‘Sobremesa’, ‘flâner’ o ‘saudade’: la traducción no intercambia palabras sino que explica culturas
- •La traducción suele entenderse como un simple cambio de palabras entre lenguas. No obstante, los principales desafíos surgen cuando una lengua expresa conceptos o realidades culturales sin equivalente directo en otra. ¿Cómo traducir la diferencia ent...
La traducción suele entenderse como un simple cambio de palabras entre lenguas. No obstante, los principales desafíos surgen cuando una lengua expresa conceptos o realidades culturales sin equivalente directo en otra. ¿Cómo traducir la diferencia entre te quiero y te amo? ¿Qué ocurre con palabras como sobremesa, agobio o botellón?
Las lenguas no son sólo comunicación, sino también cultura, y la traducción humana sigue siendo esencial para su comprensión.
No es un simple intercambio de palabras
“Tú, que sabes inglés, tradúceme esta frase” o “¿cómo se dice mariscar en alemán?”. ¿Cuántas veces hemos escuchado preguntas como estas? Todas ellas surgen porque la traducción suele concebirse como algo automático, un simple intercambio entre dos códigos.
Sin embargo, esta va mucho más allá de sustituir unas palabras por otras. Su objetivo es transmitir el significado, la intención comunicativa y el contexto cultural, procurando que el resultado suene natural para quienes lo leen o escuchan. Precisamente por eso, cuando disfrutamos de una novela traducida o vemos una película doblada, rara vez pensamos en el trabajo que hay detrás. Si la traducción funciona, suele pasar desapercibida.
Traducir conlleva interpretar, conocer bien las lenguas y las culturas implicadas y, muy a menudo, saber leer entre líneas. Es una operación lingüística, pero también un acto de comunicación y una forma de mediación entre mundos diferentes.
Las lenguas: una visión del mundo
En español se dice nieve, pero en maorí hablan de huka-rere, “uno de los hijos de la lluvia y el viento”. Cada pueblo y su forma de ver el mundo son únicos, y estas particularidades encuentran un reflejo en las lenguas que hablan.
La relación entre lengua, cultura y pensamiento ha sido ampliamente estudiada desde disciplinas como la lingüística cognitiva o la antropología lingüística. Aunque existe debate sobre hasta qué punto el lenguaje condiciona nuestra forma de pensar, sí hay un amplio consenso en que las lenguas reflejan la experiencia y el contexto cultural de sus hablantes. Esta influencia no solo se aprecia al comparar idiomas diferentes, sino también dentro de una misma lengua.
Un ejemplo muy ilustrativo se encuentra en estos versos de Federico García Lorca:
En la mitad del camino cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro.
Para un lector español, la imagen resulta natural. Sin embargo, para lectores de otros países de habla hispana, la escena puede resultar confusa. Mientras en España los limones suelen asociarse al color amarillo, en gran parte de América Latina son verdes. El propio Gabriel García Márquez recordó esta diferencia al descubrir, durante un viaje a Europa, que “el diccionario tenía razón” y que allí esa fruta tenía, efectivamente, ese color.
Si una misma palabra puede evocar imágenes distintas dentro de una misma lengua, las diferencias son aún más evidentes cuando intervienen lenguas y culturas distintas. Es precisamente ahí donde el traductor debe demostrar su competencia y tomar decisiones.
Si no existe la palabra: los vacíos léxicos
Uno de los principales desafíos de la traducción son los vacíos léxicos, es decir, cuando una lengua dispone de un término concreto para expresar una idea, mientras que otra necesita recurrir a varias palabras para transmitir el mismo significado.
Es el caso de los verbos madrugar y trasnochar. En muchas lenguas no existe un equivalente directo, por lo que es necesario traducirlos mediante expresiones como “levantarse temprano” o “acostarse tarde” (o “estar despierto hasta muy tarde”, según el contexto).
Algo parecido ocurre con sobremesa. En español basta una sola palabra para referirse al tiempo de conversación que sigue a una comida, mientras que en otras lenguas es necesario describir la situación.
Sin embargo, la ausencia de un equivalente léxico no significa que esas realidades no existan. En muchos idiomas no hay un término exacto equivalente a veranear, estrenar o puente, aunque sus hablantes también tengan vacaciones de verano, vistan una camiseta por primera vez o disfruten de un fin de semana largo gracias a un día festivo.
Este fenómeno no es exclusivo del español. Todas las lenguas poseen palabras que condensan significados difíciles de expresar de forma tan concisa en otros idiomas. Es el caso de flâner, en francés, que alude al paseo sin rumbo y contemplativo asociado tradicionalmente a la vida urbana parisina, o de saudade, en portugués, utilizada para expresar una mezcla de nostalgia, añoranza y afecto por algo o alguien ausente.
Ante estos vacíos léxicos, el traductor debe recurrir a distintas estrategias: explicar el concepto mediante una perífrasis, encontrar un equivalente aproximado o adaptar la expresión al contexto para transmitir el mismo significado. El objetivo no es traducir cada palabra de forma aislada, sino conseguir que el receptor de la traducción comprenda la misma idea que el receptor del texto original.
Los ‘realia’: cuando el problema es cultural
Si los vacíos léxicos plantean un desafío lingüístico, los realia suponen un reto cultural. Se trata de palabras que designan objetos, instituciones, costumbres o fenómenos propios de una comunidad y que no tienen un equivalente directo porque la realidad a la que hacen referencia no existe en otras culturas (o no existe de la misma manera).
Uno de los ejemplos más conocidos es siesta, una palabra que ha acabado incorporándose a muchas lenguas como préstamo, conservando prácticamente su forma original. Algo parecido ocurre con botellón, que no solo denomina una reunión para beber alcohol al aire libre, sino un fenómeno social muy característico. Traducir esta palabra exige algo más que encontrar un equivalnte: requiere explicar el contexto cultural que la hace comprensible.
La lista de realia es muy amplia: palabras como tapas, flamenco, patio, oposiciones o jerez remiten a realidades profundamente vinculadas a la cultura hispánica. En estos casos, los traductores suelen optar por mantener el término original (es decir, utilizar un préstamo) y acompañarlo de una explicación que permita al lector comprender su significado.
Los realia ponen de manifiesto que traducir no consiste únicamente en trasladar palabras de una lengua a otra. En muchas ocasiones, el verdadero reto es hacer comprensible una realidad cultural para quienes nunca han formado parte de ella.
Por todas estas razones, la intervención humana sigue siendo fundamental, incluso en una época en la que los traductores automáticos han alcanzado un notable nivel de precisión. El sentido del texto depende a menudo del contexto, de las intenciones del autor, de los conocimientos compartidos con el destinatario o de referencias culturales implícitas que una traducción literal difícilmente puede captar. El humano es capaz de interpretar todos estos elementos y tomar decisiones para que el texto no solo sea correcto desde el punto de vista lingüístico, sino también adecuado desde el punto de vista cultural.
En definitiva, traducir consiste en hacer posible la comprensión entre distintas maneras de ver el mundo.
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Olga Popova es investigadora predoctoral FPU21/04296, afiliada al Área de Lingüística General (Departamento de Filología) de la Universidad de Cádiz. Asismismo, forma parte del Instituto Universitario de Investigación en Lingüística Aplicada (ILA) y del grupo de investigación Semaínein (HUM 147). Participa en el proyecto de I+D+i PID2022-139201OB-I00, financiado por MCIN / AEI /10.13039/501100011033/ y "FEDER Una manera de hacer Europa"; y, en el proyecto ANR-19-GURE-0001, financiado por Agencia Nacional de Investigación en el marco del programa “Francia 2030". Además, es presidenta de la Asociación de Jóvenes Lingüistas (AJL) y directora de la revista Estudios Interlingüísticos.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Olga Popova, Investigadora predoctoral, Universidad de Cádiz. Puedes consultar la publicación original aquí.
