LIVE NEWS
|
Cargando últimas noticias de El Punto...

El Punto te trae historias confiables, oportunas e interesantes de todo el mundo, con un enfoque especial en la República Dominicana y su diáspora.

Entretenimiento

Contacto

Calle Mercedes Amiama No. 42, Sector San Gerónimo, Santo Domingo, RD
Portada > Ciencia > ¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’
CienciaThe Conversation en Español

¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’

M
Publicado el 10 de agosto de 2026 a las 05:30 p. m.Actualizado el 10 de agosto de 2026 a las 05:30 p. m.
Compartir:
Resumen (TL;DR)
  • Octavian Lazar/Shutterstock
  • La especie humana ha creado herramientas para resolver problemas desde tiempos inmemoriales. Pero el ritmo de los avances se vuelve cada vez más vertiginoso. En menos de 100 años hemos pasado de la calculadora electrónica de mano a la inteligencia artificial generativa. Usamos tanto estas herramientas que casi se han convertido en una extensión del ser humano.
  • Pensémoslo: ¿sabríamos calcular la raíz cuadrada de 2209 o improvisar un cuento para niños? Si el primer impulso es preguntarle a la IA, es porque nuestra mente intenta aligerar su carga externalizando recursos. En realidad, este fenómeno ya fue descrito por la literatura científica de los últimos 30 años como delegación cognitiva, memoria externa o mente extendida.
  • Sin embargo, muchos científicos, expertos del ámbito clínico y educadores están cada vez más preocupados sobre cómo la IA impactará a largo plazo.
  • El estudio del MIT
  • Para averiguar de qué manera nos afecta cognitivamente el uso de herramientas como la inteligencia artificial, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) estudiaron qué ocurre en el cerebro al usar la IA para redactar. Durante tres sesiones, midieron la actividad cerebral de 54 jóvenes y puntuaron la calidad de sus textos. Un tercio de ellos se ayudaron de ChatGPT, otro de Google y el resto solo contó con su cerebro.
  • Quienes usaron ChatGPT rindieron peor que el resto a nivel neuronal, lingüístico y en la calidad de sus textos. Además, recordaban peor y se sentían menos conectados a las ideas escritas.
  • Así, plantearon que depender repetidamente de ChatGPT reemplaza el esfuerzo cognitivo para el pensamiento independiente. Esto podría generar una acumulación de lo que llamaron “deuda cognitiva”, con costes cerebrales a largo plazo.
  • Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer
  • Limitaciones y viralización de los resultados
  • Aunque algunas voces señalaron las limitaciones del estudio, múltiples medios de comunicación sugirieron a partir de estos resultados que usar la IA genera inevitablemente una deuda cognitiva. Esto es, una pérdida progresiva de capacidades mentales no visible a corto plazo.
  • Pero esa repercusión no se ha visto reflejada en trabajos empíricos: la evidencia brilla por su ausencia. La mayoría de los artículos científicos que se publican siguen siendo teóricos, o incluso prescriptivos, aconsejando cómo prevenir los efectos cerebrales del uso continuado de la IA. Los resultados en este campo aún son limitados y preliminares.
  • ¿Por qué recurrimos a la IA?
  • En cambio, podemos analizar el impacto de la IA en la salud cerebral desde otro prisma. Hace una década, los investigadores Evan Risko y Sam Gilbert desarrollaron un modelo cognitivo para explicar por qué usamos sistemas externos antes que nuestro propio cerebro. En otras palabras, ayudaron a explicar qué procesos mentales seguimos cuando, por ejemplo, decidimos buscar algo en Google o preguntárselo a la inteligencia artificial.
  • Estos expertos plantearon que el impacto cognitivo depende de los objetivos que perseguimos al utilizar estos sistemas. Así, podemos recurrir a ellos para evitar esforzarnos cognitivamente o porque creemos que mejorarán nuestro rendimiento.
  • Árbol de autorreflexión sobre los posibles efectos cognitivos de delegar en la IA generativa al realizar una tarea educativa o laboral. Los resultados representan posibilidades teóricas y no efectos inevitables ni diagnósticos sobre la competencia cognitiva.
  • Elaboración propia a partir del modelo metacognitivo de delegación cognitiva de Risko y Gilbert (2016) y la evidencia preliminar sobre el uso de IA generativa.
  • Por ejemplo, podemos pedir a ChatGPT que escriba una redacción porque no nos vemos capaces. O bien porque queremos contrastar ideas y buscar nuevas perspectivas que potencien nuestro escrito. Por tanto, para comprender las consecuencias cerebrales de la delegación cognitiva será esencial preguntarse primero por qué delegamos. Este es un aspecto que el estudio del MIT no exploró en absoluto.
  • Recursos cognitivos ahorrados
  • Más allá de por qué usamos ChatGPT, importa saber qué hacemos con los recursos “ahorrados”. Es decir, si nos ha costado menos tiempo o esfuerzo terminar una tarea cognitiva (un resumen, una redacción, un esquema, una idea)… ¿qué hacemos con el tiempo y la energía que hemos ahorrado? ¿Simplemente nos dedicamos a la deriva mental? ¿O los destinamos a nuevos aprendizajes?
  • Estudios sobre el uso de Google indican que, cuando lo usamos para potenciar otros aprendizajes, como dónde localizar la información útil, nuestra habilidad en la tarea puede mejorar. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: usarla de manera deliberada para potenciar el entrenamiento cognitivo, o para dialogar sobre conceptos en lugar de simplemente pedir la respuesta a una tarea, puede mejorar nuestro aprendizaje estratégico.
  • ¿Cómo saber si un estudiante ha aprendido, aunque use inteligencia artificial?
  • El propio estudio del MIT que comentábamos al principio del artículo ofrece evidencia al respecto: los autores invitaron a sus participantes a una cuarta sesión donde los que habían usado ChatGPT ya no podrían hacerlo. En cambio, los que usaron Google o su propio cerebro ahora tenían acceso a la IA. Los primeros siguieron mostrando menor actividad cerebral y rendimiento, mientras que los segundos aumentaron en ambos resultados. Esto indica que usar la IA podría tener beneficios en ciertos escenarios (por ejemplo, cuando integramos nuestras ideas con las sugerencias de ChatGPT), potenciando procesos mentales como la atención y la memoria.
  • Por esta razón es tan importante, especialmente en el contexto educativo, definir con cuidado qué tareas podrían automatizarse con ayuda de la IA y qué otras más significativas podrían reforzarse con el tiempo y esfuerzo liberados.
  • No todo es deuda cognitiva
  • En definitiva, la deuda cognitiva que puede generar el uso continuado de IA es una realidad posible pero aún incierta. El estudio del MIT es prometedor y abre la puerta a un mundo todavía desconocido. Sin embargo, aún estamos lejos de saber cómo la IA afecta a las capacidades mentales a largo plazo.
  • La citada investigación inició una oleada de conclusiones catastróficas sobre la deuda cognitiva, pero no definió qué formas de uso pueden ser perjudiciales y cuáles, incluso, beneficiosas. Observar cómo y para qué usamos estas herramientas (como puede verse en el árbol de autorreflexión que acompaña a este artículo), ayuda a diseccionar tales condicionantes antes de caer en interpretaciones apocalípticas.
  • Patricia Alzola Bordón recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref: FPU22/02012).
  • Madalin Marian Deliu Dumitru no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Octavian Lazar/Shutterstock

La especie humana ha creado herramientas para resolver problemas desde tiempos inmemoriales. Pero el ritmo de los avances se vuelve cada vez más vertiginoso. En menos de 100 años hemos pasado de la calculadora electrónica de mano a la inteligencia artificial generativa. Usamos tanto estas herramientas que casi se han convertido en una extensión del ser humano.

Pensémoslo: ¿sabríamos calcular la raíz cuadrada de 2209 o improvisar un cuento para niños? Si el primer impulso es preguntarle a la IA, es porque nuestra mente intenta aligerar su carga externalizando recursos. En realidad, este fenómeno ya fue descrito por la literatura científica de los últimos 30 años como delegación cognitiva, memoria externa o mente extendida.

Cargando espacio...

Sin embargo, muchos científicos, expertos del ámbito clínico y educadores están cada vez más preocupados sobre cómo la IA impactará a largo plazo.

El estudio del MIT

Para averiguar de qué manera nos afecta cognitivamente el uso de herramientas como la inteligencia artificial, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) estudiaron qué ocurre en el cerebro al usar la IA para redactar. Durante tres sesiones, midieron la actividad cerebral de 54 jóvenes y puntuaron la calidad de sus textos. Un tercio de ellos se ayudaron de ChatGPT, otro de Google y el resto solo contó con su cerebro.

Quienes usaron ChatGPT rindieron peor que el resto a nivel neuronal, lingüístico y en la calidad de sus textos. Además, recordaban peor y se sentían menos conectados a las ideas escritas.

Así, plantearon que depender repetidamente de ChatGPT reemplaza el esfuerzo cognitivo para el pensamiento independiente. Esto podría generar una acumulación de lo que llamaron “deuda cognitiva”, con costes cerebrales a largo plazo.


Leer más: Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer


Limitaciones y viralización de los resultados

Aunque algunas voces señalaron las limitaciones del estudio, múltiples medios de comunicación sugirieron a partir de estos resultados que usar la IA genera inevitablemente una deuda cognitiva. Esto es, una pérdida progresiva de capacidades mentales no visible a corto plazo.

Pero esa repercusión no se ha visto reflejada en trabajos empíricos: la evidencia brilla por su ausencia. La mayoría de los artículos científicos que se publican siguen siendo teóricos, o incluso prescriptivos, aconsejando cómo prevenir los efectos cerebrales del uso continuado de la IA. Los resultados en este campo aún son limitados y preliminares.

¿Por qué recurrimos a la IA?

En cambio, podemos analizar el impacto de la IA en la salud cerebral desde otro prisma. Hace una década, los investigadores Evan Risko y Sam Gilbert desarrollaron un modelo cognitivo para explicar por qué usamos sistemas externos antes que nuestro propio cerebro. En otras palabras, ayudaron a explicar qué procesos mentales seguimos cuando, por ejemplo, decidimos buscar algo en Google o preguntárselo a la inteligencia artificial.

Estos expertos plantearon que el impacto cognitivo depende de los objetivos que perseguimos al utilizar estos sistemas. Así, podemos recurrir a ellos para evitar esforzarnos cognitivamente o porque creemos que mejorarán nuestro rendimiento.

Árbol de autorreflexión sobre los posibles efectos cognitivos de delegar en la IA generativa al realizar una tarea educativa o laboral. Los resultados representan posibilidades teóricas y no efectos inevitables ni diagnósticos sobre la competencia cognitiva. Elaboración propia a partir del modelo metacognitivo de delegación cognitiva de Risko y Gilbert (2016) y la evidencia preliminar sobre el uso de IA generativa.

Por ejemplo, podemos pedir a ChatGPT que escriba una redacción porque no nos vemos capaces. O bien porque queremos contrastar ideas y buscar nuevas perspectivas que potencien nuestro escrito. Por tanto, para comprender las consecuencias cerebrales de la delegación cognitiva será esencial preguntarse primero por qué delegamos. Este es un aspecto que el estudio del MIT no exploró en absoluto.

Recursos cognitivos ahorrados

Más allá de por qué usamos ChatGPT, importa saber qué hacemos con los recursos “ahorrados”. Es decir, si nos ha costado menos tiempo o esfuerzo terminar una tarea cognitiva (un resumen, una redacción, un esquema, una idea)… ¿qué hacemos con el tiempo y la energía que hemos ahorrado? ¿Simplemente nos dedicamos a la deriva mental? ¿O los destinamos a nuevos aprendizajes?

Estudios sobre el uso de Google indican que, cuando lo usamos para potenciar otros aprendizajes, como dónde localizar la información útil, nuestra habilidad en la tarea puede mejorar. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: usarla de manera deliberada para potenciar el entrenamiento cognitivo, o para dialogar sobre conceptos en lugar de simplemente pedir la respuesta a una tarea, puede mejorar nuestro aprendizaje estratégico.


Leer más: ¿Cómo saber si un estudiante ha aprendido, aunque use inteligencia artificial?


El propio estudio del MIT que comentábamos al principio del artículo ofrece evidencia al respecto: los autores invitaron a sus participantes a una cuarta sesión donde los que habían usado ChatGPT ya no podrían hacerlo. En cambio, los que usaron Google o su propio cerebro ahora tenían acceso a la IA. Los primeros siguieron mostrando menor actividad cerebral y rendimiento, mientras que los segundos aumentaron en ambos resultados. Esto indica que usar la IA podría tener beneficios en ciertos escenarios (por ejemplo, cuando integramos nuestras ideas con las sugerencias de ChatGPT), potenciando procesos mentales como la atención y la memoria.

Por esta razón es tan importante, especialmente en el contexto educativo, definir con cuidado qué tareas podrían automatizarse con ayuda de la IA y qué otras más significativas podrían reforzarse con el tiempo y esfuerzo liberados.

No todo es deuda cognitiva

En definitiva, la deuda cognitiva que puede generar el uso continuado de IA es una realidad posible pero aún incierta. El estudio del MIT es prometedor y abre la puerta a un mundo todavía desconocido. Sin embargo, aún estamos lejos de saber cómo la IA afecta a las capacidades mentales a largo plazo.

La citada investigación inició una oleada de conclusiones catastróficas sobre la deuda cognitiva, pero no definió qué formas de uso pueden ser perjudiciales y cuáles, incluso, beneficiosas. Observar cómo y para qué usamos estas herramientas (como puede verse en el árbol de autorreflexión que acompaña a este artículo), ayuda a diseccionar tales condicionantes antes de caer en interpretaciones apocalípticas.

Patricia Alzola Bordón recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref: FPU22/02012).

Madalin Marian Deliu Dumitru no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Madalin Marian Deliu Dumitru, Docente en la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Católica de Ávila; Universidad de Salamanca. Puedes consultar la publicación original aquí.