repoblación y disfrute de los bosques. Dos ejemplos son Fontainebleau en Francia (1861) o Yellowstone en Estados Unidos (1872).
La Sierra de la Demanda (España), la Selva Negra (Alemania) o la Columbia Británica (Canadá) son ejemplos de bosques que también son plantaciones para la explotación maderera. Explotación forestal y prevención de incendios son caras de una misma moneda. Muchos de nuestros bosques actuales nacen vinculados al fuego. El incendio forestal es la forma de alteración del medio más contradictoriamente humana.
Leer más: La factura ecológica de las plantaciones forestales
El fuego como herramienta de destrucción
Históricamente el fuego también se ha usado conscientemente para la destrucción, como arma de guerra con las prácticas de tierra quemada desde la Antigüedad, como forma de tortura y castigo en los procesos de Inquisición, o con los incendios provocados. O involuntariamente, con las erupciones volcánicas, ignición espontánea de masa vegetal o tormentas eléctricas. Los incendios son la manifestación de su carácter indomable.
Hemos ido añadiendo usos al fuego, sin perder los primitivos. Aún hoy, a pesar de la progresiva electrificación, seguimos viviendo en un mundo de y en combustión. La emisión de CO₂ a la atmósfera es una consecuencia del uso generalizado del fuego en estas diversas formas. Antropoceno y Piroceno van de la mano.
La gestión del fuego no es solamente saber encenderlo y poder apagarlo, tenerlo domesticado. Ahora es necesario aprender a convivir con fuegos incontrolados cada vez más presentes en nuestro medio.
Así, a las prácticas forestales de repoblación, extinción y prevención de los incendios hay que añadir: los sistemas de rescate y salvamento, la planificación urbana y del territorio, repensar las infraestructuras básicas, saber actuar frente a un incendio, ser resilientes, investigar su impacto en la salud, gestionar las catástrofes y luchar contra la emergencia climática. Y abordar los incendios forestales bajo nuevas perspectivas.
Todo esto también es pirocultura. Debemos ampliar nuestra forma de entender y convivir con el fuego en esta nueva realidad pírica.
David Casado-Neira recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades - Proyectos de Generación del Conocimiento 2025. Proyecto: TOX-INN - Cosas que se hacen para habitar naturalezas (DES)compuestas. Una investigación multisituada
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: David Casado-Neira, Titular de universidad de sociología, Universidade de Vigo. Puedes consultar la publicación original aquí.
