Proteínas en polvo, TikTok y trastornos alimentarios: lo que hacen algunos adolescentes tras el gimnasio
- •New Africa/Shutterstock
- •Un chico de 15 años no quiere ir a la comida familiar del domingo porque “no encaja en sus macros”. Dedica más tiempo a TikTok y el gimnasio que a los deberes. Quizá presente una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado, una situación cada vez menos excepcional.
- •La confluencia del bum del mercado de suplementos deportivos, la presión estética algorítmica en redes sociales y el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes está generando una crisis de salud mental. Esta pasa desapercibida porque, a ojos de padres y docentes, estos chicos simplemente cuidan su alimentación y van al gimnasio.
- •En Europa, el mercado de los suplementos nutricionales vale más de 6 600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85 % anual, con millones de adolescentes como público objetivo.
- •El problema no es el mercado en sí, sino quién lo consume y bajo qué condiciones. En España, entre el 20 y el 40 % de los adolescentes que practican deporte consume algún tipo de suplemento. La cifra sube entre quienes compiten a nivel federado.
- •Las redes sociales actúan como catalizador directo de la compra. La confianza en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los más jóvenes. Aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción médica, según una revisión sistemática de 2024. No son deportistas de élite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteínas en cualquier supermercado, herbolario o desde el móvil.
- •Del batido de proteínas a la vigorexia
- •La proteína en polvo, la proteína whey y la creatina son, en adultos sanos y en dosis adecuadas y pautadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente bien establecido, siempre bajo la supervisión de un nutricionista.
- •Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos están en pleno desarrollo y sus hígados y riñones aún están madurando. Además, un estudio sugiere que el uso de suplementos en entornos no controlados se asocia con peores resultados de salud en adolescentes.
- •Otro estudio publicado en 2025, realizado con 2 731 adolescentes y jóvenes adultos canadienses, encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales (incluidos la proteína whey y la creatina) se asociaba con mayores síntomas de dismorfia muscular. Los síntomas se agravaban a medida que aumentaba el número de productos consumidos.
- •En España, entre un 11 y un 27 % de los adolescentes presentan conductas de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La edad media de inicio se sitúa hoy en los 12 años y medio. Según datos de la Asociación TCA Aragón, en nuestro país 400 000 personas padecen alguno de estos trastornos, de las cuales 300 000 son jóvenes de entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.
- •La dismorfia muscular es la preocupación patológica por no ser suficientemente musculado. Conlleva el aislamiento social, el control obsesivo de la ingesta y, en casos graves, el consumo de esteroides. Se estima que afecta al 2,2 % de los chicos adolescentes y al 1,4 % de las chicas en Estados Unidos, aunque el infradiagnóstico en varones hace pensar que la cifra real es mayor.
- •Queda claro en la literatura científica la asociación entre consumo de suplementos musculares y síntomas de trastorno dismórfico corporal. La pregunta de si los suplementos causan la dismorfia o si las personas con rasgos de dismorfia tienden a consumir más suplementos no está resuelta. La evidencia de que los síntomas se incrementan a medida que aumenta el número de suplementos consumidos sugiere, al menos, que existe un efecto bidireccional.
- •El algoritmo como espejo distorsionante
- •Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de redes sociales como TikTok es extraordinariamente preciso. Los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo.
- •Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe más imágenes de cuerpos cada vez más perfectos como referencia. Un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a contenido proanorexia tiene consecuencias inmediatas sobre la internalización de ideales corporales y la insatisfacción con el propio cuerpo. También que los usuarios más intensivos de TikTok mostraban mayores niveles de desórdenes alimentarios.
- •Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un círculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los “me gusta”.
- •Un vacío regulatorio que importa
- •Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estándares nacionales divergen. El control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente.
- •En la práctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Además, los estudios advierten de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides. Esto triplica el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes, potencialmente con consecuencias graves.
- •Hay precedentes de una regulación más firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado más que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.
- •¿Qué podemos hacer?
- •Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteínas y nutrientes a través de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobretodo, prestar atención a los signos de alerta que van más allá de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento.
- •Para los centros educativos, la educación mediática crítica es tan necesaria como la educación nutricional. Un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene más recursos para resistir sus efectos. La educación nutricional empodera para cuidar el cuerpo con decisiones que realmente impulsan su bienestar y su rendimiento.
- •Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales.
- •Lo que no sale en los vídeos de TikTok
- •Hay algo contradictorio hoy: nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema.
- •Los adolescentes manejan vocabulario técnico –macros, déficit calórico, periodización– que hace una década era casi exclusivo de nutricionistas deportivos. Pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vídeo de 30 segundos.
- •El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo. Sí lo es que en un entorno de presión estética algorítmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe castigándolo.
- •Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Un chico de 15 años no quiere ir a la comida familiar del domingo porque “no encaja en sus macros”. Dedica más tiempo a TikTok y el gimnasio que a los deberes. Quizá presente una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado, una situación cada vez menos excepcional.
La confluencia del bum del mercado de suplementos deportivos, la presión estética algorítmica en redes sociales y el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria entre adolescentes está generando una crisis de salud mental. Esta pasa desapercibida porque, a ojos de padres y docentes, estos chicos simplemente cuidan su alimentación y van al gimnasio.
En Europa, el mercado de los suplementos nutricionales vale más de 6 600 millones de dólares en 2026 y crece a un ritmo del 7,85 % anual, con millones de adolescentes como público objetivo.
El problema no es el mercado en sí, sino quién lo consume y bajo qué condiciones. En España, entre el 20 y el 40 % de los adolescentes que practican deporte consume algún tipo de suplemento. La cifra sube entre quienes compiten a nivel federado.
Las redes sociales actúan como catalizador directo de la compra. La confianza en los creadores de contenido de fitness aumenta la intención de adquirir suplementos entre los más jóvenes. Aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes ha utilizado productos para el control del peso sin prescripción médica, según una revisión sistemática de 2024. No son deportistas de élite: son chicos del gimnasio del barrio que compran botes de proteínas en cualquier supermercado, herbolario o desde el móvil.
Del batido de proteínas a la vigorexia
La proteína en polvo, la proteína whey y la creatina son, en adultos sanos y en dosis adecuadas y pautadas, suplementos con un perfil de seguridad relativamente bien establecido, siempre bajo la supervisión de un nutricionista.
Pero los adolescentes no son adultos. Sus cuerpos están en pleno desarrollo y sus hígados y riñones aún están madurando. Además, un estudio sugiere que el uso de suplementos en entornos no controlados se asocia con peores resultados de salud en adolescentes.
Otro estudio publicado en 2025, realizado con 2 731 adolescentes y jóvenes adultos canadienses, encontró que el uso de seis suplementos musculares habituales (incluidos la proteína whey y la creatina) se asociaba con mayores síntomas de dismorfia muscular. Los síntomas se agravaban a medida que aumentaba el número de productos consumidos.
En España, entre un 11 y un 27 % de los adolescentes presentan conductas de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La edad media de inicio se sitúa hoy en los 12 años y medio. Según datos de la Asociación TCA Aragón, en nuestro país 400 000 personas padecen alguno de estos trastornos, de las cuales 300 000 son jóvenes de entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia.
La dismorfia muscular es la preocupación patológica por no ser suficientemente musculado. Conlleva el aislamiento social, el control obsesivo de la ingesta y, en casos graves, el consumo de esteroides. Se estima que afecta al 2,2 % de los chicos adolescentes y al 1,4 % de las chicas en Estados Unidos, aunque el infradiagnóstico en varones hace pensar que la cifra real es mayor.
Queda claro en la literatura científica la asociación entre consumo de suplementos musculares y síntomas de trastorno dismórfico corporal. La pregunta de si los suplementos causan la dismorfia o si las personas con rasgos de dismorfia tienden a consumir más suplementos no está resuelta. La evidencia de que los síntomas se incrementan a medida que aumenta el número de suplementos consumidos sugiere, al menos, que existe un efecto bidireccional.
El algoritmo como espejo distorsionante
Para entender por qué esta crisis se ha acelerado en la última década hay que mirar la pantalla del móvil. El algoritmo de recomendación de redes sociales como TikTok es extraordinariamente preciso. Los adolescentes con trastornos alimentarios han documentado que encontraban contenido proanorexia y probulimia con frecuencia sin buscarlo.
Quien interactúa con contenido de dietas o ejercicio recibe más imágenes de cuerpos cada vez más perfectos como referencia. Un estudio publicado en Plos One demostró que la exposición a contenido proanorexia tiene consecuencias inmediatas sobre la internalización de ideales corporales y la insatisfacción con el propio cuerpo. También que los usuarios más intensivos de TikTok mostraban mayores niveles de desórdenes alimentarios.
Los influencers se han convertido en fuente habitual de pautas nutricionales y de ejercicio, generando un círculo vicioso en el que los jóvenes replican y comparten lo que ven, reforzados por los “me gusta”.
Un vacío regulatorio que importa
Europa regula los suplementos alimentarios como alimentos, pero los estándares nacionales divergen. El control unificado de la publicidad dirigida a menores en plataformas digitales es inexistente.
En la práctica, un adolescente puede comprar creatina en cualquier tienda online sin que nadie le pregunte su edad, y ver decenas de anuncios encubiertos de esos mismos productos en su feed sin que estén clasificados como publicidad. Además, los estudios advierten de que los suplementos legales para ganar músculo pueden actuar como puerta de entrada al uso de esteroides. Esto triplica el riesgo de que los jóvenes comiencen a consumirlos en los años siguientes, potencialmente con consecuencias graves.
Hay precedentes de una regulación más firme. En 2023, el estado de Nueva York prohibió la venta de productos de control de peso a menores. En Europa, la presión regulatoria sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados a menores ha avanzado más que la relativa a suplementos deportivos, pese a que la evidencia de daño en este segundo caso es igualmente sólida.
¿Qué podemos hacer?
Para las familias, la recomendación es que promuevan el consumo de proteínas y nutrientes a través de alimentos reales en lugar de suplementos. Sobretodo, prestar atención a los signos de alerta que van más allá de la vida sana, como una rigidez extrema con la alimentación, aislamiento social relacionado con la dieta o el ejercicio, uso de suplementos sin prescripción, o ansiedad cuando se interrumpe la rutina de entrenamiento.
Para los centros educativos, la educación mediática crítica es tan necesaria como la educación nutricional. Un adolescente que entiende cómo funciona TikTok tiene más recursos para resistir sus efectos. La educación nutricional empodera para cuidar el cuerpo con decisiones que realmente impulsan su bienestar y su rendimiento.
Para los sistemas de salud, el reto es doble: ampliar el concepto de trastorno alimentario y mejorar los recursos de detección y tratamiento. Para los reguladores, es necesario restringir la publicidad de suplementos dirigida a menores en plataformas digitales.
Lo que no sale en los vídeos de TikTok
Hay algo contradictorio hoy: nunca hemos sabido tanto sobre nutrición y, al mismo tiempo, nunca hemos recibido tanta desinformación sobre el tema.
Los adolescentes manejan vocabulario técnico –macros, déficit calórico, periodización– que hace una década era casi exclusivo de nutricionistas deportivos. Pero lo aplican sobre lo que un influencer les muestra en un vídeo de 30 segundos.
El problema no es que los jóvenes cuiden su cuerpo. Sí lo es que en un entorno de presión estética algorítmica, suplementos sin control y legislación insuficiente, cuidar el cuerpo acabe castigándolo.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Carmen da Casa Pérez, Profesor doctor Permanente Laboral, Universidad Pontificia de Salamanca. Puedes consultar la publicación original aquí.
