‘Yo veo el murmullo’: crónica del curso de verano ‘La aventura de divulgar ciencia en español’ 2026
- •Alumnado del curso de verano 2026 de The Conversation en la UIMP Juanma Serrano/UIMP, CC BY-NC-ND
- •“Yo veo el murmullo. Noto que hay mucha gente. Se pone delante de mis ojos algo, como una barrera de calor, una energía…”.
- •Rubén El Albino y el experto en genética del CSIC Lluis Montoliu durante su intervención.
- •The Conversation, CC BY
- •Quien habla es Rubén Romero García, divulgador conocido en redes como @rubenelalbino, con una alta discapacidad visual. Había subido al escenario del salón de baile del Palacio de La Magdalena junto al genetista del CSIC Lluís Montoliu, para conversar sobre albinismo y enfermedades raras.
- •El rumor que Rubén puede “ver” es el que producen setenta alumnos sentados frente a él en el curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito, organizado un año más por The Conversation en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El curso, que ha celebrado su quinta edición, ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la Universidad de Navarra.
- •Sentado junto a Rubén, de manera pausaba, Montoliu explica que las personas con albinismo tienen frecuentemente una importante discapacidad visual: “ven el mundo como cualquiera de nosotros lo hace con el rabillo del ojo, sin fóvea, sin ese punto diminuto de la retina donde se concentra el mayor número de foto receptores”. La falta de visión les da otros “superpoderes”, entre ellos ver esos murmullos o saber en qué paredes de una habitación hay ventanas solo por el “sonido que devuelven”. No ven mal: ven como ven.
- •Mesa inaugural. De izda a decha: Elena Sanz, codirectora del curso; Cristina Rico, gerente de la Fundación Lilly; Ana de la Puebla, secretaria general de la UIMP; Rafael Sarralde, Director Gral de The Conversation; Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología y Dir. Museo de Ciencias universidad de Navarra y Lorena Sánchez, codirectora del curso.
- •Juanma Serrano/UIMP, CC BY
- •¿Cómo nos vamos a gobernar en un mundo con máquinas?
- •Bajo el título Lo humano, primero, el encuentro convocó a investigadores, divulgadores, periodistas, filósofos, matemáticos, músicos, cocineros y estudiantes de disciplinas muy distintas con un objetivo: encontrar cómo ponemos en valor lo humano a la divulgación de la ciencia en la era de la IA.
- •El encargado de inaugurar el curso fue el físico José Ignacio Latorre, director del Centre for Quantum Technologies de Singapur. Arrancó con esta propuesta: “Hagamos un pacto con las máquinas, no nos queda otra”.
- •Resumen gráfico de la exposición de José Ignacio Latorre, realizada por @pelopanton, ilustrador y alumno del curso.
- •@pelopanto, CC BY
- •Hoy, dijo, “lo que más se pregunta a la IA, en el mundo, es sobre salud y amor, no precisamente cuestiones prácticas”. Y los jóvenes de entre 17 y 21 quieren tener una amiga artificial, advirtió.
- •Él mismo se definió como “un científico aumentado” a quien la IA le ahorró seis meses de trabajo al demostrar que su línea de investigación para mejorar el algoritmo de Shor no era válida. Comparte que la IA ya revisa todos los artículos científicos que salen de su centro, donde ha detectado centenares de errores en papers que ya habían sido publicados.
- •“Si hacemos máquinas, nos debilitamos”, advertía Latorre, convencido de que llegará un momento en que las inteligencias artificiales hablen entre ellas en un lenguaje que los humanos ya no podremos comprender.
- •Aun así, el experto terminó reivindicando aquello que ninguna máquina parece capaz de sustituir: “Me gusta el teatro, que salga a escena un actor y me arranque el alma, sin fuegos artificiales”.
- •La conversación dio entonces un interesante giro. Era el momento de abordar una cualidad que compartimos con la IA: ¿Mentimos más (o menos) que ChatGpT?
- •La mentira como cualidad humana
- •Candela Antón durante su intervención, con el muñeco de su hija.
- •The Conversation, CC BY
- •La antropóloga Candela Antón, conductora del podcast “Desenterrando el pasado”, salió a escena con un muñeco de peluche, el favorito de su hija. Había prometido que se lo llevaría al curso y más de una vez estuvo a punto de esconderlo para evitar el engorro de viajar con un juguete. Pero decidió no mentirle… esta vez. Candela habló de las (muchas) veces en que mentimos a los nuestros para no hacerles daño. Desde la antropología, destacó Candela, la mentira es “un preciosísimo ejemplo de tecnología social: puede servir para hacer daño, y también para protegernos”.
- •Candela abordaba este asunto en una conversación con Juan Luis Manfredi, experto en diplomacia, y Ramón Salaverría, peso pesado en los laberintos del periodismo.
- •Sobre la mentira como rasgo humano. Intervenieron de izda a decha Juan Luis Manfredi, catedrático de relaciones internacionales en la UCL, la antropóloga Candela Antón y Ramón Salaverría, catedrático de periodismo en la Universidad de Navara.
- •The Conversation, CC BY
- •Juan Luis Manfredi arrancó diciendo que en diplomacia nadie habla de mentira. “Lo llamamos estrategia: mentimos para encubrir errores”, explicaba. Y el periodista Ramón Salaverría recordó que “hoy sustituimos el valor del argumento por el valor de la emoción”. Y nos regaló una de las frases más sonadas del día: “Convence más una lágrima que una prueba”.
- •En busca de lo que nos hace humanos, la respuesta podía encontrarse en el hilo de una cometa.
- •Una cometa volando en el bosque
- •El investigador del CSIC y referente en cambio climático, Fernando Valladares, sacó a los alumnos del aula y los llevó al bosque. Allí les enseñó a hacer mudos de alondra antes de levantar el vuelo de un puñado de cometas por encima de los pinos. Habló de cambio climático. Habló del juego como actividad libre de gases efecto invernadero. Habló de las emociones. “La divulgación no tiene que rehuir lo recreativo”, defendía. Y tampoco hay obligación de esconder las emociones.
- •Fernando Valladares en una esplanada en el bosque que rodea el Palacio de la Magdalena.
- •Juanma Serrano/UIMP, CC BY
- •Fernando Valladares lanzó una pregunta al alumnado: ¿sabéis por qué una cometa puede volar?. Lo más directo es pensar que se lo debemos al viento. Pero no: si vuelan es porque están sujetas por un hilo. “Es una buena metáfora para salir del colapso caótico al que nos está llevando el cambio climático, y caminar hacia un decrecimiento planificado”, concluía.
- •“Necesitamos salir más, vernos más, jugar más”, decía una alumna mientras las cometas se elevaban en el cielo.
- •La jornada de los invisibles
- •Clara Grima es profesora en la Universidad de Sevilla, y habló de su especialidad, las matemáticas, que ayudan a explicar cómo entendemos el mundo. “La falta de conocimiento matemático es peligrosa”, subrayaba la reconocida divulgadora.
- •Habló de los peligros del anumerismo. De quienes confunden un billón europeo con uno estadounidense. De Google. De algoritmos invisibles que sostienen la vida cotidiana. “No son los chinos: son las matemáticas”, bromeaba.
- •Clara también habló de empatía y del “espejismo de la mayoría”, que explica por qué dos personas pueden contemplar realidades completamente distintas sin que ninguna se considere irracional.
- •La matemática Clara Grima durante su exposición.
- •The Conversation, CC BY
- •Ponerse en el lugar del otro, ya sea alguien con una enfermedad rara como Rubén, ya sea alguien con una realidad sesgada que, con la información de la que dispone interpreta incorrectamente la realidad, nos ayuda a construir un mundo más humano.
- •Talleres prácticos
- •El curso regresaba una y otra vez a la misma pregunta. ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso la creatividad, acaso el pensamiento científico? O quizás es el trabajo en equipo, que también tuvo cabida en el curso.
- •Los talleres prácticos de la V edición del curso La aventura de divulgar ciencia comenzaron poniendo sobre la mesa herramientas innovadoras para la divulgación, propuestas por la periodista Pilar Perla, coordinadora del suplemento de ciencia Tercer Milenio de Heraldo de Aragón. Y aprendimos a hacer vídeos con IA de la mano de Bienvenido León, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, realizador, productor y guionista de reportajes y documentales.
- •Trabajo en equipo: La periodista Pirla Perla propuso un taller en busca de propuestas de divulgador innovadoras.
- •The Conversation, CC BY
- •Hubo lugar para prácticas dedicadas a diseñar proyectos de comunicación científica integrando activamente a colectivos históricamente “invisibles”, con especial foco en personas con discapacidad. El taller lo impartió parte del equipo del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra: Marta Revuelta, coordinadora de su programación, y Marie Anne Reynell, directora de desarrollo.
- •Si hubiera que elegir: ¿arte o ciencia?
- •El filósofo Ricardo Piñero.
- •The Conversation, CC BY
- •El planteamiento del debate que abría la última jornada del encuentro era éste: imaginen un escenario apocalíptico el que tenemos que renunciar o bien a la ciencia, o bien al arte. ¿Qué elegimos si no hay otra opción que quedarse con una única alternativa?
- •Ricardo Piñero, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, invitó a imaginar un mundo sin arte y cuestionó si ese escenario sería posible, dado que “el arte es la primera forma humana de estar en el mundo”.
- •“Pero el arte es elitista, solo está en manos de unos pocos”, defendía el microbiólogo Ignacio López Goñi, que aupaba la ciencia como la gran obra colectiva de la humanidad. “Sin ciencia no habría vacunas, solo un pequeño porcentaje de los que estamos hoy aquí estaríamos vivos”. Un argumento que remataba con otro: “Sin ciencia hay más dolor”.
- •Ambos, Piñeiro y Lóepz Goñi, coincidieron en que arte y ciencia están profundamente relacionados. Como ejemplos de esa conexión citaron el mapa del genoma humano y un cuadro de Piet Mondrian.
- •Pero fue una frase de Piñero la que resonó como victoria en la sala y levantó vítores: “Sin ciencia viviríamos poco, pero podríamos ser felices”.
- •Cápsula sonora musical
- •Había llegado el momento de que sonara la música.
- •Mario Muñoz, conductor del pódcast Correspondencias de RNE y crítico musical, pidió apagar las luces de la sala y cerrar las cortinas. Construyó un relato a partir de la música que viaja en el Disco de Oro de las sondas Voyager, esa cápsula sonora concebida por el divulgador entre divulgadores Carl Sagan, para presentarnos ante una posible inteligencia extraterrestre.
- •Lo primero que escucharían los extraños sería Dark Was the Night, Cold Was the Ground, una legendaria canción de gospel-blues de 1927, interpretada por Blind Willie Johnson, que fue seleccionada para formar parte del Disco de Oro de la Voyager en 1977.
- •Mario nos regaló la play list con las canciones de su charla.
- •El crítico musical Mario Muñoz con la antropóloga Candela Antón.
- •The Conversation, CC BY
- •El aperitivo efímero del eclipse
- •No hubo una conclusión oficial para el debate ni para el curso. Hubo una tapa.
- •Yasser Ríos, profesor del Basque Culinary Center y experto en tecnología de alimentos, concibió el aperitivo del eclipse como un bocado tan efímero como el fenómeno astronómico al que rendía homenaje.
- •Yasser Ríos con la tapa terminada.
- •Juanma Serrano/UIMP, CC BY
- •La base era un pan transparente. Sobre él, un tartar cuyo ingrediente principal era la sandía (redonda, como la Luna), aderezada con una salsa elaborada con insectos nocturnos: grillos. Con aquella pequeña creación entre las manos, que todos degustamos con curiosidad, prolongamos unos minutos más una conversación que nadie parecía dispuesto a terminar. Había llegado el fin de curso.
- •Cristina López Ubierna, alumna, compartió su resumen de lo vivido: “Podría citar a cada uno de los ponentes. Todos estuvieron brillantes. Pero, curiosamente, lo que permanece no son los solos, sino la obra completa. Porque el verdadero acierto fue la partitura. The Conversation dirigió una orquesta en la que cada intervención encontraba sentido en la siguiente, donde las ideas se respondían entre sí aunque cambiaran de escenario, de disciplina o de lenguaje. Una sinfonía que sonó natural, coherente y sorprendente. Y cuando termina un concierto así, uno no sale tarareando una melodía, sale con ganas de interpretarla”.
- •Durante tres días todos intentaron responder qué nos hace humanos. Rubén, quizá, había dado en el clavo. Antes de empezar a hablar de genética, de inteligencia artificial, de matemáticas o de música, había explicado cómo veía a quienes tenía delante. No veía caras. Veía movimiento. Veía calor. Veía una energía que ocupaba la sala. Veía el murmullo de lo que somos.
“Yo veo el murmullo. Noto que hay mucha gente. Se pone delante de mis ojos algo, como una barrera de calor, una energía…”.
Quien habla es Rubén Romero García, divulgador conocido en redes como @rubenelalbino, con una alta discapacidad visual. Había subido al escenario del salón de baile del Palacio de La Magdalena junto al genetista del CSIC Lluís Montoliu, para conversar sobre albinismo y enfermedades raras.
El rumor que Rubén puede “ver” es el que producen setenta alumnos sentados frente a él en el curso La aventura de divulgar ciencia en español con éxito, organizado un año más por The Conversation en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El curso, que ha celebrado su quinta edición, ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Lilly y la Universidad de Navarra.
Sentado junto a Rubén, de manera pausaba, Montoliu explica que las personas con albinismo tienen frecuentemente una importante discapacidad visual: “ven el mundo como cualquiera de nosotros lo hace con el rabillo del ojo, sin fóvea, sin ese punto diminuto de la retina donde se concentra el mayor número de foto receptores”. La falta de visión les da otros “superpoderes”, entre ellos ver esos murmullos o saber en qué paredes de una habitación hay ventanas solo por el “sonido que devuelven”. No ven mal: ven como ven.
¿Cómo nos vamos a gobernar en un mundo con máquinas?
Bajo el título Lo humano, primero, el encuentro convocó a investigadores, divulgadores, periodistas, filósofos, matemáticos, músicos, cocineros y estudiantes de disciplinas muy distintas con un objetivo: encontrar cómo ponemos en valor lo humano a la divulgación de la ciencia en la era de la IA.
El encargado de inaugurar el curso fue el físico José Ignacio Latorre, director del Centre for Quantum Technologies de Singapur. Arrancó con esta propuesta: “Hagamos un pacto con las máquinas, no nos queda otra”.
Hoy, dijo, “lo que más se pregunta a la IA, en el mundo, es sobre salud y amor, no precisamente cuestiones prácticas”. Y los jóvenes de entre 17 y 21 quieren tener una amiga artificial, advirtió.
Él mismo se definió como “un científico aumentado” a quien la IA le ahorró seis meses de trabajo al demostrar que su línea de investigación para mejorar el algoritmo de Shor no era válida. Comparte que la IA ya revisa todos los artículos científicos que salen de su centro, donde ha detectado centenares de errores en papers que ya habían sido publicados.
“Si hacemos máquinas, nos debilitamos”, advertía Latorre, convencido de que llegará un momento en que las inteligencias artificiales hablen entre ellas en un lenguaje que los humanos ya no podremos comprender.
Aun así, el experto terminó reivindicando aquello que ninguna máquina parece capaz de sustituir: “Me gusta el teatro, que salga a escena un actor y me arranque el alma, sin fuegos artificiales”.
La conversación dio entonces un interesante giro. Era el momento de abordar una cualidad que compartimos con la IA: ¿Mentimos más (o menos) que ChatGpT?
La mentira como cualidad humana
La antropóloga Candela Antón, conductora del podcast “Desenterrando el pasado”, salió a escena con un muñeco de peluche, el favorito de su hija. Había prometido que se lo llevaría al curso y más de una vez estuvo a punto de esconderlo para evitar el engorro de viajar con un juguete. Pero decidió no mentirle… esta vez. Candela habló de las (muchas) veces en que mentimos a los nuestros para no hacerles daño. Desde la antropología, destacó Candela, la mentira es “un preciosísimo ejemplo de tecnología social: puede servir para hacer daño, y también para protegernos”.
Candela abordaba este asunto en una conversación con Juan Luis Manfredi, experto en diplomacia, y Ramón Salaverría, peso pesado en los laberintos del periodismo.
Juan Luis Manfredi arrancó diciendo que en diplomacia nadie habla de mentira. “Lo llamamos estrategia: mentimos para encubrir errores”, explicaba. Y el periodista Ramón Salaverría recordó que “hoy sustituimos el valor del argumento por el valor de la emoción”. Y nos regaló una de las frases más sonadas del día: “Convence más una lágrima que una prueba”.
En busca de lo que nos hace humanos, la respuesta podía encontrarse en el hilo de una cometa.
Una cometa volando en el bosque
El investigador del CSIC y referente en cambio climático, Fernando Valladares, sacó a los alumnos del aula y los llevó al bosque. Allí les enseñó a hacer mudos de alondra antes de levantar el vuelo de un puñado de cometas por encima de los pinos. Habló de cambio climático. Habló del juego como actividad libre de gases efecto invernadero. Habló de las emociones. “La divulgación no tiene que rehuir lo recreativo”, defendía. Y tampoco hay obligación de esconder las emociones.
Fernando Valladares lanzó una pregunta al alumnado: ¿sabéis por qué una cometa puede volar?. Lo más directo es pensar que se lo debemos al viento. Pero no: si vuelan es porque están sujetas por un hilo. “Es una buena metáfora para salir del colapso caótico al que nos está llevando el cambio climático, y caminar hacia un decrecimiento planificado”, concluía.
“Necesitamos salir más, vernos más, jugar más”, decía una alumna mientras las cometas se elevaban en el cielo.
La jornada de los invisibles
Clara Grima es profesora en la Universidad de Sevilla, y habló de su especialidad, las matemáticas, que ayudan a explicar cómo entendemos el mundo. “La falta de conocimiento matemático es peligrosa”, subrayaba la reconocida divulgadora.
Habló de los peligros del anumerismo. De quienes confunden un billón europeo con uno estadounidense. De Google. De algoritmos invisibles que sostienen la vida cotidiana. “No son los chinos: son las matemáticas”, bromeaba.
Clara también habló de empatía y del “espejismo de la mayoría”, que explica por qué dos personas pueden contemplar realidades completamente distintas sin que ninguna se considere irracional.
Ponerse en el lugar del otro, ya sea alguien con una enfermedad rara como Rubén, ya sea alguien con una realidad sesgada que, con la información de la que dispone interpreta incorrectamente la realidad, nos ayuda a construir un mundo más humano.
Talleres prácticos
El curso regresaba una y otra vez a la misma pregunta. ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso la creatividad, acaso el pensamiento científico? O quizás es el trabajo en equipo, que también tuvo cabida en el curso.
Los talleres prácticos de la V edición del curso La aventura de divulgar ciencia comenzaron poniendo sobre la mesa herramientas innovadoras para la divulgación, propuestas por la periodista Pilar Perla, coordinadora del suplemento de ciencia Tercer Milenio de Heraldo de Aragón. Y aprendimos a hacer vídeos con IA de la mano de Bienvenido León, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra, realizador, productor y guionista de reportajes y documentales.
Hubo lugar para prácticas dedicadas a diseñar proyectos de comunicación científica integrando activamente a colectivos históricamente “invisibles”, con especial foco en personas con discapacidad. El taller lo impartió parte del equipo del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra: Marta Revuelta, coordinadora de su programación, y Marie Anne Reynell, directora de desarrollo.
Si hubiera que elegir: ¿arte o ciencia?
El planteamiento del debate que abría la última jornada del encuentro era éste: imaginen un escenario apocalíptico el que tenemos que renunciar o bien a la ciencia, o bien al arte. ¿Qué elegimos si no hay otra opción que quedarse con una única alternativa?
Ricardo Piñero, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Navarra, invitó a imaginar un mundo sin arte y cuestionó si ese escenario sería posible, dado que “el arte es la primera forma humana de estar en el mundo”.
“Pero el arte es elitista, solo está en manos de unos pocos”, defendía el microbiólogo Ignacio López Goñi, que aupaba la ciencia como la gran obra colectiva de la humanidad. “Sin ciencia no habría vacunas, solo un pequeño porcentaje de los que estamos hoy aquí estaríamos vivos”. Un argumento que remataba con otro: “Sin ciencia hay más dolor”.
Ambos, Piñeiro y Lóepz Goñi, coincidieron en que arte y ciencia están profundamente relacionados. Como ejemplos de esa conexión citaron el mapa del genoma humano y un cuadro de Piet Mondrian.
Pero fue una frase de Piñero la que resonó como victoria en la sala y levantó vítores: “Sin ciencia viviríamos poco, pero podríamos ser felices”.
Cápsula sonora musical
Había llegado el momento de que sonara la música.
Mario Muñoz, conductor del pódcast Correspondencias de RNE y crítico musical, pidió apagar las luces de la sala y cerrar las cortinas. Construyó un relato a partir de la música que viaja en el Disco de Oro de las sondas Voyager, esa cápsula sonora concebida por el divulgador entre divulgadores Carl Sagan, para presentarnos ante una posible inteligencia extraterrestre.
Lo primero que escucharían los extraños sería Dark Was the Night, Cold Was the Ground, una legendaria canción de gospel-blues de 1927, interpretada por Blind Willie Johnson, que fue seleccionada para formar parte del Disco de Oro de la Voyager en 1977.
Mario nos regaló la play list con las canciones de su charla.
El aperitivo efímero del eclipse
No hubo una conclusión oficial para el debate ni para el curso. Hubo una tapa.
Yasser Ríos, profesor del Basque Culinary Center y experto en tecnología de alimentos, concibió el aperitivo del eclipse como un bocado tan efímero como el fenómeno astronómico al que rendía homenaje.
La base era un pan transparente. Sobre él, un tartar cuyo ingrediente principal era la sandía (redonda, como la Luna), aderezada con una salsa elaborada con insectos nocturnos: grillos. Con aquella pequeña creación entre las manos, que todos degustamos con curiosidad, prolongamos unos minutos más una conversación que nadie parecía dispuesto a terminar. Había llegado el fin de curso.
Cristina López Ubierna, alumna, compartió su resumen de lo vivido: “Podría citar a cada uno de los ponentes. Todos estuvieron brillantes. Pero, curiosamente, lo que permanece no son los solos, sino la obra completa. Porque el verdadero acierto fue la partitura. The Conversation dirigió una orquesta en la que cada intervención encontraba sentido en la siguiente, donde las ideas se respondían entre sí aunque cambiaran de escenario, de disciplina o de lenguaje. Una sinfonía que sonó natural, coherente y sorprendente. Y cuando termina un concierto así, uno no sale tarareando una melodía, sale con ganas de interpretarla”.
Durante tres días todos intentaron responder qué nos hace humanos. Rubén, quizá, había dado en el clavo. Antes de empezar a hablar de genética, de inteligencia artificial, de matemáticas o de música, había explicado cómo veía a quienes tenía delante. No veía caras. Veía movimiento. Veía calor. Veía una energía que ocupaba la sala. Veía el murmullo de lo que somos.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: The Conversation España, Editor, The Conversation. Puedes consultar la publicación original aquí.
