Volver a Jane Austen: cómo la serie ‘La otra hermana Bennet’ cambia nuestra lectura de ‘Orgullo y prejuicio’
“Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa”. Pocas frases de la literatura son tan famosas como el comienzo de Orgullo y prejuicio. Pero La otra hermana Bennet, la nueva serie de la BBC (que en España emite Movistar), ha decidido sustituirla por otra muy distinta: “Es un hecho triste de la vida que, si una joven tiene la desgracia de venir al mundo sin perspectivas de futuro, más le vale hacer todo lo posible por ser hermosa”.
No es un simple cambio de estilo. Con esa frase, la serie deja claro que no quiere limitarse a volver a contar una historia conocida. Quiere invitarnos a leer desde otra perspectiva.
En realidad, la serie adapta el libro homónimo de Janice Hadlow, una novela que imagina la vida de Mary Bennet, una de las hermanas a la sombra de Lizzy (protagonista de la obra de Austen). Ese detalle resulta revelador. Antes de llegar a la televisión, alguien sintió la necesidad de volver a Orgullo y prejuicio para contar otra historia.
Pero, por supuesto, Hadlow no es la única.
Un clásico que se sigue reinterpretando
Orgullo y prejuicio es una novela que ha dado lugar a multitud de reescrituras de ficción. Numerosos escritores y escritoras han vuelto al universo creado por Jane Austen para imaginar precuelas, secuelas, trasladar sus historias a otros contextos como al Pakistán contemporáneo o explorar personajes que aparecían en los márgenes del relato original.
Todos estos textos parten de una misma idea: un clásico nunca es un texto cerrado. Cada generación puede volver a él y formular nuevas preguntas.
Llama la atención que muchas de las reescrituras más recientes de Orgullo y prejuicio tienden a dar voz a personajes que apenas ocupaban unas páginas en la novela original. Entre ellos destacan, sobre todo, personajes femeninos como Anne de Bourgh (la hija de Lady Catherine de Bourgh, idealmente destinada a casarse con el protagonista, Mr. Darcy), Charlotte Lucas (la amiga pragmática de Lizzy Bennet que decide que un matrimonio conveniente es mejor que nada) y, por supuesto, Mary Bennet. En todos estos casos, la idea es similar: mirar una historia que creíamos conocer desde otro lugar.
¿Y si Mary Bennet siempre hubiera sido algo más?
La otra hermana Bennet resulta especialmente interesante porque elige como protagonista a Mary Bennet, probablemente uno de los personajes menos comprendidos de Orgullo y prejuicio.
Durante generaciones, a Mary, que buscaba leer y cultivar el intelecto, se la ha recordado como la hermana pedante, poco agraciada y que desafina. Se mostraba como un personaje cómico que contrastaba con la ingeniosa Lizzy o la bella Jane. Incluso las adaptaciones cinematográficas promovían esta imagen de Mary.
Quizá por eso tantos escritores han querido darle una segunda vida. Ha viajado por Inglaterra y se ha visto envuelta en peligros y escándalos políticos, ha sido espía del gobierno británico e incluso la han imaginado enamorada del enigmático Víctor Frankenstein y entablando una amistad muy extraña con la criatura.
Janice Hadlow lleva esa idea un paso más allá. Su novela plantea una pregunta sencilla pero muy interesante: ¿y si Mary no fuera realmente un personaje cómico, como se nos ha hecho creer, sino alguien a quien nunca habíamos mirado desde la perspectiva adecuada?
Esta reescritura no cambia los acontecimientos fundamentales de Orgullo y prejuicio. Lo que cambia es nuestra posición como lectores. Multitud de escenas adquieren un nuevo significado cuando observamos la historia desde la experiencia de Mary.
Ese cambio de perspectiva también transforma nuestra lectura de los demás personajes. Elizabeth “Lizzy” Bennet es mucho más que una heroína ingeniosa que ha conquistado a generaciones de lectores. Es también una persona capaz de ignorar o malinterpretar a quien tiene más cerca. La serie no destruye nuestra imagen de Elizabeth, sino que la hace más compleja.
Los clásicos no cambian, nuestra lectura sí
Normalmente pensamos que los clásicos son inmutables y que son los nuevos trabajos los que los alteran. Sin embargo, no es tan sencillo. La relación funciona en ambas direcciones.
Cada nueva historia que se basa en una anterior, también altera, inevitablemente, nuestra lectura de esa obra. Pero ¿por qué ciertas historias vuelven una y otra a ser reescritas? La investigadora Erin Sullivan señala que los clásicos que son permanentemente reescritos actúan como un “barómetro” de los cambios culturales: regresar a ellos permite observar no sólo qué sigue igual sino, sobre todo, qué ha cambiado en la sociedad que los vuelve a leer.
Uno de esos cambios tiene que ver con la relación que tenemos con el canon. Los clásicos no sólo deben verse como obras que haya que conservar intactas, sino también como textos con los que podemos dialogar, e incluso discrepar. Es interesante volver a esas historias conocidas desde puntos de vista que antes quedaban fuera. Así, las experiencias de quienes han sido relegados por razones de clase, raza, género o sexualidad adquieren una nueva visibilidad que no tenían en los relatos originales. Las reescrituras permiten preguntarnos quién tenía voz en una historia y quién no.
Pero para que una reescritura funcione hace falta algo más que un clásico conocido. También hace falta que la obra ofrezca posibilidades que se puedan volver a explorar: personajes secundarios con historias apenas divulgadas, situaciones con otras interpretaciones posibles o silencios que nos permitan imaginar qué sucedía fuera del texto original.
Es lo que ocurre en Ancho mar de los Sargazos, en el que Jean Rhys vuelve a la novela Jane Eyre para contar la historia de Bertha Mason; en Penélope y las doce criadas, donde Margaret Atwood cuenta la Odisea desde la perspectiva de Penélope; y en James, en el que Percival Everett reescribe Las aventuras de Huckleberry Finn desde la perspectiva de Jim, el esclavo fugitivo de la novela original. No son simplemente versiones nuevas de historias antiguas: son también una manera de preguntarnos qué otros relatos estaban incluidos en ellas y nunca vimos.
Después de leer o ver La otra hermana Bennet es prácticamente imposible volver a Orgullo y prejuicio sin prestar más atención a Mary. Obviamente, la novela de Austen no ha cambiado, pero nuestra lectura sí.
Quizá por eso resulta tan significativo que la serie empiece cambiando una de las frases más conocidas de la literatura. No pretende reemplazar las palabras de Austen ni sugerir que su comienzo era incompleto. Lo que hace es recordarnos que incluso una frase que creíamos definitiva puede abrir la puerta a nuevas lecturas. “Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa” seguirá siendo el comienzo de Orgullo y prejuicio. Pero, después de acompañar a Mary Bennet en su propia historia, resulta inevitable preguntarse qué estaba ocurriendo mientras seguíamos a Lizzy.
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Este artículo es fruto del Proyecto 22623/PI/24 "Film And Fiction: Adaptation And Rewriting (Cine y Ficción: Adaptación y Reescritura)," concedido por la Fundación Séneca.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Rosa García-Periago, Profesora de Literatura Inglesa, Universidad de Murcia. Puedes consultar la publicación original aquí.
