¿Puede existir hoy un códice maya? El taller indígena que reinventa el libro en plena era digital
- •Mientras gran parte del mundo debate sobre inteligencia artificial, libros electrónicos y pantallas, en una comunidad indígena de Chiapas (México) un grupo de artesanos sigue fabricando libros con fibras naturales, tintes vegetales, flores secas y papel amate hecho a mano.
- •Sus publicaciones no salen de grandes imprentas industriales. Se producen lentamente, en procesos colectivos donde participan varias generaciones de mujeres y hombres mayas que hierven cortezas, reciclan fibras orgánicas, imprimen serigrafías y transcriben cantos, conjuros y relatos transmitidos oralmente durante siglos.
- •El proyecto se llama Taller Leñateros y, aunque comenzó en 1975 en San Cristóbal de las Casas, hoy es reconocido internacionalmente como uno de los modelos editoriales artesanales más singulares de América Latina.
- •Pero quizá lo más sorprendente no sean sus técnicas de producción. Lo verdaderamente fascinante es que muchos especialistas consideran algunas de sus publicaciones como herederas contemporáneas del códice maya.
- •Un caso de estudio es el libro Conjuros y Ebriedades (1997). Este representa un hito en la historia editorial contemporánea por ser considerado el último códice maya. Elaborado íntegramente a mano por 150 personas, reúne conjuros, cantos y relatos de tradición oral en lenguas tzotzil y tzeltal, traducidos y materializados mediante técnicas artesanales como la serigrafía y el papel hecho a mano.
- •Mujeres artesanas y fundadoras del Taller Leñateros: Micaela Díaz, María Tzu, Luz Gómez, Sebastiana Jiménez y Rosa Hernández, durante la realización de Conjuros y ebriedades.
- •Fotografía: Cortesía del taller a través de Javier Silverio.
- •Los libros que sobrevivieron a la conquista
- •Antes de la llegada de los europeos, los pueblos mayas desarrollaron complejos sistemas de escritura y conocimiento que registraban en códices elaborados sobre papel amate (elaborado a partir de la corteza del jonote, un árbol endémico de Mesoamérica) o pieles animales. En ellos se conservaban calendarios, observaciones astronómicas, rituales religiosos, genealogías y formas de entender el mundo.
- •Sin embargo, gran parte de estos códices fueron destruidos durante la colonización. El fraile Diego de Landa y otros misioneros consideraron aquellos libros como objetos paganos y ordenaron su quema, ocasionando lo que se considera uno de los episodios más trágicos de la memoria histórica de Mesoamérica. Hoy apenas sobreviven cuatro códices mayas reconocidos oficialmente: el Dresde, el Madrid, el París y el Grolier.
- •La destrucción no fue solamente material. Eliminar aquellos libros suponía también borrar memorias, símbolos, conocimientos y formas de transmisión cultural. Quizá por eso resulta tan significativo que, siglos después, una comunidad indígena decidiera volver al libro como herramienta de resistencia cultural.
- •Un taller nacido de la oralidad
- •El Taller Leñateros surgió gracias a la iniciativa de la artista y poeta Ámbar Past junto a un grupo de mujeres tzotziles y tzeltales de los Altos de Chiapas. Muchas de ellas eran campesinas, artesanas o vendedoras ambulantes. Algunas ni siquiera sabían leer o escribir. Pero sí conservaban algo fundamental: una enorme tradición oral.
- •Canciones, rezos, recetas, mitologías, conjuros, relatos y conocimientos sobre tintes naturales seguían transmitiéndose de generación en generación. El taller comenzó precisamente recuperando saberes ancestrales relacionados con la extracción de colorantes vegetales y la fabricación artesanal de papel, hasta constituirse como una Sociedad de Responsabilidad Limitada, impulsada por el artista zapoteco Javier Silverio décadas más tarde.
- •Poco a poco, aquellas prácticas derivaron en la creación de libros-objeto realizados completamente a mano.
- •Portada e interior del libro Conjuros y Ebriedades del Taller Leñateros.
- •Imagen: Cortesía por Javier Silverio. Edición: Hortensia Mínguez
- •Lo interesante es que el libro nunca fue entendido únicamente como un producto artístico o comercial. Funcionaba también como archivo de memoria colectiva, herramienta educativa y espacio de convivencia comunitaria.
- •El tlacuache no tiene quien le escriba: las editoriales mexicanas relegan la literatura de los pueblos originarios
- •En un momento histórico marcado por la globalización cultural y la homogeneización de los consumos, el Taller Leñateros utilizó la edición artesanal para proteger lenguas indígenas, preservar imaginarios colectivos y transmitir conocimientos tradicionales haciendo convivir y reforzar los lazos intergeneracionalmente.
- •Ponencia de la autora de este artículo sobre el Taller Leñateros.
- •Libros hechos con flores, cebollas y mazorcas
- •Las publicaciones del taller son difíciles de clasificar. Algunas tienen forma de códice; otras incorporan textiles, grabados o serigrafías. Muchas están impresas sobre papeles reciclados elaborados con flores secas, hojas, fibras de agave, cortezas o desechos agrícolas.
- •En uno de sus textos, los propios integrantes describen así el proceso:
- •“Trituramos las fibras en un molino que gira gracias a la fuerza de una bicicleta. Tendemos el papel al sol y, mientras se seca, imprimimos poemas en hojas de roble y pétalos de pensamiento”.
- •La escena parece casi imposible en pleno siglo XXI. Y, sin embargo, precisamente ahí reside parte de su relevancia contemporánea. Mientras gran parte de la producción cultural global funciona bajo lógicas de rapidez, automatización y consumo acelerado, el Taller Leñateros apuesta por procesos lentos, manuales y profundamente vinculados al territorio.
- •Alicia trabajando en el Taller Leñateros.
- •Imagen facilitada por Javier Silverio. Fotografía de Isabel Mateos
- •¿El futuro del libro será artesanal?
- •Durante años se anunció que el libro físico desaparecería frente a las pantallas. Pero ocurrió algo inesperado: el objeto libro no solo sobrevivió, sino que empezó a transformarse.
- •En la actualidad existe un creciente interés por las ediciones artesanales, los libros de artista, las publicaciones experimentales y las formas híbridas de lectura. Quizá porque, en un entorno saturado de imágenes digitales, muchas personas vuelven a valorar aquello que puede tocarse, olerse y experimentarse físicamente.
- •En ese contexto, proyectos como el Taller Leñateros parecen adelantarse a algunas preguntas fundamentales del presente:
- •¿Qué entendemos realmente por libro?
- •¿Puede un libro seguir funcionando como espacio de memoria colectiva?
- •¿Es posible producir cultura fuera de los modelos industriales dominantes?
- •Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando una comunidad utiliza el arte y la edición para resistir el olvido?
- •Lejos de representar una nostalgia del pasado, el Taller Leñateros demuestra que tradición e innovación no son conceptos opuestos. Sus libros mezclan técnicas ancestrales con serigrafía contemporánea, edición experimental y circulación internacional.
- •Tal vez por eso sus publicaciones resultan tan actuales: porque nos recuerdan que el futuro cultural no siempre depende de la tecnología más avanzada, sino también de la capacidad de las comunidades para conservar, reinventar y compartir sus propias formas de conocimiento.
- •‘In memoriam’ de Javier Silverio
- •Hortensia Mínguez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Mientras gran parte del mundo debate sobre inteligencia artificial, libros electrónicos y pantallas, en una comunidad indígena de Chiapas (México) un grupo de artesanos sigue fabricando libros con fibras naturales, tintes vegetales, flores secas y papel amate hecho a mano.
Sus publicaciones no salen de grandes imprentas industriales. Se producen lentamente, en procesos colectivos donde participan varias generaciones de mujeres y hombres mayas que hierven cortezas, reciclan fibras orgánicas, imprimen serigrafías y transcriben cantos, conjuros y relatos transmitidos oralmente durante siglos.
El proyecto se llama Taller Leñateros y, aunque comenzó en 1975 en San Cristóbal de las Casas, hoy es reconocido internacionalmente como uno de los modelos editoriales artesanales más singulares de América Latina.
Pero quizá lo más sorprendente no sean sus técnicas de producción. Lo verdaderamente fascinante es que muchos especialistas consideran algunas de sus publicaciones como herederas contemporáneas del códice maya.
Un caso de estudio es el libro Conjuros y Ebriedades (1997). Este representa un hito en la historia editorial contemporánea por ser considerado el último códice maya. Elaborado íntegramente a mano por 150 personas, reúne conjuros, cantos y relatos de tradición oral en lenguas tzotzil y tzeltal, traducidos y materializados mediante técnicas artesanales como la serigrafía y el papel hecho a mano.
Los libros que sobrevivieron a la conquista
Antes de la llegada de los europeos, los pueblos mayas desarrollaron complejos sistemas de escritura y conocimiento que registraban en códices elaborados sobre papel amate (elaborado a partir de la corteza del jonote, un árbol endémico de Mesoamérica) o pieles animales. En ellos se conservaban calendarios, observaciones astronómicas, rituales religiosos, genealogías y formas de entender el mundo.
Sin embargo, gran parte de estos códices fueron destruidos durante la colonización. El fraile Diego de Landa y otros misioneros consideraron aquellos libros como objetos paganos y ordenaron su quema, ocasionando lo que se considera uno de los episodios más trágicos de la memoria histórica de Mesoamérica. Hoy apenas sobreviven cuatro códices mayas reconocidos oficialmente: el Dresde, el Madrid, el París y el Grolier.
La destrucción no fue solamente material. Eliminar aquellos libros suponía también borrar memorias, símbolos, conocimientos y formas de transmisión cultural. Quizá por eso resulta tan significativo que, siglos después, una comunidad indígena decidiera volver al libro como herramienta de resistencia cultural.
Un taller nacido de la oralidad
El Taller Leñateros surgió gracias a la iniciativa de la artista y poeta Ámbar Past junto a un grupo de mujeres tzotziles y tzeltales de los Altos de Chiapas. Muchas de ellas eran campesinas, artesanas o vendedoras ambulantes. Algunas ni siquiera sabían leer o escribir. Pero sí conservaban algo fundamental: una enorme tradición oral.
Canciones, rezos, recetas, mitologías, conjuros, relatos y conocimientos sobre tintes naturales seguían transmitiéndose de generación en generación. El taller comenzó precisamente recuperando saberes ancestrales relacionados con la extracción de colorantes vegetales y la fabricación artesanal de papel, hasta constituirse como una Sociedad de Responsabilidad Limitada, impulsada por el artista zapoteco Javier Silverio décadas más tarde.
Poco a poco, aquellas prácticas derivaron en la creación de libros-objeto realizados completamente a mano.
Lo interesante es que el libro nunca fue entendido únicamente como un producto artístico o comercial. Funcionaba también como archivo de memoria colectiva, herramienta educativa y espacio de convivencia comunitaria.
En un momento histórico marcado por la globalización cultural y la homogeneización de los consumos, el Taller Leñateros utilizó la edición artesanal para proteger lenguas indígenas, preservar imaginarios colectivos y transmitir conocimientos tradicionales haciendo convivir y reforzar los lazos intergeneracionalmente.
Libros hechos con flores, cebollas y mazorcas
Las publicaciones del taller son difíciles de clasificar. Algunas tienen forma de códice; otras incorporan textiles, grabados o serigrafías. Muchas están impresas sobre papeles reciclados elaborados con flores secas, hojas, fibras de agave, cortezas o desechos agrícolas.
En uno de sus textos, los propios integrantes describen así el proceso: “Trituramos las fibras en un molino que gira gracias a la fuerza de una bicicleta. Tendemos el papel al sol y, mientras se seca, imprimimos poemas en hojas de roble y pétalos de pensamiento”.
La escena parece casi imposible en pleno siglo XXI. Y, sin embargo, precisamente ahí reside parte de su relevancia contemporánea. Mientras gran parte de la producción cultural global funciona bajo lógicas de rapidez, automatización y consumo acelerado, el Taller Leñateros apuesta por procesos lentos, manuales y profundamente vinculados al territorio.
¿El futuro del libro será artesanal?
Durante años se anunció que el libro físico desaparecería frente a las pantallas. Pero ocurrió algo inesperado: el objeto libro no solo sobrevivió, sino que empezó a transformarse.
En la actualidad existe un creciente interés por las ediciones artesanales, los libros de artista, las publicaciones experimentales y las formas híbridas de lectura. Quizá porque, en un entorno saturado de imágenes digitales, muchas personas vuelven a valorar aquello que puede tocarse, olerse y experimentarse físicamente.
En ese contexto, proyectos como el Taller Leñateros parecen adelantarse a algunas preguntas fundamentales del presente:
¿Qué entendemos realmente por libro?
¿Puede un libro seguir funcionando como espacio de memoria colectiva?
¿Es posible producir cultura fuera de los modelos industriales dominantes?
Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando una comunidad utiliza el arte y la edición para resistir el olvido?
Lejos de representar una nostalgia del pasado, el Taller Leñateros demuestra que tradición e innovación no son conceptos opuestos. Sus libros mezclan técnicas ancestrales con serigrafía contemporánea, edición experimental y circulación internacional.
Tal vez por eso sus publicaciones resultan tan actuales: porque nos recuerdan que el futuro cultural no siempre depende de la tecnología más avanzada, sino también de la capacidad de las comunidades para conservar, reinventar y compartir sus propias formas de conocimiento.
‘In memoriam’ de Javier Silverio
Hortensia Mínguez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Hortensia Mínguez García, Profesora Titular. Departamento de Dibujo. Área de Gráfica., Universitat Politècnica de València. Puedes consultar la publicación original aquí.
