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¿Vendería su alma (digital) por mil millones de dólares?

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Publicado el 29 de julio de 2026 a las 09:30 p. m.Actualizado el 29 de julio de 2026 a las 09:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Khaby Lame ya no es dueño de su imagen digital. La ha vendido por 975 millones de dólares. GIO_LE/Shutterstock
  • La pregunta parece salida de una novela distópica. Sin embargo, hoy empieza a parecer un dilema real. Hace apenas unas semanas, el creador digital senegalés Khaby Lame protagonizó titulares internacionales tras una venta multimillonaria de su imagen digital. La operación implica la creación de un clon de Lame mediante IA, capaz de replicar su imagen, expresiones y estilo comunicativo para generar contenido 24/7 y en múltiples idiomas. Muchos usuarios en redes resumieron el hecho con una frase provocadora: “Khaby Lame vendió su alma digital”.
  • Más allá del sensacionalismo, el caso revela algo más profundo: la humanidad no solo quiere automatizar procesos, sino también replicarse a sí misma.
  • ¿Qué son los gemelos digitales?
  • Los digital twins o gemelos digitales son representaciones virtuales de procesos, sistemas, activos, organizaciones o personas, conectadas a datos en tiempo real. Esta conexión permite simular escenarios, anticipar riesgos, optimizar operaciones y apoyar mejores decisiones.
  • Estos gemelos surgieron en sectores industriales) y se utilizan en fábricas, en la gestión energética y de materias primas, en hospitales, cadenas logísticas, ciudades inteligentes, agricultura, transporte, educación y retail.
  • La consultora McKinsey estima que los gemelos digitales podrían mejorar la eficiencia del capital y de las operaciones entre 20 % y 30 %. Además, proyecciones internacionales indican que el mercado mundial de gemelos digitales alcanzaría cerca de 150 000 millones de dólares en 2030, con tasas de crecimiento cercanas al 47,9 % anual. La razón es clara: representan un cambio profundo en la economía de la decisión.
  • ¿Realidad o utopía?
  • Lejos de ser una tecnología experimental, los gemelos digitales ya operan en algunas de las organizaciones más avanzadas del mundo. Tesla utiliza réplicas digitales de sus vehículos para monitorear su desempeño, detectar fallas y aplicar la mejora continua a sus sistemas mediante los datos generados por cada automóvil en circulación. General Electric emplea gemelos digitales para optimizar sus parques eólicos y maximizar la eficiencia energética. La NASA desarrolla complejas réplicas virtuales de naves espaciales, vehículos exploradores y misiones enteras para anticipar riesgos antes de que ocurran.
  • Siemens lidera la construcción de modelos digitales de ciudades inteligentes, capaces de simular movilidad, energía e infraestructura urbana. Boeing aplica esta tecnología durante todo el ciclo de vida de sus aeronaves, desde el diseño hasta el mantenimiento, mientras que Rolls-Royce monitorea sus motores aeronáuticos mediante contrapartes digitales alimentadas por miles de datos en tiempo real durante cada vuelo. Incluso Microsoft permite que pequeñas empresas creen representaciones virtuales de entornos conectados: edificios, fábricas, sistemas de redes e incluso ciudades enteras.
  • Gemelo digital vs. alma digital
  • Primero aparecieron relatos mitológicos sobre criaturas artificiales. Siglos después, la ciencia moderna dio un salto decisivo con la clonación de la oveja Dolly en 1997. Hoy, el debate parece desplazarse nuevamente: del ADN a la conciencia, de la biología a los algoritmos, de la teología a Silicon Valley.
  • Los gemelos digitales copian máquinas, ¿ahora se va a copiar personas? Eso sería, en esencia, una nueva versión tecnológica del viejo sueño humano de alcanzar la inmortalidad.
  • La promesa de inmortalidad: una utopía que acabará con la libertad y la política
  • Un gemelo digital busca reproducir comportamientos observables. Simula cómo funciona un objeto, un sistema o incluso una persona. Un alma digital, en cambio, intentaría capturar algo mucho más complejo: la identidad, la memoria, la personalidad, los valores, las emociones e incluso las formas de pensar. Mientras el primero reproduce lo que hacemos, el segundo aspira a reproducir quiénes somos.
  • Y allí surge la duda: si la inteligencia artificial puede recrear personas, ¿qué impediría reconstruir digitalmente a algunos de los personajes más oscuros de la historia? ¿Podrían existir versiones algorítmicas de Hitler o Stalin, entrenadas con discursos, decisiones y patrones históricos?
  • Pero el debate también tiene otra cara. La misma tecnología podría preservar el pensamiento y la voz de personas que aportaron positivamente a la humanidad. Imaginemos sistemas educativos inspirados en Nelson Mandela, Marie Curie o Mahatma Gandhi para enseñar reconciliación, ciencia o liderazgo ético.
  • La pregunta central es si deberíamos hacerlo y para qué.
  • La IA y el catolicismo
  • La tradición judeocristiana sostiene que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Esa idea implica singularidad, dignidad y conciencia moral. No somos simplemente datos replicables ni productos escalables.
  • Precisamente por eso, el Vaticano ha comenzado a intervenir activamente en el debate sobre IA. En el documento Antiqua et Nova (2025), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación advertían de que la IA no puede reducir la inteligencia humana a simples patrones computacionales ni reemplazar la dignidad irrepetible de la persona humana.
  • Ello también se reitera en la reciente primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, que invita a reflexionar sobre la relación entre progreso tecnológico, dignidad humana y bien común.
  • Innovación vs. límites éticos
  • Quizá el verdadero riesgo no sea que las máquinas se parezcan demasiado a nosotros. Tal vez el peligro más grande sea que terminemos aceptando sin cuestionamientos el paradigma tecnocrático. Una visión donde todo aquello que nos hace humanos puede medirse, modelarse, comercializarse y optimizarse como si fuera un producto más.
  • La IA necesita innovación. Pero necesita aún más de límites éticos. El futuro no dependerá únicamente de aquello que podamos clonar sino de aquello que decidamos preservar de nuestra propia humanidad. En un mundo capaz de copiar casi cualquier cosa, quizás el mayor desafío sea proteger aquello que sigue siendo irrepetible: nuestra _magnífica_humanidad.
  • James Manuel Pérez-Morón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Khaby Lame ya no es dueño de su imagen digital. La ha vendido por 975 millones de dólares. GIO_LE/Shutterstock

La pregunta parece salida de una novela distópica. Sin embargo, hoy empieza a parecer un dilema real. Hace apenas unas semanas, el creador digital senegalés Khaby Lame protagonizó titulares internacionales tras una venta multimillonaria de su imagen digital. La operación implica la creación de un clon de Lame mediante IA, capaz de replicar su imagen, expresiones y estilo comunicativo para generar contenido 24/7 y en múltiples idiomas. Muchos usuarios en redes resumieron el hecho con una frase provocadora: “Khaby Lame vendió su alma digital”.

Más allá del sensacionalismo, el caso revela algo más profundo: la humanidad no solo quiere automatizar procesos, sino también replicarse a sí misma.

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¿Qué son los gemelos digitales?

Los digital twins o gemelos digitales son representaciones virtuales de procesos, sistemas, activos, organizaciones o personas, conectadas a datos en tiempo real. Esta conexión permite simular escenarios, anticipar riesgos, optimizar operaciones y apoyar mejores decisiones.

Estos gemelos surgieron en sectores industriales) y se utilizan en fábricas, en la gestión energética y de materias primas, en hospitales, cadenas logísticas, ciudades inteligentes, agricultura, transporte, educación y retail.

La consultora McKinsey estima que los gemelos digitales podrían mejorar la eficiencia del capital y de las operaciones entre 20 % y 30 %. Además, proyecciones internacionales indican que el mercado mundial de gemelos digitales alcanzaría cerca de 150 000 millones de dólares en 2030, con tasas de crecimiento cercanas al 47,9 % anual. La razón es clara: representan un cambio profundo en la economía de la decisión.

¿Realidad o utopía?

Lejos de ser una tecnología experimental, los gemelos digitales ya operan en algunas de las organizaciones más avanzadas del mundo. Tesla utiliza réplicas digitales de sus vehículos para monitorear su desempeño, detectar fallas y aplicar la mejora continua a sus sistemas mediante los datos generados por cada automóvil en circulación. General Electric emplea gemelos digitales para optimizar sus parques eólicos y maximizar la eficiencia energética. La NASA desarrolla complejas réplicas virtuales de naves espaciales, vehículos exploradores y misiones enteras para anticipar riesgos antes de que ocurran.

Siemens lidera la construcción de modelos digitales de ciudades inteligentes, capaces de simular movilidad, energía e infraestructura urbana. Boeing aplica esta tecnología durante todo el ciclo de vida de sus aeronaves, desde el diseño hasta el mantenimiento, mientras que Rolls-Royce monitorea sus motores aeronáuticos mediante contrapartes digitales alimentadas por miles de datos en tiempo real durante cada vuelo. Incluso Microsoft permite que pequeñas empresas creen representaciones virtuales de entornos conectados: edificios, fábricas, sistemas de redes e incluso ciudades enteras.

Gemelo digital vs. alma digital

Primero aparecieron relatos mitológicos sobre criaturas artificiales. Siglos después, la ciencia moderna dio un salto decisivo con la clonación de la oveja Dolly en 1997. Hoy, el debate parece desplazarse nuevamente: del ADN a la conciencia, de la biología a los algoritmos, de la teología a Silicon Valley.

Los gemelos digitales copian máquinas, ¿ahora se va a copiar personas? Eso sería, en esencia, una nueva versión tecnológica del viejo sueño humano de alcanzar la inmortalidad.


Leer más: La promesa de inmortalidad: una utopía que acabará con la libertad y la política


Un gemelo digital busca reproducir comportamientos observables. Simula cómo funciona un objeto, un sistema o incluso una persona. Un alma digital, en cambio, intentaría capturar algo mucho más complejo: la identidad, la memoria, la personalidad, los valores, las emociones e incluso las formas de pensar. Mientras el primero reproduce lo que hacemos, el segundo aspira a reproducir quiénes somos.

Y allí surge la duda: si la inteligencia artificial puede recrear personas, ¿qué impediría reconstruir digitalmente a algunos de los personajes más oscuros de la historia? ¿Podrían existir versiones algorítmicas de Hitler o Stalin, entrenadas con discursos, decisiones y patrones históricos?

Pero el debate también tiene otra cara. La misma tecnología podría preservar el pensamiento y la voz de personas que aportaron positivamente a la humanidad. Imaginemos sistemas educativos inspirados en Nelson Mandela, Marie Curie o Mahatma Gandhi para enseñar reconciliación, ciencia o liderazgo ético.

La pregunta central es si deberíamos hacerlo y para qué.

La IA y el catolicismo

La tradición judeocristiana sostiene que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Esa idea implica singularidad, dignidad y conciencia moral. No somos simplemente datos replicables ni productos escalables.

Precisamente por eso, el Vaticano ha comenzado a intervenir activamente en el debate sobre IA. En el documento Antiqua et Nova (2025), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación advertían de que la IA no puede reducir la inteligencia humana a simples patrones computacionales ni reemplazar la dignidad irrepetible de la persona humana.

Ello también se reitera en la reciente primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, que invita a reflexionar sobre la relación entre progreso tecnológico, dignidad humana y bien común.

Innovación vs. límites éticos

Quizá el verdadero riesgo no sea que las máquinas se parezcan demasiado a nosotros. Tal vez el peligro más grande sea que terminemos aceptando sin cuestionamientos el paradigma tecnocrático. Una visión donde todo aquello que nos hace humanos puede medirse, modelarse, comercializarse y optimizarse como si fuera un producto más.

La IA necesita innovación. Pero necesita aún más de límites éticos. El futuro no dependerá únicamente de aquello que podamos clonar sino de aquello que decidamos preservar de nuestra propia humanidad. En un mundo capaz de copiar casi cualquier cosa, quizás el mayor desafío sea proteger aquello que sigue siendo irrepetible: nuestra _magnífica_humanidad.

James Manuel Pérez-Morón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: James Manuel Pérez-Morón, Profesor Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de La Sabana. Puedes consultar la publicación original aquí.