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Vacaciones en la ciudad: ¿qué necesitamos para un ocio infantil de calidad?

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Publicado el 23 de julio de 2026 a las 05:30 p. m.Actualizado el 23 de julio de 2026 a las 05:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Aaaarianne/Shutterstock
  • Campamentos, actividades deportivas, escuelas urbanas, semanas con los abuelos, jornadas de teletrabajo o vacaciones repartidas entre distintos momentos del verano forman parte de las estrategias con las que muchas familias intentan acompañar a sus hijos e hijas durante un periodo mucho más largo que las propias vacaciones laborales.
  • Para quienes permanecen en la ciudad, el verano se convierte en una experiencia peculiar. La actividad escolar desaparece, muchos amigos se marchan temporalmente, algunos servicios reducen sus horarios y las rutinas cambian por completo. Mientras los adultos trabajan (en un frenesí, a menudo, de calendarios, llamadas, cambios de horario y búsqueda de alternativas que permitan organizar la vida cotidiana), niños, niñas y adolescentes viven un tiempo tan fundamental para su desarrollo como los días de clases.
  • ¿Cómo viven los niños el verano?
  • Cuando hablamos de conciliación pocas veces nos detenemos a pensar cómo viven los niños y adolescentes ese tiempo sin escuela. Porque no necesitan únicamente supervisión: necesitan jugar, descansar, relacionarse con otras personas, desarrollar progresivamente su autonomía, descubrir nuevos intereses y participar en experiencias significativas. El verano constituye un tiempo especialmente valioso para todo ello.
  • Hasta la ley de protección de la infancia de España, por ejemplo, advierte de que proteger no es únicamente evitar situaciones de riesgo, sino también garantizar entornos seguros y oportunidades adecuadas para su desarrollo personal, social y emocional.
  • ¿Cómo podemos podemos hacerlo en una ciudad en los meses de más calor?
  • Espacios urbanos de ocio
  • Aunque la organización del verano suele recaer principalmente sobre las familias, otros actores también influyen en cómo se vive este periodo: las empresas, que pueden contribuir mediante fórmulas de flexibilidad horaria, adaptación de jornadas o modalidades de teletrabajo; y las administraciones y organizaciones responsables de una oferta de ocio adecuada.
  • Bibliotecas, centros culturales, polideportivos, centros juveniles, ludotecas, asociaciones vecinales y proyectos de ocio educativo pueden desempeñar un papel fundamental. No solo porque ofrecen actividades, sino porque generan oportunidades para encontrarse con otras personas, mantener rutinas positivas, participar en propuestas culturales o deportivas y seguir formando parte de la vida comunitaria durante el verano.
  • Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos
  • Algunos ejemplos pueden encontrarse en numerosas ciudades españolas. Barcelona ha impulsado una amplia red de refugios climáticos en bibliotecas, centros cívicos y equipamientos municipales para ofrecer espacios seguros durante los episodios de calor.
  • Valencia desarrolla cada verano escuelas municipales y actividades deportivas dirigidas a la infancia y la adolescencia, mientras que Zaragoza, Sevilla y Bilbao programan campamentos urbanos y actividades culturales en bibliotecas y centros cívicos, así como propuestas de ocio educativo que mantienen activa la vida comunitaria durante los meses estivales.
  • Así adaptamos colegios y patios escolares a las olas de calor
  • A ello se suman las iniciativas de miles de asociaciones vecinales, entidades juveniles y organizaciones de tiempo libre que organizan talleres, actividades deportivas, espacios de encuentro y proyectos de participación en los barrios. Estas experiencias muestran que el verano puede convertirse en una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios, favorecer la participación y ampliar las oportunidades educativas más allá del ámbito escolar.
  • Muchas familias organizan el verano en función de los recursos existentes en su barrio o municipio. Por ello, una oferta suficiente y cercana, en la que se coordinen los servicios de educación, juventud, cultura, deporte y servicios sociales, puede marcar una diferencia importante en la experiencia cotidiana de niños, niñas y adolescentes.
  • Veranos en ciudades cada vez más cálidas
  • A los desafíos tradicionales de la conciliación se suma una cuestión cada vez más presente: el impacto de las altas temperaturas. Las olas de calor son más frecuentes e intensas que hace apenas unas décadas. Durante buena parte del verano, muchas ciudades registran temperaturas que dificultan el uso habitual de calles, plazas y espacios abiertos, especialmente en las horas centrales del día.
  • Esta realidad obliga a pensar el bienestar infantil también desde las condiciones ambientales en las que se desarrolla la vida cotidiana. Disponer de parques con sombra, zonas verdes accesibles, espacios de juego adaptados y equipamientos climatizados se ha convertido en una necesidad creciente.
  • En este contexto han adquirido especial relevancia los llamados refugios climáticos. Bibliotecas, centros culturales, centros juveniles, polideportivos y otros equipamientos públicos pueden ofrecer espacios seguros y confortables durante los episodios de calor extremo. Al mismo tiempo, estos lugares pueden seguir desempeñando funciones educativas, culturales y de socialización.
  • Por unos espacios verdes en red: cercanos, accesibles y mejor distribuidos
  • La adaptación de las ciudades al cambio climático exige también repensar los espacios urbanos desde la perspectiva de la infancia: más sombra, más vegetación, más espacios de encuentro y más equipamientos abiertos durante los meses estivales.
  • Una nueva mirada sobre el verano
  • Quizá ha llegado el momento de dejar de entender el verano únicamente como un problema de calendario o como un periodo que hay que llenar de actividades mientras los adultos trabajan. Además de preguntarnos cómo conciliar, conviene preguntarnos cómo queremos que vivan el verano quienes pasan buena parte de estos meses en la ciudad.
  • Las respuestas no pasan necesariamente por crear nuevos recursos, sino por fortalecer y coordinar mejor los que ya existen. Ampliar la programación estival de bibliotecas y centros culturales, abrir instalaciones deportivas durante más horas, consolidar programas municipales de ocio educativo, reforzar los refugios climáticos, facilitar medidas de flexibilidad laboral y mejorar la coordinación entre los distintos servicios públicos son algunas de las iniciativas que pueden contribuir a mejorar la experiencia estival de la infancia.
  • Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Aaaarianne/Shutterstock

Campamentos, actividades deportivas, escuelas urbanas, semanas con los abuelos, jornadas de teletrabajo o vacaciones repartidas entre distintos momentos del verano forman parte de las estrategias con las que muchas familias intentan acompañar a sus hijos e hijas durante un periodo mucho más largo que las propias vacaciones laborales.

Para quienes permanecen en la ciudad, el verano se convierte en una experiencia peculiar. La actividad escolar desaparece, muchos amigos se marchan temporalmente, algunos servicios reducen sus horarios y las rutinas cambian por completo. Mientras los adultos trabajan (en un frenesí, a menudo, de calendarios, llamadas, cambios de horario y búsqueda de alternativas que permitan organizar la vida cotidiana), niños, niñas y adolescentes viven un tiempo tan fundamental para su desarrollo como los días de clases.

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¿Cómo viven los niños el verano?

Cuando hablamos de conciliación pocas veces nos detenemos a pensar cómo viven los niños y adolescentes ese tiempo sin escuela. Porque no necesitan únicamente supervisión: necesitan jugar, descansar, relacionarse con otras personas, desarrollar progresivamente su autonomía, descubrir nuevos intereses y participar en experiencias significativas. El verano constituye un tiempo especialmente valioso para todo ello.

Hasta la ley de protección de la infancia de España, por ejemplo, advierte de que proteger no es únicamente evitar situaciones de riesgo, sino también garantizar entornos seguros y oportunidades adecuadas para su desarrollo personal, social y emocional.

¿Cómo podemos podemos hacerlo en una ciudad en los meses de más calor?

Espacios urbanos de ocio

Aunque la organización del verano suele recaer principalmente sobre las familias, otros actores también influyen en cómo se vive este periodo: las empresas, que pueden contribuir mediante fórmulas de flexibilidad horaria, adaptación de jornadas o modalidades de teletrabajo; y las administraciones y organizaciones responsables de una oferta de ocio adecuada.

Bibliotecas, centros culturales, polideportivos, centros juveniles, ludotecas, asociaciones vecinales y proyectos de ocio educativo pueden desempeñar un papel fundamental. No solo porque ofrecen actividades, sino porque generan oportunidades para encontrarse con otras personas, mantener rutinas positivas, participar en propuestas culturales o deportivas y seguir formando parte de la vida comunitaria durante el verano.


Leer más: Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos


Algunos ejemplos pueden encontrarse en numerosas ciudades españolas. Barcelona ha impulsado una amplia red de refugios climáticos en bibliotecas, centros cívicos y equipamientos municipales para ofrecer espacios seguros durante los episodios de calor.

Valencia desarrolla cada verano escuelas municipales y actividades deportivas dirigidas a la infancia y la adolescencia, mientras que Zaragoza, Sevilla y Bilbao programan campamentos urbanos y actividades culturales en bibliotecas y centros cívicos, así como propuestas de ocio educativo que mantienen activa la vida comunitaria durante los meses estivales.


Leer más: Así adaptamos colegios y patios escolares a las olas de calor


A ello se suman las iniciativas de miles de asociaciones vecinales, entidades juveniles y organizaciones de tiempo libre que organizan talleres, actividades deportivas, espacios de encuentro y proyectos de participación en los barrios. Estas experiencias muestran que el verano puede convertirse en una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios, favorecer la participación y ampliar las oportunidades educativas más allá del ámbito escolar.

Muchas familias organizan el verano en función de los recursos existentes en su barrio o municipio. Por ello, una oferta suficiente y cercana, en la que se coordinen los servicios de educación, juventud, cultura, deporte y servicios sociales, puede marcar una diferencia importante en la experiencia cotidiana de niños, niñas y adolescentes.

Veranos en ciudades cada vez más cálidas

A los desafíos tradicionales de la conciliación se suma una cuestión cada vez más presente: el impacto de las altas temperaturas. Las olas de calor son más frecuentes e intensas que hace apenas unas décadas. Durante buena parte del verano, muchas ciudades registran temperaturas que dificultan el uso habitual de calles, plazas y espacios abiertos, especialmente en las horas centrales del día.

Esta realidad obliga a pensar el bienestar infantil también desde las condiciones ambientales en las que se desarrolla la vida cotidiana. Disponer de parques con sombra, zonas verdes accesibles, espacios de juego adaptados y equipamientos climatizados se ha convertido en una necesidad creciente.

En este contexto han adquirido especial relevancia los llamados refugios climáticos. Bibliotecas, centros culturales, centros juveniles, polideportivos y otros equipamientos públicos pueden ofrecer espacios seguros y confortables durante los episodios de calor extremo. Al mismo tiempo, estos lugares pueden seguir desempeñando funciones educativas, culturales y de socialización.


Leer más: Por unos espacios verdes en red: cercanos, accesibles y mejor distribuidos


La adaptación de las ciudades al cambio climático exige también repensar los espacios urbanos desde la perspectiva de la infancia: más sombra, más vegetación, más espacios de encuentro y más equipamientos abiertos durante los meses estivales.

Una nueva mirada sobre el verano

Quizá ha llegado el momento de dejar de entender el verano únicamente como un problema de calendario o como un periodo que hay que llenar de actividades mientras los adultos trabajan. Además de preguntarnos cómo conciliar, conviene preguntarnos cómo queremos que vivan el verano quienes pasan buena parte de estos meses en la ciudad.

Las respuestas no pasan necesariamente por crear nuevos recursos, sino por fortalecer y coordinar mejor los que ya existen. Ampliar la programación estival de bibliotecas y centros culturales, abrir instalaciones deportivas durante más horas, consolidar programas municipales de ocio educativo, reforzar los refugios climáticos, facilitar medidas de flexibilidad laboral y mejorar la coordinación entre los distintos servicios públicos son algunas de las iniciativas que pueden contribuir a mejorar la experiencia estival de la infancia.

Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía - Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid. Puedes consultar la publicación original aquí.