Cómo usar la IA para escribir mejor sin volvernos dependientes
- •Andrii Zastrozhnov/Shutterstock
- •Hasta hace poco, la redacción era un proceso fundamentalmente manual que exigía una serie de habilidades concretas: ordenar ideas, desarrollar argumentos o sintetizar, elegir ejemplos y metáforas, organizar las ideas en oraciones y párrafos, darles a todos ellos una coherencia y un estilo. Cuanto mejor se nos dieran esas habilidades, o más las practicásemos, mejor sería la calidad de nuestra escritura.
- •Por ejemplo, para “bordar” una redacción en el instituto no bastaba con escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Era necesario reflexionar sobre cómo redactar y revisar el texto varias veces para cumplir con una serie de criterios.
- •Hoy en día, aunque sigue existiendo el conjunto de criterios y las habilidades descritas siguen siendo importantes, perfeccionar una redacción ya no depende únicamente de la capacidad humana, porque cualquier estudiante tiene a su disposición numerosos programas de inteligencia artificial que pueden mejorar todo tipo de escritos en segundos. Incluso, permiten elaborar textos completos con tan solo una serie de indicaciones generales.
- •El riesgo de la dependencia cognitiva
- •La inteligencia artificial puede ser un salvavidas para quienes tienen dificultades con la redacción. Algunas herramientas detectan y corrigen errores lingüísticos con un alto grado de precisión. Además, estas se han ido especializando para ofrecer soluciones cada vez más complejas, como las retroalimentaciones personalizadas o la tutorización inteligente.
- •No obstante, algunos investigadores advierten de que un uso excesivo y continuado de estos programas puede generar dependencia. Como consecuencia, ha surgido un debate sobre el riesgo de atrofia cognitiva o la deuda cognitiva: es decir, el riesgo de dejar de ser capaces de realizar tareas sin ayuda de una máquina.
- •¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’
- •Dicha dependencia podría disminuir el pensamiento crítico, reducir la creatividad o debilitar la memoria, o incluso mermar la capacidad para reflexionar sobre la escritura, algo que las herramientas aún no pueden lograr.
- •No evitar el esfuerzo
- •Las investigaciones sobre la atrofia cognitiva relacionada con el uso de la inteligencia artificial todavía son incipientes. No obstante, algunos estudios han identificado acciones concretas que podrían provocarla. Una de ellas es el hábito de delegar tareas que requieren un gran esfuerzo cognitivo, como estructurar ideas o razonar supuestos, a herramientas externas.
- •Dicha práctica se conoce como descarga cognitiva y surge del intento de reducir la carga mental asociada al proceso de escritura. Hay expertos que recomiendan hacer un uso controlado de los programas que apoyan la escritura.
- •¿Qué conviene hacer?
- •En primer lugar, para evitar la atrofia o deuda cognitiva, los expertos recomiendan realizar un pequeño esfuerzo antes de recurrir a la inteligencia artificial. Ante el “síndrome de la hoja en blanco” (la inseguridad e incomodidad que nos produce generar esas primeras líneas escritas), conviene dedicar unos minutos a analizar y desarrollar nuestras ideas propias. Este gesto activa nuestros procesos cognitivos, potencia nuestra creatividad y asegura la originalidad de nuestros escritos.
- •Por ejemplo, si queremos redactar un texto argumentativo, primero deberíamos identificar nuestra opinión acerca de un determinado tema. Para ello, sería útil anotar las ideas clave que queremos transmitir y crear un esquema general que nos ayude a estructurar el texto. Si nos saltamos estos pasos previos y dejamos que la IA escriba todo desde cero, reducimos nuestro esfuerzo mental y corremos el riesgo de depender cada vez más de ella.
- •Escribir en la universidad en la era de la inteligencia artificial
- •En segundo lugar, la inteligencia artificial debe actuar como un tutor, no como un autor. En vez de solicitarle que escriba un párrafo, es preferible utilizarla para obtener retroalimentaciones sobre aspectos concretos de los escritos. De este modo, se fomenta la reflexión sobre el proceso de escritura y se reduce el riesgo de dependencia.
- •Un tutor, no un autor
- •Un ejemplo de esta propuesta es la aplicación desarrollada en el proyecto de investigación PALABRIA. Esta detecta errores lingüísticos en textos de estudiantes y les proporciona retroalimentaciones útiles para mejorar sus habilidades de redacción. Además, incorpora indicadores de analítica del aprendizaje que permiten medir el progreso del alumno durante la escritura.
- •Así pues, la aplicación aprovecha las capacidades de la inteligencia artificial para fomentar el aprendizaje de la lengua escrita, en lugar de sustituir la redacción. Esta propuesta innovadora ha sido presentada en seminarios, congresos y jornadas internacionales. Y su arquitectura interna puede consultarse en la web del proyecto PALABRIA.
- •Por último, algunos autores recomiendan utilizar la inteligencia artificial únicamente para revisar textos ya terminados. Así, la tecnología no intervendría en los procesos creativos que requieren un mayor esfuerzo cognitivo. Por tanto, actuaría como un apoyo durante la fase final de revisión, pero no sustituiría las tareas intelectuales necesarias para escribir.
- •Mejorar la escritura sin volvernos dependientes
- •Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden mejorar la calidad de nuestros textos, como ya se ha señalado en otros artículos. Estas ofrecen un amplio abanico de funciones que no solo facilitan la escritura, sino que fomentan el aprendizaje autónomo e incluso la reflexión gramatical.
- •No obstante, conviene entender sus limitaciones para utilizarlas adecuadamente y no perjudicar el pensamiento crítico. En ese sentido, son de gran relevancia eventos como las jornadas PALABRIA, que suponen un espacio de diálogo para repensar críticamente el uso de la IA.
- •Los consejos expuestos anteriormente, así como el ejemplo del proyecto PALABRIA, pueden servir de referencia para superar el riesgo de la atrofia cognitiva. Además, de aplicarlos, se evitaría también una dependencia perjudicial de la tecnología durante la escritura.
- •Pedro Manuel Moreno-Marcos recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
- •Daniel Fernández Artiaga recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
- •Marina Serrano-Marín recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
- •Pedro J. Muñoz-Merino recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
Hasta hace poco, la redacción era un proceso fundamentalmente manual que exigía una serie de habilidades concretas: ordenar ideas, desarrollar argumentos o sintetizar, elegir ejemplos y metáforas, organizar las ideas en oraciones y párrafos, darles a todos ellos una coherencia y un estilo. Cuanto mejor se nos dieran esas habilidades, o más las practicásemos, mejor sería la calidad de nuestra escritura.
Por ejemplo, para “bordar” una redacción en el instituto no bastaba con escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Era necesario reflexionar sobre cómo redactar y revisar el texto varias veces para cumplir con una serie de criterios.
Hoy en día, aunque sigue existiendo el conjunto de criterios y las habilidades descritas siguen siendo importantes, perfeccionar una redacción ya no depende únicamente de la capacidad humana, porque cualquier estudiante tiene a su disposición numerosos programas de inteligencia artificial que pueden mejorar todo tipo de escritos en segundos. Incluso, permiten elaborar textos completos con tan solo una serie de indicaciones generales.
El riesgo de la dependencia cognitiva
La inteligencia artificial puede ser un salvavidas para quienes tienen dificultades con la redacción. Algunas herramientas detectan y corrigen errores lingüísticos con un alto grado de precisión. Además, estas se han ido especializando para ofrecer soluciones cada vez más complejas, como las retroalimentaciones personalizadas o la tutorización inteligente.
No obstante, algunos investigadores advierten de que un uso excesivo y continuado de estos programas puede generar dependencia. Como consecuencia, ha surgido un debate sobre el riesgo de atrofia cognitiva o la deuda cognitiva: es decir, el riesgo de dejar de ser capaces de realizar tareas sin ayuda de una máquina.
Leer más: ¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’
Dicha dependencia podría disminuir el pensamiento crítico, reducir la creatividad o debilitar la memoria, o incluso mermar la capacidad para reflexionar sobre la escritura, algo que las herramientas aún no pueden lograr.
No evitar el esfuerzo
Las investigaciones sobre la atrofia cognitiva relacionada con el uso de la inteligencia artificial todavía son incipientes. No obstante, algunos estudios han identificado acciones concretas que podrían provocarla. Una de ellas es el hábito de delegar tareas que requieren un gran esfuerzo cognitivo, como estructurar ideas o razonar supuestos, a herramientas externas.
Dicha práctica se conoce como descarga cognitiva y surge del intento de reducir la carga mental asociada al proceso de escritura. Hay expertos que recomiendan hacer un uso controlado de los programas que apoyan la escritura.
¿Qué conviene hacer?
En primer lugar, para evitar la atrofia o deuda cognitiva, los expertos recomiendan realizar un pequeño esfuerzo antes de recurrir a la inteligencia artificial. Ante el “síndrome de la hoja en blanco” (la inseguridad e incomodidad que nos produce generar esas primeras líneas escritas), conviene dedicar unos minutos a analizar y desarrollar nuestras ideas propias. Este gesto activa nuestros procesos cognitivos, potencia nuestra creatividad y asegura la originalidad de nuestros escritos.
Por ejemplo, si queremos redactar un texto argumentativo, primero deberíamos identificar nuestra opinión acerca de un determinado tema. Para ello, sería útil anotar las ideas clave que queremos transmitir y crear un esquema general que nos ayude a estructurar el texto. Si nos saltamos estos pasos previos y dejamos que la IA escriba todo desde cero, reducimos nuestro esfuerzo mental y corremos el riesgo de depender cada vez más de ella.
Leer más: Escribir en la universidad en la era de la inteligencia artificial
En segundo lugar, la inteligencia artificial debe actuar como un tutor, no como un autor. En vez de solicitarle que escriba un párrafo, es preferible utilizarla para obtener retroalimentaciones sobre aspectos concretos de los escritos. De este modo, se fomenta la reflexión sobre el proceso de escritura y se reduce el riesgo de dependencia.
Un tutor, no un autor
Un ejemplo de esta propuesta es la aplicación desarrollada en el proyecto de investigación PALABRIA. Esta detecta errores lingüísticos en textos de estudiantes y les proporciona retroalimentaciones útiles para mejorar sus habilidades de redacción. Además, incorpora indicadores de analítica del aprendizaje que permiten medir el progreso del alumno durante la escritura.
Así pues, la aplicación aprovecha las capacidades de la inteligencia artificial para fomentar el aprendizaje de la lengua escrita, en lugar de sustituir la redacción. Esta propuesta innovadora ha sido presentada en seminarios, congresos y jornadas internacionales. Y su arquitectura interna puede consultarse en la web del proyecto PALABRIA.
Por último, algunos autores recomiendan utilizar la inteligencia artificial únicamente para revisar textos ya terminados. Así, la tecnología no intervendría en los procesos creativos que requieren un mayor esfuerzo cognitivo. Por tanto, actuaría como un apoyo durante la fase final de revisión, pero no sustituiría las tareas intelectuales necesarias para escribir.
Mejorar la escritura sin volvernos dependientes
Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden mejorar la calidad de nuestros textos, como ya se ha señalado en otros artículos. Estas ofrecen un amplio abanico de funciones que no solo facilitan la escritura, sino que fomentan el aprendizaje autónomo e incluso la reflexión gramatical.
No obstante, conviene entender sus limitaciones para utilizarlas adecuadamente y no perjudicar el pensamiento crítico. En ese sentido, son de gran relevancia eventos como las jornadas PALABRIA, que suponen un espacio de diálogo para repensar críticamente el uso de la IA.
Los consejos expuestos anteriormente, así como el ejemplo del proyecto PALABRIA, pueden servir de referencia para superar el riesgo de la atrofia cognitiva. Además, de aplicarlos, se evitaría también una dependencia perjudicial de la tecnología durante la escritura.
Pedro Manuel Moreno-Marcos recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
Daniel Fernández Artiaga recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
Marina Serrano-Marín recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
Pedro J. Muñoz-Merino recibe fondos del proyecto PALABRIA-CM-UC3M, financiado por la Comunidad de Madrid a través del convenio-subvención para el fomento y la promoción de la investigación y la transferencia de tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Pedro Manuel Moreno-Marcos, Profesor Titular en el Departamento de Ingeniería Telemática de la Universidad Carlos III de Madrid, Universidad Carlos III. Puedes consultar la publicación original aquí.
