De Homero a Virginia Woolf: un recorrido por los eclipses, presagios y símbolos en la literatura
- •_Eclipse total de Sol_ (suele datarse en 1897) del artista y astrónomo alemán Wilhelm Kranz. Wilhelm Kranz
- •Imagine que es mediodía y el día empieza a apagarse: el aire se enfría, los pájaros callan, las estrellas asoman donde no deberían. Hoy sabemos que es la Luna cruzándose ante el Sol. Pero durante casi toda la historia ese instante fue una grieta en el orden del mundo, y los escritores llevan casi tres mil años intentando ponerle palabras.
- •Lo fascinante es que cada época ha visto en el mismo fenómeno una cosa distinta. Seguir ese rastro literario, del terror antiguo a la maravilla moderna, es una forma de asomarse a cómo en Occidente hemos ido cambiando de mirada.
- •De presagio a milagro
- •El punto de partida es Homero. En el canto XX de la Odisea, el adivino Teoclímeno anuncia la matanza de los pretendientes con unos versos escalofriantes:
- •“el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas
- •que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo
- •se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.
- •¿Describía Homero un eclipse real? Ya lo creyeron Plutarco y otros antiguos, y el debate sigue vivo: en 2008 se propuso datarlo el 16 de abril de 1178 a. e. c., aunque algunos filólogos lo dudan. Dejando a un lado la discusión, para el mundo antiguo el Sol que se apagaba era anunciador de muerte. Será esa ecuación la que aparecerá en la literatura durante siglos.
- •La Edad Media convirtió ese miedo en teología. El eclipse más comentado en el Medievo no procede de un poema, sino de los Evangelios. Se trata de la oscuridad que, según san Lucas, cubrió la tierra al morir Cristo.
- •A inicios del siglo XIV, Dante lo abordó de forma sorprendente en el Paraíso (XXIX) de la Divina comedia: en vez de describirlo, hace que el personaje de Beatriz –símbolo de la salvación– se burle de los predicadores que fabulan sobre él, y zanja que la luz “por sí misma se ocultó”.
- •Además de utilizar el eclipse como cambio asombroso y divino en Beatriz, el florentino sabía que un eclipse solar es imposible en luna llena –cuando cae la Pascua–, así que hizo del prodigio una lección sobre la verdad. En Dante, leer el cielo es siempre un ejercicio moral. Con él, el eclipse ya no solo asustaba, sino que también obligaba a pensar.
- •El desorden del mundo sobre las tablas y la herida íntima
- •Durante los siglos XVI y XVII, el presagio saltó al escenario, y nadie lo usó con más malicia que Shakespeare.
- •En El rey Lear (1608), el viejo Gloucester se lamenta de que “Estos recientes eclipses del Sol y Luna no nos presagian nada bueno”. Pero su hijo bastardo, el villano Edmund, sabe muy bien que puede aprovechar esas supersticiones para manipular a todos. A Shakespeare, que pensaba probablemente en el eclipse real de 1605, no le interesaba decir quién acertaba, sino que convirtió ese presagio en espejo de nuestra propia credulidad.
- •Un eclipse de Sol de fondo en una escena de Isaac y Rebeca, espiados por Abimelec.
- •Logias vaticanas/Wikimedia Commons
- •De su mismo siglo rescatamos una voz insólita y largo tiempo silenciada. En el XVII, la poeta inglesa Hester Pulter escribió un poema titulado The Eclipse que permaneció inédito hasta 1996. Como han señalado sus editoras, los versos de Pulter corresponden a un caso rarísimo, ya que describen a la vez un eclipse de Sol y uno de Luna con el objetivo de meditar sobre la muerte y la fe. Encerrada por su condición femenina, esta mujer encontró en el Sol eclipsado y en el nuevo conocimiento astronómico de su tiempo un símbolo de su alma buscando la luz divina.
- •Por otro lado, su contemporáneo John Milton llevó el símbolo del eclipse a dos extremos opuestos. En El paraíso perdido (1667), el fenómeno astronómico se yergue como emblema del poder que caerá. En este poema, un Satanás derrotado aún resplandece como el Sol que, “en un sombrío eclipse, esparce un crepúsculo funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes”.
- •Pero Milton, ya ciego, escribió también el lamento del héroe en Sansón agonista (1671): “¡Oh, oscuridad en pleno resplandor del mediodía, irremediablemente oscura, eclipse total, sin esperanza alguna de día!”. El eclipse ya no procedía del cielo, sino del interior del ser humano.
- •De la ciencia y el juego literario a la experiencia de mirar
- •Entrado el siglo XIX, la ciencia expulsó al fantasma. El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), tras ver un eclipse en Italia en 1820, lo escenificó como un duelo entre la Ciencia, que “aguardaba la hora”, y la Superstición, que lo combatía “con ritos impuros”.
- •Pintura del eclipse solar del 8 de julio de 1842 realizada por Jakob Alt.
- •Wikimedia Commons
- •Ya sin miedo, el eclipse se volvió juego en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). Mark Twain hizo que su protagonista, condenado a la hoguera, amenace con apagar el sol cuando sabe que llega un eclipse, y la corte aterrada lo libera.
- •Setenta años después, el guatemalteco Augusto Monterroso invirtió esa escena en El eclipse: fray Bartolomé intenta el truco con los mayas, pero estos recitan “las infinitas fechas en que se producirían eclipses… sin la valiosa ayuda de Aristóteles” y lo sacrifican igual. El engaño del conquistador fracasa ante el saber del conquistado: pocas veces el eclipse ha servido para una ironía tan afilada.
- •Y es que la llegada del siglo XX había traído algo nuevo: se dejó de interpretar el eclipse para sentirlo. Virginia Woolf viajó de noche para verlo en 1927 y escribió: “Esta era la derrota del sol. El asombro destroza el sentido”. Su ensayo El sol y el pez (1928) lo transformó en una experiencia casi cinematográfica y colectiva.
- •Volverá sobre ello la estadounidense Annie Dillard, quien en 1982 firmó lo que muchos consideran una de las mejores páginas escritas sobre el tema: “Lo que ves en un eclipse total es completamente diferente de lo que sabes”.
- •Coda: agosto de 2026
- •A lo largo de los siglos, el eclipse ha sido una pantalla donde cada época ha proyectado sus miedos y su sabiduría. Todo este recorrido, por cierto, tiene hoy un marco académico de primer nivel en Eclipse and Revelation, un volumen que reúne a especialistas para leer el eclipse desde la ciencia, la historia y la literatura.
- •Este verano será un buen momento para consultarlo, porque el 12 de agosto de 2026 la sombra de la Luna cruzará el cielo de España por primera vez en más de un siglo. No veremos solo un espectáculo astronómico, veremos el mismo prodigio que hizo temblar a Teoclímeno, pensar a Dante y enmudecer a Woolf. Quizá comprendamos, como Dillard, que lo que estamos a punto de ver no se parece en nada a lo que ya creíamos saber.
- •Lo seguro es que, en pleno siglo XXI, del mismo cielo que el de los antiguos experimentaremos ese mismo asombro. Esto nos recordará que seguimos siendo igual de humanos que ellos.
- •¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.
- •Jordi Bermejo Gregorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Imagine que es mediodía y el día empieza a apagarse: el aire se enfría, los pájaros callan, las estrellas asoman donde no deberían. Hoy sabemos que es la Luna cruzándose ante el Sol. Pero durante casi toda la historia ese instante fue una grieta en el orden del mundo, y los escritores llevan casi tres mil años intentando ponerle palabras.
Lo fascinante es que cada época ha visto en el mismo fenómeno una cosa distinta. Seguir ese rastro literario, del terror antiguo a la maravilla moderna, es una forma de asomarse a cómo en Occidente hemos ido cambiando de mirada.
De presagio a milagro
El punto de partida es Homero. En el canto XX de la Odisea, el adivino Teoclímeno anuncia la matanza de los pretendientes con unos versos escalofriantes:
“el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas
que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo
se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo”.
¿Describía Homero un eclipse real? Ya lo creyeron Plutarco y otros antiguos, y el debate sigue vivo: en 2008 se propuso datarlo el 16 de abril de 1178 a. e. c., aunque algunos filólogos lo dudan. Dejando a un lado la discusión, para el mundo antiguo el Sol que se apagaba era anunciador de muerte. Será esa ecuación la que aparecerá en la literatura durante siglos.
La Edad Media convirtió ese miedo en teología. El eclipse más comentado en el Medievo no procede de un poema, sino de los Evangelios. Se trata de la oscuridad que, según san Lucas, cubrió la tierra al morir Cristo.
A inicios del siglo XIV, Dante lo abordó de forma sorprendente en el Paraíso (XXIX) de la Divina comedia: en vez de describirlo, hace que el personaje de Beatriz –símbolo de la salvación– se burle de los predicadores que fabulan sobre él, y zanja que la luz “por sí misma se ocultó”.
Además de utilizar el eclipse como cambio asombroso y divino en Beatriz, el florentino sabía que un eclipse solar es imposible en luna llena –cuando cae la Pascua–, así que hizo del prodigio una lección sobre la verdad. En Dante, leer el cielo es siempre un ejercicio moral. Con él, el eclipse ya no solo asustaba, sino que también obligaba a pensar.
El desorden del mundo sobre las tablas y la herida íntima
Durante los siglos XVI y XVII, el presagio saltó al escenario, y nadie lo usó con más malicia que Shakespeare.
En El rey Lear (1608), el viejo Gloucester se lamenta de que “Estos recientes eclipses del Sol y Luna no nos presagian nada bueno”. Pero su hijo bastardo, el villano Edmund, sabe muy bien que puede aprovechar esas supersticiones para manipular a todos. A Shakespeare, que pensaba probablemente en el eclipse real de 1605, no le interesaba decir quién acertaba, sino que convirtió ese presagio en espejo de nuestra propia credulidad.
De su mismo siglo rescatamos una voz insólita y largo tiempo silenciada. En el XVII, la poeta inglesa Hester Pulter escribió un poema titulado The Eclipse que permaneció inédito hasta 1996. Como han señalado sus editoras, los versos de Pulter corresponden a un caso rarísimo, ya que describen a la vez un eclipse de Sol y uno de Luna con el objetivo de meditar sobre la muerte y la fe. Encerrada por su condición femenina, esta mujer encontró en el Sol eclipsado y en el nuevo conocimiento astronómico de su tiempo un símbolo de su alma buscando la luz divina.
Por otro lado, su contemporáneo John Milton llevó el símbolo del eclipse a dos extremos opuestos. En El paraíso perdido (1667), el fenómeno astronómico se yergue como emblema del poder que caerá. En este poema, un Satanás derrotado aún resplandece como el Sol que, “en un sombrío eclipse, esparce un crepúsculo funesto sobre la mitad de los pueblos y atormenta a los reyes”.
Pero Milton, ya ciego, escribió también el lamento del héroe en Sansón agonista (1671): “¡Oh, oscuridad en pleno resplandor del mediodía, irremediablemente oscura, eclipse total, sin esperanza alguna de día!”. El eclipse ya no procedía del cielo, sino del interior del ser humano.
De la ciencia y el juego literario a la experiencia de mirar
Entrado el siglo XIX, la ciencia expulsó al fantasma. El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), tras ver un eclipse en Italia en 1820, lo escenificó como un duelo entre la Ciencia, que “aguardaba la hora”, y la Superstición, que lo combatía “con ritos impuros”.
Ya sin miedo, el eclipse se volvió juego en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889). Mark Twain hizo que su protagonista, condenado a la hoguera, amenace con apagar el sol cuando sabe que llega un eclipse, y la corte aterrada lo libera.
Setenta años después, el guatemalteco Augusto Monterroso invirtió esa escena en El eclipse: fray Bartolomé intenta el truco con los mayas, pero estos recitan “las infinitas fechas en que se producirían eclipses… sin la valiosa ayuda de Aristóteles” y lo sacrifican igual. El engaño del conquistador fracasa ante el saber del conquistado: pocas veces el eclipse ha servido para una ironía tan afilada.
Y es que la llegada del siglo XX había traído algo nuevo: se dejó de interpretar el eclipse para sentirlo. Virginia Woolf viajó de noche para verlo en 1927 y escribió: “Esta era la derrota del sol. El asombro destroza el sentido”. Su ensayo El sol y el pez (1928) lo transformó en una experiencia casi cinematográfica y colectiva.
Volverá sobre ello la estadounidense Annie Dillard, quien en 1982 firmó lo que muchos consideran una de las mejores páginas escritas sobre el tema: “Lo que ves en un eclipse total es completamente diferente de lo que sabes”.
Coda: agosto de 2026
A lo largo de los siglos, el eclipse ha sido una pantalla donde cada época ha proyectado sus miedos y su sabiduría. Todo este recorrido, por cierto, tiene hoy un marco académico de primer nivel en Eclipse and Revelation, un volumen que reúne a especialistas para leer el eclipse desde la ciencia, la historia y la literatura.
Este verano será un buen momento para consultarlo, porque el 12 de agosto de 2026 la sombra de la Luna cruzará el cielo de España por primera vez en más de un siglo. No veremos solo un espectáculo astronómico, veremos el mismo prodigio que hizo temblar a Teoclímeno, pensar a Dante y enmudecer a Woolf. Quizá comprendamos, como Dillard, que lo que estamos a punto de ver no se parece en nada a lo que ya creíamos saber.
Lo seguro es que, en pleno siglo XXI, del mismo cielo que el de los antiguos experimentaremos ese mismo asombro. Esto nos recordará que seguimos siendo igual de humanos que ellos.
¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.
Jordi Bermejo Gregorio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Jordi Bermejo Gregorio, Profesor de literatura y teatro, Universitat Internacional de Catalunya. Puedes consultar la publicación original aquí.
